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Archive for 19 de mayo de 2012

Archivos desclasificados, verdades ocultadas por los medios, las agresiones terroristas 

Niño cubano acusado de terrorista en Palestina

 
Kais Omran Portocarrero
Para Niurka Portocarrero, una madre cubana que vive en los territorios palestinos, este Día de las Madres no podía ser más sombrío.
 
Su hijo Kais, un joven músico de 17 años, fue arrestado hace casi un mes por soldados israelíes, acusado de delitos contra la seguridad de Israel que tanto el joven como la familia niegan enérgicamente.
«Sólo lo he podido ver tres veces de lejos desde que lo detuvieron, en la madrugada del 18 de abril. Figúrese, este no es un día para celebrar, no tengo ni ganas de llamar a mi familia en Cuba», dijo Portocarrero a CaféFuerte.
 
Kais fue detenido a las 2:30 de la madrugada del 18 de abril durante una redada israelí. El joven dormía en una casa vecina donde reside un tío de su edad, con quien suele estudiar.
 
«El capitán nos dijo que la detención iba a ser breve, se lo llevaron esposado de brazos, y no nos supo decir por qué», rememoró la mujer, quien es pariente del famoso pintor cubano René Portocarrero (1912-1985).
El joven fue conducido a la prisión militar de Meggido, y pocos días después la familia supo que se le acusa de tirar piedras contra vehículos israelíes y de pertenecer al Frente Popular, una organización cuyo brazo armado ha organizado ataques terroristas contra Israel.
 
Pero tanto Kais como su madre rechazan esas acusaciones.
 
«Un vecino, que también es menor de edad, lo señaló entre un grupo de niños que tiraban piedras. No entiendo cómo pueden tenerlo detenido tanto tiempo sólo por lo que otra persona ha dicho contra él», comentó la madre, de 35 años.
 
La familia ha ido a tres vistas judiciales, durante las cuales no puede acercarse a Kais, quien comparece esposado de pies y manos.
 
«Es muy doloroso, tenerlo cerca y no poderlo abrazar ni besar», confesó. «En la casa todos estamos destruidos, a veces creo que no tengo fuerzas ni para levantarme, mis hijos andan llorando por los rincones, extrañando al hermano».
 
Durante la última vista judicial, las autoridades israelíes informaron a la familia que la próxima vista judicial será el 20 de mayo.
 
De acuerdo con Portocarrero, en los últimos días las autoridades israelíes informaron al abogado de la familia que eliminaron la acusación de pertenecer al Frente Popular, por lo cual enfrentaría ahora una condena de hasta 18 meses. Pero un portavoz de las Fuerzas de Defensa Israelí (IDF, por sus siglas en inglés) dijo a CaféFuerte que se mantiene la acusación de ser miembro del Frente Popular, lo que conlleva a una condena más severa.
 
Kais Omran Portocarrero nació en El Vedado, La Habana, el 10 de octubre de 1994. Es hijo de Portocarrero y Belal Mohamad Omran, un palestino que se graduó de Medicina en Cuba. En la isla nació también Nazmieh, de 15 años, la segunda hija del matrimonio.
 
En 1997 la familia se mudó a Burin, un poblado palestino en Cisjordania, donde nació el tercer hijo, Mohamad. Los tres menores tienen ciudadanía cubana.
 
Burin es un pueblo palestino con una población de cerca de tres mil habitantes. Está rodeado por cinco asentamientos judíos, y han sido frecuentes los enfrentamientos entre los residentes del área -e incluso entre los colonos y los soldados israelíes- aunque en los últimos tiempos ha habido cierta estabilidad.
 
«Nunca hemos tenido problemas con los israelíes, ni nos metemos en política ni tenemos nada contra ellos», aseguró Portocarrero. «No puedo creer que nos esté pasando esto, estamos destrozados. Mis hijos han sido criados a la usanza cubana, y de la casa para adentro. Kais sólo se dedica a la música y a estudiar, no pertenece a ninguna organización porque los menores no son admitidos como miembros de organizaciones políticas aquí».
 
Al ser arrestado, Kais estaba cursando el último año de bachillerato. Amante de la música, en su tiempo libre tocaba en fiestas en el pueblo con un piano que le compró su padre. Ahora Portocarrero teme que el joven pierda el año escolar y una beca que le ha concedido el gobierno cubano para estudiar Medicina en la isla, siguiendo los pasos de su padre, quien es médico con grados de coronel en el gobierno autónomo palestino.
 
«El duodécimo grado aquí no es como en otros países, mi niño estaba estudiando más de 10 horas diarias, levantándose de madrugada para poderlo sacar, y ahora es muy posible que pierda el año. Es como perder todo el esfuerzo que hizo para llegar hasta aquí», consideró.
 
Aunque Kais es ciudadano cubano, su condición nacional no le ha servido de gran ayuda en este caso debido a la falta de relaciones diplomáticas entre la isla e Israel. Portocarrero informó de la situación al ministerio de Relaciones Exteriores cubano a través de la sede diplomática de La Habana en Egipto.
 
«Ellos han estado apoyándonos todo el tiempo por vía telefónica, por eso estoy muy agradecida. Yo apelo al presidente Raúl Castro a que interceda por mi hijo, como ciudadano cubano que es», dijo Portocarrero.
 
Controversial proceso
 
Kais se encuentra en medio de un controversial proceso judicial en Israel, el cual se denomina «detención administrativa». Bajo esta categorización, los detenidos son encarcelados por períodos de hasta seis meses, los que pueden ser renovados indefinidamente y se basan en información secreta de inteligencia que sólo se le muestra a un juez militar.
 
De acuerdo con un reporte de la agencia DPA en abril, en Israel hay actualmente más de 4 mil palestinos encarcelados por delitos relacionados con la seguridad, de ellos 203 menores y 322 en detención administrativa. La última cifra incluye menores de edad, entre quienes se encuentra Kais.
 
A menudo, como en el caso del joven cubano-palestino, los menores son arrestados en redadas de madrugada e interrogados sin estar los padres presentes, y pueden ser detenidos durante varios meses por delitos como lanzar piedras contra los israelíes.
 
La ley internacional contempla las detenciones administrativas de manera restringida, pero grupos de derechos humanos acusan a Israel de usar esa figura legal indiscriminadamente.
 
Contactado por CaféFuerte, un portavoz del Ejército Israelí  comentó que Kais «será juzgado en una corte con un solo juez, y en esos casos enfrenta una condena de hasta 10 años de cárcel».
 
Durante el juicio, las evidencias de los israelíes contra Kais pueden permanecer selladas y confidenciales a criterio del juez, de acuerdo con la ley militar israelí en Cisjordania.
 
Portocarrero, una ama de casa que ha vivido alejada de la vida pública, dice que ante las pocas avenidas legales ha decidido salir a las calles en manifestaciones por la libertad de Kais y hablar con la prensa para dar a conocer lo que considera una injusticia contra su hijo.
 
«Es muy, muy injusto lo que está sucediendo. No tenemos muchas opciones», expresó conmovida.
 
 Por Ivette Leyva Martínez (Aparecido en CaféFuerte)

Nota del Administrador: El caso de Kais no es una excepción. Cientos de niños palestinos han sido brutalmente asesinados, detenidos y torturados en las prisiones israelíes.

Israel carga enteramente con la responsabilidad de juzgar a un ciudadano cubano, menor de edad y mantenerlo en prisión desde hace más de un mes.

Nuestro pueblo, que ha condenado enérgica y sistemáticamente la oleda terrorista y genocida de Israel contra el heroico pueblo palestino, repudia que la misma se cebe en niños, mujeres y ancianos, víctimas colaterales de una criminal actitud hacia este pueblo.

En el caso de Kais, de ser cierta su participación en un acto de repudio contra el invasor sionista, no hace otra cosa que poner de manifiesto el espíritu humanista y revolucionario de los cubanos, quienes llevan la solidaridad de Martí en el corazón y la bravura de Maceo en el alma.

Reclamo de todos la solidaridad activa para procurar la liberación de Kais y para que cese la ocupación sionista en los territorios palestinos.

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Quelle place pour le nationalisme dans un monde partagé ?

1956, la question nationale et la Guerre froide

par Domenico Losurdo

Les nouvelles règles internationales, qui se mettent en place depuis la défaite israélienne de 2006 au Liban et l’échec de l’OTAN en 2012 en Syrie, ressembleront-elles à celles qui prévalaient durant la Guerre froide ? Le monde était alors divisé en zones d’influence. Chaque camp encourageait la révolte chez le voisin, mais interdisait la victoire aux insurgés qu’il soutenait. Les aspirations nationales devaient s’effacer devant la prééminence de l’architecture internationale. Dans un ancien article que nous republions, le philosophe italien Domenico Losurdo décrivait ce fonctionnement historique qui pourrait s’appliquer aujourd’hui aux deux nouveaux blocs : OTAN contre OCS.

Réseau Voltaire | Urbin (Italie) | 18 mai 2012

 

1. Une, deux, trois doctrines Monroe

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Lors de son message annuel au Congrès de 1923, James Monroe (1758-1831), cinquième président US, énonce la doctrine qui portera son nom et fixera pour un siècle et demi les fondements de la diplomatie états-unienne.

Pendant que l’Armée Rouge repoussait l’armée hitlérienne d’invasion qui avançait en Europe orientale, Staline observait le fait suivant :

« Cette guerre est différente de toutes celles du passé ; celui qui occupe un territoire lui impose aussi son système social. Chacun impose son système social, jusque là où son armée réussit à arriver : il ne pourrait en être autrement ». [1]

En 1946, quelques mois seulement après la conclusion du gigantesque conflit, Ernest Bevin, personnalité de premier plan du parti travailliste et ministre anglais des Affaires étrangères, voit le monde tendant à se diviser « en 3 sphères d’influence qui peuvent être définies comme les trois grandes doctrines Monroe », revendiquées et assumées, de quelque manière que ce soit, par respectivement les USA, l’URSS et la Grande-Bretagne [2]. En 1961, au cours d’un entretien qui s’est déroulé à Vienne, Kennedy, après la peu glorieuse aventure de la Baie des Cochons, proteste auprès de Khrouchtchev à propos des résultats et du dynamisme de la révolution cubaine : les USA ne peuvent pas tolérer un régime qui prétende entamer leur hégémonie dans l’ « hémisphère occidental », dans une « aire d’intérêt vital » pour eux, tout comme l’URSS ne tolèrerait pas « un gouvernement pro-américain à Varsovie » ; si l’on veut éviter l’holocauste nucléaire, plus encore qu’à la volonté des peuples il faut prêter attention au maintien de l’ « équilibre des pouvoirs existant » ; ne peuvent être tolérés que des changements qui n’« altèrent pas l’équilibre du pouvoir mondial » [3].

Il ne semble pas y avoir de différences notables dans la vision des rapports internationaux exprimée par les trois États, et il ne fait aucun doute que dans la « Monroe » soviétique entre à plein titre la Hongrie, qui avec Horty [4] a participé à l’agression hitlérienne et qui a été libérée puis occupée par l’Armée Rouge. Au moment où parle le président étasunien, il est en tous cas devenu clair pour tout le monde, même pour les dirigeants britanniques, que les sphères d’influence sont en réalité, désormais, réduites à deux.

À l’intérieur de chacune de ces deux Monroe, c’est le pays leader qui décide du système politico-social. La vieille règle de l’époque des guerres de religion (cuius regio eius religio, littéralement « tel prince, telle religion ») semble à présent revivre à peine transformée : cuius regio eius oeconomia [5]. Entre les deux sphères d’influence le rapport est tout sauf pacifique. En 1953, à l’occasion de son discours d’investiture présidentielle, Eisenhower décrit de la façon suivante la situation internationale :

« La liberté est en lutte contre l’esclavage ; la lumière contre les ténèbres […] Cela confère une dignité commune au soldat français qui meurt en Indochine, au soldat britannique tué en Malaisie, à la vie américaine donnée en Corée » (in Lott, 1994, p. 304).

Il n’y a pas de place ici pour le développement autonome de luttes pour l’indépendance et la libération nationale. En renversant, évidemment, ce jugement de valeur, les dirigeants soviétiques partagent cette même lecture dualiste et manichéenne du monde. Tout tourne autour de deux camps internationaux opposés, lesquels sont ou voudraient être fermement centralisés. Chacun des deux grands antagonistes revendique la direction de son propre camp en essayant de la présenter sous la lumière la plus favorable possible : «  Nous Américains » -déclare Eisenhower- « connaissons et respectons la différence entre leadership mondial et impérialisme » [6]. Staline se veut plus rassurant encore qui, un an auparavant, réclame certes l’attention sur le « devoir d’avant-garde » et de « «division d’assaut» du mouvement communiste international » de son parti et de son pays, mais c’est pour préciser qu’après la victoire de la révolution en Europe et en Asie, le PCSU et l’URSS peuvent enfin jouer ce rôle de direction de conserve avec d’autres partis et États communistes [7]. Par une ironie de l’histoire, parmi les pays faisant désormais partie de l’avant-garde révolutionnaire internationale, Staline compte aussi la Hongrie et la Tchécoslovaquie, que le Grand Frère va plus tard rappeler brutalement à l’ordre.

Les dirigeants étasuniens et soviétiques ont bien sûr conscience de la persistance de contradictions nationales à l’intérieur des deux camps. Au début des années 50, alors que le secrétaire d’État étasunien Forster Dulles exprime sa solidarité aux « nations prisonnières » de l’Europe orientale, Staline essaie d’exploiter dans un sens anti-étasunien la question nationale non seulement des pays coloniaux ou ex-coloniaux mais aussi à l’intérieur même de l’Europe occidentale, en appelant les partis communistes à « rehausser » le « drapeau de l’indépendance nationale et de la souveraineté nationale […] jeté à la mer » par les gouvernants bourgeois [8]. D’un côté comme de l’autre la question nationale n’est perçue et brandie que comme un instrument pour gêner le camp adverse. Ceux par contre qui la font valoir à l’intérieur de leur propre camp se voient considérés comme affectés d’une vision provinciale et étroitement nationaliste qui, de façon indirecte ou bien directe et consciente, fait le jeu de l’ennemi. Si l’URSS appelle à la vigilance et à la lutte contre les titistes, les USA s’emploient, quelques années plus tard, à isoler les gaullistes.

Les deux camps sont engagés dans une confrontation où tous les coups sont permis. Eisenhower partage la conclusion à laquelle est arrivé le général James Doolittle :

« Il est maintenant clair que nous sommes face à un ennemi dont l’objectif déclaré est la domination mondiale… Il n’y a pas de règles dans un tel jeu. Les normes de comportement humain jusqu’ici acceptables ne sont plus valides… Nous devons… apprendre à subvertir, saboter et détruire nos ennemis avec des méthodes plus intelligentes, plus sophistiquées et plus efficaces que celles qu’ils utilisent contre nous » [9].

Il est inutile d’ajouter que les dirigeants soviétiques aussi arrivent à une conclusion analogue. Une « Guerre froide » a éclaté, qui risque à tout moment de devenir si chaude qu’elle ferait fondre, ou presque, la planète. En janvier 1952, pour débloquer la situation et mettre un terme rapidement à la guerre de Corée qui fait rage, Truman caresse une idée radicale qu’il transcrit même dans une note de son journal de bord : on pourrait lancer un ultimatum à l’URSS et à la Chine Populaire, avec un préalable clair selon lequel le refus d’obtempérer « signifie que Moscou, Saint Petersbourg, Mukden, Vladivostok, Pékin, Shanghai, Port Arthur, Dairen, Odessa, Stalingrad et tout site industriel en Chine et en Union Soviétique seraient éliminés » [10]. Il ne s’agit pas d’une simple réflexion personnelle : en pleine guerre de Corée, l’arme atomique est brandie à plusieurs reprises contre la République Populaire de Chine ; et la menace s’avère très crédible en raison du souvenir d’Hiroshima et Nagasaki, ces deux bombardements atomiques décidés à la veille de la reddition du Japon et qui, selon de nombreux historiens, constituent en réalité le véritable commencement de la « Guerre froide ».

2. Révolution nationale, titisme et logique de la Guerre froide

L’année précédant l’éclatement de la révolution hongroise, au moment où il s’engage dans un grand programme de construction de nouvelles autoroutes, Eisenhower voit aussi à travers celles-ci un moyen d’évacuer rapidement les villes en cas de conflit nucléaire : le système actuel —met en garde le président étasunien— « ne serait que la source d’une congestion mortelle  » [11]. Les USA ont perdu le monopole atomique mais l’initiative stratégique continue à être fermement entre leurs mains. Faisant référence à l’Europe orientale, au cours de la campagne électorale de 1952, Dulles critique durement la « politique négative du «containment» et du «point mort»  » qui risque de réduire au désespoir les « nations prisonnières ». Les États-Unis doivent au contraire faire « savoir publiquement qu’ils désirent et s’attendent à l’avènement de la libération ». « Une politique d’audace » est donc nécessaire : « A Policy of Boldness » claironne le titre de l’article publié dans Life [12]. Peu de temps après, prenant la parole au Sénat en qualité de Secrétaire d’État désigné, Dulles précise sa pensée : il s’agit de « profiter de toute occasion qui se présente » en faisant avancer la cause de la « libération » au moyen de comportements et « processus à la limite de la guerre » [13]. Probablement pensait-il aussi à l’intensification d’opérations, en cours depuis plusieurs années déjà, de recrutement de « bataillons d’émigrés » à infiltrer en Europe orientale pour accomplir des actions de sabotage et intensifier ou appuyer des révoltes armées. Des tentatives de ce genre avaient déjà été effectuées, d’ailleurs sans succès, en direction de l’Albanie. Mais, « à la fin de 1952, les messages radio secrets en provenance de l’Albanie semblaient prometteurs : les agents évoquaient des progrès dans l’organisation d’un mouvement de résistance et demandaient une aide plus importante », qui leur fut promptement accordée, sans que cela évitât la faillite totale de l’opération [14].

C’est le Vatican, semble-t-il, qui va consacrer cette offensive politico-militaire sur le plan idéologique. « Croisade des Nations Unies » avait dit Churchill dans une lettre à Eisenhower le 19 mars 1953 [15]. Mais ce thème semble à présent prendre une connotation explicitement théologique. En octobre 1956, à la veille immédiate donc de l’insurrection hongroise, Pie XII béatifie Innocent XI qui, à la fin du 17ème siècle, avait ravivé la tradition des Croisades, en appelant les puissances européennes et chrétiennes (y compris l’Angleterre protestante de Guillaume III d’Orange) à affronter unies l’Empire ottoman. L’actualité de son magistère est explicitement soulignée par le pape Pacelli : la victoire de l’Europe réunie sous le « blason chrétien » libéra Vienne et posa les prémisses de la libération successive de Budapest [16]. Louis XI, qui avec sa Realpolitik préjudiciable, avait à cette occasion lézardé la compacité de la Croisade, semble maintenant se réincarner dans les politiciens occidentaux disposés au compromis à l’égard de l’URSS c’est-à-dire hésitants à adopter la politique de la « libération ».

La comparaison entre communisme et Islam devient explicite. À la fin de 1956, le cardinal Tisserant, Doyen du Sacré Collège, proclame, toujours en pensant à Innocent XI :

« La Chrétienté n’est pas menacée moins gravement aujourd’hui qu’aux jours du siège de Vienne, quand Buda servait de base militaire à une puissance animée elle aussi d’une idéologie de conquête, visant à porter le dernier coup à un Empire qui n’était pas seulement germanique, mais aussi Saint et Romain » [17].

Se confiant peu de temps après à l’ambassadeur belge auprès du Saint Siège, le cardinal Tisserant souligne que « la doctrine de Mahomet a […] de profondes affinités avec celle des Soviets » [18].

La « politique d’audace » théorisée par Dulles investit aussi le pays leader du camp socialiste. Le 4 juillet 1956, Eisenhower donne le feu vert aux vols de reconnaissance sur l’URSS qui à ce moment-là (et jusqu’en 1960) n’est pas en mesure d’abattre les U-2. Les protestations récurrentes sur la violation de l’espace aérien et de la souveraineté territoriale sont sans effet, et augmentent même le sentiment de frustration et d’humiliation ainsi que le sentiment d’insécurité, d’autant plus que ces vols produisent, pour le dire avec un historien étasunien de la CIA, «  une riche moisson d’informations non seulement sur les progrès soviétiques en armes stratégiques, mais aussi sur les bases navales, complexes industriels, lignes ferroviaires et détails géographiques nécessaires à la production de cartes détaillées à l’usage de l’aviation étasunienne » [19].

C’est dans ce contexte qu’il faut placer les événements de Hongrie. Leur issue catastrophique était-elle inévitable ? La question est licite et peut-être juste : celui qui la suggère est un historien qu’on peut considérer comme exceptionnel du fait qu’il a aussi été un homme d’État de premier plan. Reconstruisons de façon synthétique les événements en compagnie de Henry Kissinger. Avant d’exploser en Hongrie, la révolution nationale fait un essai d’abord en Pologne. Mais là, avec la formation du gouvernement Gromulka, on arrive à un compromis qui élimine les aspects les plus humiliants et odieux du contrôle par le Grand Frère.

Pendant quelques temps, un compromis analogue et peut-être même plus avancé semble se dessiner à Budapest, d’autant plus que l’URSS, à ce moment-là, a entamé une approche à l’égard de la Yougoslavie de Tito ; une tendance semble ainsi se dessiner dans le camp socialiste, plus respectueuse de l’autonomie nationale de chaque pays. Le 28 octobre les chars du Grand Frère commencent à se retirer : le leader soviétique semble résigné à la naissance d’une « Hongrie titiste » [20]. Des documents et informations provenant de Russie confirment les doutes et les incertitudes qui ont précédé l’utilisation de la force. La transcription que nous a laissée V. N. Malin (chef du département général du Comité Central du PCUS) du débat qui a eu lieu aux sommets du pouvoir soviétique et au cours des consultations avec les dirigeants des partis « frères » nous révèle un Khrouchtchev conscient de l’appui fourni par les « ouvriers » à la révolte, préoccupé de ne pas être placé sur le même plan que les Français et les Anglais (qui à ce moment-là se déchaînent en Égypte) et qui, le 30 octobre encore, prend en considération la « voie pacifique  » du « retrait des troupes » et des « négociations » [21]. Pourquoi, alors, l’intervention militaire a-t-elle lieu le 4 novembre ? Il est peu probable qu’elle n’ait été déterminée que par les discussions à l’intérieur du PCUS et du mouvement communiste international. Les événements au Moyen-Orient ont dû aussi contribuer à l’encourager. Ces événements distrayaient l’attention de l’opinion publique internationale loin de l’Europe orientale. En outre : pourquoi donc l’URSS aurait-elle dû faire preuve de modération, quand la Grande-Bretagne et la France, ayant bloqué par leur veto les résolutions de l’ONU, continuaient, de conserve avec Israël, leur attaque contre l’Égypte ?

Mais pour comprendre les raisons de l’intervention soviétique, il est important surtout d’analyser le développement des événements en Hongrie. Malgré le compromis de type « titiste », qui semble se dessiner pendant quelques temps, la révolte continue. Elle est alimentée aussi par les transmissions radio provenant de l’Occident. Elles sont un aspect essentiel de la Guerre froide. Bien plus que de simples moyens de propagande, elles constituent une arme pour les deux parties engagées dans le conflit : la construction d’un « Atelier de Guerre Psychologique » (Psychological Warfare Workshop) est une des premières tâches que s’assigne la CIA [22]. Dès novembre 1945, l’ambassadeur étasunien à Moscou, Harriman, avait invoqué l’installation de puissantes stations radio capables de transmettre dans toutes les différentes langues de l’Union Soviétique [23]. Au moment de la révolte hongroise, le ton de Radio Free Europe se fait incendiaire, avec un sus de sa puissante station centrale de Munich, une douzaine de petites stations radio installées clandestinement en Hongrie [24]. Le 29 octobre voici comment est commentée quelques jours plus tôt l’ascension de Imre Nagy à la charge de Premier ministre :

« Imre Nagy et ses disciples désirent reprendre et réactualiser l’épisode du Cheval de Troie. Ils ont besoin d’un cessez-le-feu afin que l’actuel gouvernement au pouvoir à Budapest puisse conserver sa position le plus longtemps possible. Ceux qui sont en train de lutter pour la liberté ne doivent pas un seul instant perdre de vue les plans mis en acte par le gouvernement pour les combattre ».

Le jour suivant, le 30 octobre, Imre Nagy met fin au monopole politique communiste et au régime du parti unique, en formant une coalition de gouvernement dans laquelle sont présents tous les partis qui ont participé aux élections de 1946, élections qui ont précédé l’avènement du régime communiste. La révolution nationale semble avoir atteint ses objectifs essentiels, mais Radio Free Europe continue à être implacable :

« Le ministère de la Défense et le ministère de l’Intérieur sont encore dans des mains communistes. Combattants de la Liberté, ne tolérez pas que perdure cet état de choses. Ne déposez pas les armes  » [25].

Plus tard, Nagy sera « exécuté » par les soviétiques, mais pour le moment ce sont les transmissions radio de la CIA qui déclenchent une campagne forcenée de haine contre lui. Aucun crédit, aucune trêve même ne peut être concédée à un homme politique qui a « du sang sur les mains ». Ainsi : « Où sont les traîtres […] Qui sont les assassins ? Ce sont Imre Nagy et son gouvernement (…) Seul le cardinal Mindszenty a parlé en intrépide […] Imre Nagy est un moscovite jusqu’au fond de lui » [26].

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En 1956, les « combattants de la liberté » hongrois seront désignés « homme de l’année » par le magazine {Time}. En 2011, le magazine états-unien reproduira cette campagne de promotion, en faveur cette fois des manifestants du « Printemps arabe.

Dans un trait d’humour involontaire, l’actuelle présidente (en 1996, ndt) de Radio Free Europe/ Radio Liberty regrette d’avoir été « froide », il y a quarante ans, « à l’égard du gouvernement Nagy » ! [27]. Mais revenons au développement des événements de 1956. L’URSS intervient quand elle en arrive à la conclusion que Nagy n’est qu’une figure de transition, derrière laquelle des milieux et des personnages bien plus inquiétants s’agitent et sont en train de prendre le dessus. Les incitations incessantes à la violence de Radio Free Europe semblent jouir d’une autorité particulière, du fait qu’aucun appel à la modération et au réalisme politique et géopolitique ne provient de Washington. Kissinger observe : « Les États-Unis n’expliquent jamais les limites de l’appui américain au gouvernement hongrois nouveau-né et inexpert. Et ils ne se servent pas des multiples canaux dont ils disposent pour donner des conseils aux Hongrois sur comment consolider leurs succès avant d’entreprendre des pas ultérieurs et irrévocables » [28].

Tout ceci s’avère d’autant plus étrange et surprenant que les dirigeants étasuniens semblent ne faire aucun effort pour décourager l’intervention soviétique qui pourtant, face au collapsus évident du régime communiste et à la grave crise de l’ordonnancement scellé à Yalta, se profile de plus en plus nettement à l’horizon : « Aucun avertissement ne fut lancé à Moscou pour dire que l’usage de la force allait mettre en danger ses relations avec Washington […] En tout cas, l’administration Eisenhower ne fit aucun effort pour dissuader l’intervention soviétique […] Le Kremlin ne paya quasiment aucun prix pour ses actes, pas même sur le plan économique » [29].

Dans son intervention au Sénat, Dulles avait affirmé que la politique étasunienne de « libération » devait être continuée avec détermination en évitant cependant de provoquer « une guerre générale » ou bien « une insurrection qui serait réprimée avec une violence sanglante » [30]. Et, au contraire, pendant les jours de la révolte, non seulement les appels à la violence de Radio Free Europe s’avèrent incessants, mais les signes mêmes de possibles aides qui viendraient de l’Occident ne font pas défaut. On comprend alors pourquoi, à l’occasion d’un récent colloque à Budapest sur les événements survenus il y a quarante ans, un vieux combattant de 1956 ait considérés les transmissions radio de la CIA étaient responsables de la « mort de milliers de jeunes hongrois  » [31].

Ressentiment compréhensible et qui met en évidence en tous cas un problème réel : le net contraste entre l’outrance des transmissions radio et l’extrême prudence de l’administration étasunienne doit-il être attribué à la désorganisation, à l’absence de coordination entre leadership politique et direction de Radio Free Europe ? Cette thèse de Kissinger ne paraît pas très convaincante, surtout s’il l’on tient compte du fait que celui qui dirige la CIA à ce moment-là est Allen Dulles, le frère du Secrétaire d’État John Foster Dulles. En tous cas, la présumée « désorganisation » semble révéler une logique, et une logique même assez stricte : bien plus que l’émergence d’une Hongrie titiste, ce qui semble servir la cause de la victoire étasunienne dans la Guerre froide est un affrontement violent et sans perspective, la répression sanglante d’une révolte nationale.

Kissinger observe encore : « Après une période de terreur sanguinaire, Kadar se dirigea peu à peu vers les objectifs tracés par Nagy, fut-ce en s’arrêtant immédiatement en deçà du retrait du Pacte de Varsovie » [32]. Mais dans l’intervalle, l’URSS s’est largement discréditée aux yeux de l’opinion publique internationale, tandis qu’à l’intérieur du « camp socialiste » les contradictions nationales se font de plus en plus aiguës.

3. Mouvement communiste et question nationale

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Les événements historiques de la Hongrie se présentent comme la synthèse et la métaphore de l’histoire du mouvement communiste international dans son ensemble. En mars 1919, Bela Kun arrive au pouvoir porté par un large consensus national, qui embrasse aussi la bourgeoisie et qui voit dans les communistes l’unique force capable de sauver l’intégrité territoriale du pays menacée par les manœuvres de l’Entente : celle-ci s’emploie à créer un cordon sanitaire anti-URSS, en donnant même son feu vert aux visées annexionnistes venant de Tchécoslovaquie et de Roumanie [33] ; à juste titre a-t-on observé que « cette révolution pacifique fut le produit d’un orgueil national blessé » [34]. À la veille de l’arrivée au pouvoir de Bela Kun, Alexander Garbai, un des leaders du parti socialiste déclare :

« À Paris ils s’emploient à une paix impérialiste […] De l’Ouest nous ne pouvons rien attendre d’autre qu’une paix-diktat […] L’Entente nous a obligés à suivre une nouvelle voie qui grâce à l’Est nous assurera ce que l’Ouest nous a refusé ». [35]

Bela Kun lui-même voit une « phase nationale » de la révolution hongroise précéder la « révolution sociale » proprement dite [36]. Quarante ans après environ, les choses semblent se renverser : le 1er novembre 1956, celui qui, à juste titre, parle de « révolution nationale » est Imre Nagy [37] ; et les Hongrois croient pouvoir la réaliser en se tournant cette fois vers l’Ouest. Et de même qu’après la Première Guerre mondiale, les sentiments nationaux de la Hongrie sont humiliés (puis le gouvernement de Bela Kun renversé) au nom du cordon sanitaire anti-soviétique, ainsi ces mêmes sentiments nationaux sont à présent brutalement piétinés au nom du contre-cordon sanitaire dont l’URSS a besoin contre l’Allemagne et l’Otan.

La parabole du communisme hongrois est la parabole du mouvement communiste international en général. Un paradoxe, une contradiction de fond traverse toute son histoire. Sa formation et son développement ne se peuvent comprendre sans la prise de conscience de l’ « énorme importance de la question nationale » [38]. L’expression est de Lénine, lequel, dans une polémique avec Kautsky, souligne que la question nationale peut se manifester non seulement dans les pays coloniaux mais aussi en Europe, et même jusqu’au cœur de l’Europe et de la métropole capitaliste la plus avancée. L’expansion du mouvement communiste coïncide avec sa capacité à prendre la tête des mouvements de libération nationale : la page la plus épique est peut-être la Longue Marche des communistes chinois, qui parcourent des milliers de kilomètres dans des conditions dramatiques pour aller combattre les envahisseurs japonais ; mais que l’on pense aussi à la « Grande guerre patriotique » contre l’armée hitlérienne (engagée à construire à l’Est l’empire colonial du Troisième Reich), qui permet à Staline de ravauder, au moins pendant quelques temps, les déchirures et les lacérations provoquées par la politique de terreur qu’il a développée à l’encontre aussi des minorités nationales. La question nationale fait sentir son poids même dans les pays capitalistes développés. En 1916, quand il réaffirme le caractère impérialiste du premier conflit mondial, Lénine observe toutefois que si celui-ci se concluait « avec des victoires de type napoléonien et avec la soumission de toute une série d’États nationaux capables d’une vie autonome […] alors une grande guerre nationale était possible en Europe » [39]. La situation évoquée ici finit par arriver environ vingt cinq ans après, et le très fort enracinement populaire des communistes dans des pays comme la France et l’Italie ne peut s’expliquer sans considérer leur capacité à interpréter et développer la Résistance partisane aussi comme un mouvement de libération nationale.

Et pourtant la question nationale, qui émerge de façon si dramatique dans la révolte hongroise, joue un rôle décisif dans la dissolution du « camp socialiste » et de l’Union Soviétique même. Penchons-nous sur les moments les plus graves de crise et de discrédit du « socialisme réel » : 1948 (rupture de l’URSS avec la Yougoslavie) ; 1956 (invasion de la Hongrie) ; 1968 (invasion de la Tchécoslovaquie) ; 1981 (loi martiale en Pologne pour prévenir une possible intervention « fraternelle » de l’URSS et mettre un frein au mouvement d’opposition qui a une large audience du fait aussi d’un appel à l’identité nationale foulée au pied par le Grand frère). Ces crises ont en commun la centralité de la question nationale. Ce n’est pas un hasard si la dissolution du camp socialiste a commencé à la périphérie de l’empire, dans les pays tolérant mal depuis longtemps la souveraineté limitée qu’on leur imposait ; à l’intérieur de l’Union soviétique aussi, avant même l’obscur « coup d’État » d’août 1991, la poussée décisive à l’écroulement final est venue de l’agitation des pays baltiques, dans lesquels le socialisme avait été « exporté » en 1939-40 : dans un certain sens, la question nationale, qui a fortement favorisé la victoire de la révolution d’Octobre, a marqué aussi la fin du cycle historique qui s’était ouvert avec elle.

Dans le bilan historique et autocritique qu’il trace, Fidel Castro en est venu à cette conclusion significative : « Nous socialistes, avons commis une erreur en sous-évaluant la force du nationalisme et de la religion » [40] (il ne faut pas oublier que la religion elle-même peut constituer un moment essentiel de la construction de l’identité nationale : qu’on pense à des pays comme la Pologne et l’Irlande ; et aujourd’hui, peut-être peut-on faire un discours analogue en référence aussi au monde islamique) [41].

Mais peut-être convient-il ici de rappeler une page d’extraordinaire lucidité et clairvoyance de Lénine, celle dans laquelle le dirigeant bolchevique souligne la persistance de la question nationale même après le passage d’un ou plusieurs pays au socialisme : il est bien possible que le prolétariat victorieux continue à exprimer des tendances chauvinistes ou hégémoniques, et alors « sont possibles soit des révolutions -contre l’État socialiste- soit des guerres » [42].

Togliatti [43] à son tour ne semble pas se rendre compte de l’« énorme importance de la question nationale », même dans le cadre du camp socialiste, quand il s’associe à la condamnation infamante de Tito en 1948 et de Nagy en 1956. Mais —disons le une fois pour toutes— les opposants à l’intérieur du PCI ne font certes pas preuve d’une plus grande lucidité, voire révèlent un degré d’incompréhension sans aucun doute inférieur. Car même quand il la liquide comme une simple Vendée, le dirigeant communiste a conscience du fait que la révolution nationale hongroise tend, à ce moment-là et dans ce contexte-là, à être dirigée par des forces qui ne se limitent pas à mettre en discussion le « stalinisme ». Cette prise de position de Togliatti est par contre perçue par les « cent-un » intellectuels —qui signent un manifeste de protestation— comme une volonté de « calomnier la classe ouvrière hongroise » [44]. À une analyse historique concrète, fut-elle distordue par la sous-évaluation de la question nationale, était ainsi opposée la vision édifiante d’une classe ouvrière qui, par sa seule présence physique, aurait garanti le caractère progressiste et socialiste du mouvement.

Aujourd’hui les éléments constitutifs de la tragédie de 1956 s’avèrent clairs : d’un côté, les pays de l’Europe orientale menacés depuis toujours dans leur intégrité et jusque dans leur existence par les voisins plus puissants et qui voient piétiné même par l’URSS le principe de l’indépendance nationale et de la souveraineté étatique ; de l’autre côté, justement, cette Union Soviétique qui dans l’ « exportation » du socialisme trouve aussi un instrument pour élargir et consolider le contre-cordon sanitaire dont elle pense avoir désespérément besoin après l’expérience du second conflit mondial et après l’éclatement de la guerre froide.

À la dure réalité de ce conflit, le manifeste des « cent un » substitue l’image auto-consolatoire de tout un peuple qui au nom du socialisme authentique se rebelle contre le « stalinisme », contre un régime qui semble ne plonger ses racines que dans les caprices d’un tyran.

On peut rappeler un épisode révélateur à ce sujet. Quand il publie en 1965 son Scrittori e popolo (Ecrivains et peuple), Asor Rosa [45], qui dix ans auparavant a rompu avec le parti communiste justement dans la foulée de l’ « inoubliable » 1956, condamne « la politique d’unité nationale » suivie par le PCI pendant la Résistance, « cette stratégie, qui amènera plus tard à concevoir la voie italienne au socialisme comme nécessairement liée à la mise en œuvre de la Constitution et des réformes bourgeoises ». Et il condamne Togliatti qui, de retour en Italie après son long exil, affirme que « la classe ouvrière n’a jamais été étrangère aux intérêts de la nation » ; les « communistes togliattiens et gramsciens » dans leur ensemble sont accusés d’une part de répéter des catégories et mots d’ordre staliniens, et d’autre part d’être « les derniers représentants attardés » du « Risorgimento démocratique, garibaldien, mazzinien, carduccien » [46]. Relu aujourd’hui, ce réquisitoire ne peut susciter qu’un soupir : ah si Staline et Togliatti s’en étaient véritablement tenus avec cohérence à l’orientation qui leur est aujourd’hui imputée de façon si âpre ! Au lieu de critiquer leur faute concernant la question nationale en Europe orientale, Asor Rosa et nombre d’autres « dissidents » reprocheraient à Staline et à Togliatti l’attention qu’ils ont portée à la question nationale en Occident !

À cette vision qui refoule ou ignore la géopolitique autant que l’histoire, le secrétaire du PCI ne pouvait certainement pas adhérer. Il savait, d’une façon ou d’une autre, que des unités spéciales au service de la CIA « étaient déjà à l’œuvre à Budapest au moment de la révolte et assistaient les insurgés hongrois, tandis que d’autres s’étaient infiltrées à Prague et à Bucarest » [47] ; le dirigeant communiste savait que la CIA avait hérité de la structure d’espionnage du Troisième Reich en Europe orientale et qu’avec celle-ci elle avait organisé « des opérations paramilitaires conjointes en Europe orientale et en Union Soviétique à la fin des années 40 et au début des années 50 » [48]. Le tort de Togliatti aura été de se focaliser sur cet aspect et de considérer la question nationale ou bien comme définitivement dépassée à l’intérieur du « camp socialiste » ou bien d’importance secondaire dans le cadre du conflit planétaire alors en cours. Pourquoi, alors, aurait-il dû s’émouvoir pour les victimes des chars soviétiques plus que pour les victimes des avions anglo-français et des chars israéliens au Moyen-Orient ? Nous savons aujourd’hui par les autorités hongroises que le nombre des morts de ces journées tragiques se monte à 2 500 [49] ; neuf ans auparavant, au début de 1947, la répression déchaînée contre les habitants de Formose [50] par le Kuomintang avait fait environ 10 000 morts [51]. Et en 1956 Tchang Kai-Tchek continuait encore à jouir du plein appui des USA qui s’obstinaient même à le considérer comme le représentant légitime unique du peuple chinois ! Ce sont les années où « les industriels, comme Vittorio Valletta, allaient à Washington pour être autorisés à conclure un accord avec les soviétiques » [52] : pouvait-on prendre au sérieux le mépris des journaux de ces mêmes industriels à propos de la limitation de la souveraineté en Europe orientale ? Avaient-ils protesté contre l’intervention de la CIA, quelques années plus tôt, en Iran et au Guatemala, avec le renversement de gouvernements bien plus démocratiques que ceux qui ont ensuite été installés avec l’appui étasunien ?

4. Tiers Monde et conscience de la question nationale

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Les trois chefs de file du mouvement des non-alignés, Nasser, Tito et Nehru, à Brioni en 1956.

C’est à peu près en ces termes qu’argumentaient Togliatti et une bonne partie des dirigeants communistes occidentaux lesquels, d’ailleurs, n’étaient pas si isolés dans l’opinion publique internationale. À l’ONU, les représentants des pays non-alignés comme l’Inde et la Yougoslavie condamnent l’Angleterre et la France pour l’aventure de Suez mais se montrent beaucoup plus prudents et réservés en ce qui concerne l’intervention soviétique en Hongrie. La raison de cette attitude différente n’est pas à rechercher dans l’ingénuité ou dans la duplicité. En réalité, les dirigeants des pays non-alignés sont tout à fait lucides sur le poids de la question nationale même en Europe orientale. Dans son discours prononcé à Pola, le 11 novembre 1956, Tito fait le lien entre les événements de Hongrie et de Pologne et le traitement infligé par l’URSS à la Yougoslavie en 1948 :

« Nous devons nous référer à l’année 1948 quand, pour la première fois, la Yougoslavie donna une réponse ferme à Staline, en disant qu’elle désirait être indépendante, et édifier sa propre existence et que le socialisme dans notre pays ne permet à personne d’interférer dans nos affaires internes […] Nous avons prévenu que les tendances qui avaient provoqué en Yougoslavie une résistance aussi puissante existaient dans tous les pays et qu’un jour elles pourraient s’exprimer aussi dans ces pays (du camp socialiste) et, en conséquence, que la situation serait beaucoup plus difficile à affronter !  » [53].

Plus tard c’est Nehru qui allait tracer ce bilan significatif : « Les événements de 1956 montrent que le communisme, s’il est imposé de l’extérieur, ne peut pas durer. Je veux dire que si le communisme va contre le sentiment national diffus il ne sera pas accepté » [54].

Si même les dirigeants chinois soutiennent et peut-être même sollicitent l’intervention soviétique en Hongrie, ils ont cependant le souci de mettre en garde contre « la tendance au chauvinisme de grande nation », même si, plus que de l’attribuer à un pays particulier, ils insèrent cette tendance dans un cadre historique et de philosophie de l’histoire :

« La solidarité internationale des partis communistes est un rapport de type complètement nouveau dans l’histoire de l’humanité. Il est naturel que son développement ne puisse être exempt de difficultés […] Quand les partis communistes ont entre eux des rapports fondés sur l’égalité des droits et réalisent l’unité théorique et pratique à travers des consultations véritables et non formelles, leur solidarité augmente. Au contraire si dans ces rapports un parti impose son opinion aux autres, ou bien si les partis adoptent la méthode de s’ingérer dans les affaires intérieures de l’un ou de l’autre plutôt que celle des suggestions et des critiques fraternelles, leur solidarité est compromise. Du fait que les partis communistes des pays socialistes assument déjà la responsabilité de diriger les affaires de l’État, et que les rapports entre partis s’étendent souvent directement aux rapports de pays à pays et de peuple à peuple, le bon règlement de ces rapports est devenu un problème qui exige la plus grande circonspection » [55].

Par ailleurs, dès l’éclatement de la Guerre froide, Mao avait observé que la vision bipolaire du monde distordait la complexité des rapports et contradictions internationaux et qu’elle était en réalité au service d’une logique de domination. Au cours d’une conversation avec une journaliste étasunienne d’orientation communiste (Anne Louise Strong), en août 1946, le dirigeant communiste chinois avait déclaré :

« Les États-Unis et l’Union Soviétique sont séparés par une zone très vaste qui comprend de nombreux pays capitalistes, coloniaux et semi-coloniaux en Europe, en Asie et en Afrique. Tant que les réactionnaires étasuniens n’auront pas assujetti ces pays, une attaque contre l’Union Soviétique est hors de question. [Les États-Unis] contrôlent depuis longtemps l’Amérique centrale et méridionale, et essaient d’avoir le contrôle même de l’Empire britannique dans sa totalité et de l’Europe occidentale. Sous divers prétextes, les États-Unis adoptent des dispositions unilatérales à grande échelle et installent des bases militaires dans de nombreux pays […] Actuellement […] ce n’est pas l’Union Soviétique, mais les pays dans lesquels ces bases militaires sont installées, qui sont les premiers à subir l’agression étasunienne » [56].

C’est-à-dire qu’en brandissant le drapeau de la croisade anti-soviétique, les USA mettaient en même temps sous leur contrôle les « alliés » eux-mêmes. C’est à partir de là qu’on peut comprendre la mise en garde de 1956 contre le « chauvinisme de grande nation ». Mais les dirigeants soviétiques ne semblent pas prêter une grande attention à cette mise en garde. Au contraire, le successeur de Khrouchtchev, Brejnev, ira plus tard jusqu’à théoriser la « dictature internationale du prolétariat » c’est-à-dire la souveraineté limitée des pays faisant partie d’une communauté socialiste internationale à considérer désormais comme une entité unique ayant son centre à Moscou. En ce point, Mao et les communistes chinois appliqueront de façon explicite même à l’Union Soviétique l’analyse qu’ils avaient faite en 1946 à propos des USA.

Pourquoi alors les dirigeants des pays non-alignés et plus proches du Tiers Monde font-ils preuve malgré tout d’une certaine compréhension pour l’URSS ? Tito, qui en 1948 avait su résister à Staline et qui quelques années plus tard avait probablement encouragé en Europe orientale les aspirations « titistes » férocement réprimées par les groupes dirigeants plus étroitement liés à Moscou, en arrive huit ans après à la conclusion que, au moins en ce qui concerne la seconde intervention soviétique en Hongrie, celle-ci « malgré les objections contre l’interférence […] fut nécessaire ».  

5. Europe orientale, Moyen-Orient, Extrême-Orient

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En 1956, le président égyptien Nasser nationnalise le canal de Suez. En réaction, la France et l’Angleterre débarquent à Port Said et prennent le contrôle du canal. Les protestations de l’Union Soviétique et la pression des États-Unis imposeront le désengagement franco-anglais.

Comment expliquer ce paradoxe ? La crise en Europe orientale s’avère étroitement intriquée à celle qui a lieu au Moyen-Orient, et pas seulement du fait que Grande-Bretagne et France, protagonistes de l’aventure coloniale de Suez, sont au premier rang dans la croisade contre l’URSS. Dulles refuse le financement de la digue d’Assouan à Nasser après que celui-ci a accepté des armes de la Tchécoslovaquie ; le rapport Khrouchtchev, dont la publication marque le début de la crise de 1956 en Europe orientale, est fourni par le Mossad à la CIA [57]. Les deux crises en Europe orientale et au Moyen-Orient s’avèrent à leur tour intriquées à celle qui se développe en Extrême-Orient. Nasser provoque la colère du secrétaire d’État étasunien du fait, aussi, que l’Égypte reconnaît diplomatiquement la République Populaire de Chine : les USA sont alors engagés à isoler et à bloquer par tous les moyens les tentatives du grand pays asiatique de réaliser enfin l’unité nationale, tournant le dos à des décennies ou des siècles d’humiliation coloniale. Il se préoccupe avant tout de récupérer Quemoy et Matsu, deux îles à proximité de Formose/Taiwan qui —souligne Churchill dans une lettre à Eisenhower datée du 15 février 1955— « sont au large de la côte », et « sont juridiquement une partie de la Chine  », laquelle poursuit « un objectif national et militaire évident », à savoir éliminer une tête de pont qui se prête merveilleusement à une invasion de la Chine continentale (par l’armée de Tchang Kai-Tchek, installé à Taiwan et armé et soutenu par les USA) [58].

Ces considérations n’empêchent pas le président étasunien de brandir l’arme atomique. Les dirigeants de la République Populaire de Chine ne sont pas les seuls à se sentir menacés. Revenons au discours d’investiture d’Eisenhower qui exprime son soutien aux Français engagés en Indochine. L’appui n’est pas seulement de caractère politique : en 1954, les dépenses de la présence militaire française sont soutenues pour 80 % par les États-Unis [59]. C’est l’aspect militaire surtout qui est important. Dans ses mémoires, l’ex-président du Conseil français, Bidault, rapporte qu’à la veille de Dien Bien Phu, Dulles lui aurait proposé : « Et si nous vous donnions deux bombes atomiques ? » (à utiliser, bien sûr, immédiatement) [60].

On comprend bien alors l’attitude prise en 1956 par les dirigeants des pays non-alignés et du Tiers Monde. Bien que conscients du caractère national de la révolution hongroise, ils sont portés à croire que la principale menace contre les mouvements de libération et d’indépendance nationale provient de l’Occident, et pas seulement à cause de la présence à l’intérieur de celui-ci de deux puissances explicitement colonialistes comme l’Angleterre et la France, mais aussi à cause de la politique conduite par les USA en Asie.

Il faut cependant noter que, entre Extrême-Orient et Moyen-Orient, les positions étasuniennes et britanniques connaissent un renversement complet. Dans le premier cas, ce sont les USA qui mettent en garde contre un nouveau Munich. Eisenhower répond ainsi à Churchill :

« Si je peux encore faire référence à l’histoire, en n’agissant pas de façon unitaire et en temps voulu, nous n’arrivâmes pas à bloquer Hirohito, Mussolini et Hitler. Cela signifia le début de longues années d’une sombre tragédie et d’un danger désespéré. Nos nations ont-elles appris quelque chose de cette leçon ?  » [61].

À l’occasion de la crise de Suez, Eden cherche lui aussi en vain à avoir recours au jeu des analogies historiques : « Nasser est un paranoïaque et il a la même structure mentale que Hitler » [62]. Quelquefois, le leader égyptien est comparé à Mussolini, mais seulement pour pouvoir le décrire comme valet du véritable Hitler qui siège à Moscou (Khrouchtchev), sur le modèle du rapport de subalternité et de servilité qu’entretenait le Duce italien avec le Führer allemand. C’est dans ce sens qu’Eden définit Nasser comme « une sorte de Mussolini musulman » [63]. Une chose demeure cependant claire pour les dirigeants de la Grande-Bretagne (et de la France) : tout fléchissement ou compromis concernant les droits revendiqués par l’Angleterre sur le canal de Suez aurait signifié une réédition de la funeste politique « d’apaisement » qui, à l’époque, avait encouragé Hitler dans sa course au pouvoir mondial. Les États-Unis ne se laissent pas pour autant tromper, en étant désormais sur le point de supplanter au Moyen-Orient ses « alliés » occidentaux ; et, dans une conversation avec Eisenhower, Dulles souligne que ce n’est pas tant Suez qui est en jeu, « mais l’Algérie pour les Français et le Golfe Persique pour les Anglais  » [64]. C’est-à-dire que les premiers veulent infliger une leçon à l’Égypte de Nasser pour décourager et liquider le mouvement de libération nationale en Algérie, et les seconds pour renforcer leur contrôle sur une zone de grande importance stratégique et pétrolifère.

L’administration étasunienne est inébranlable. Si, selon l’observation déjà vue de Kissinger, pour l’invasion de la Hongrie l’URSS ne paye aucun prix, pas même sur le plan économique, pour l’aventure en Égypte la Grande-Bretagne se trouve placée devant un terrible dilemme :

« Washington rappelait avec brutalité à l’Angleterre sa dépendance financière en vendant de la livre à tour de bras. Cette attaque se développait avec une rapidité qui, écrit Eden dans ses mémoires, «pouvait nous mettre dans une situation désastreuse». Il chercha en vain à joindre Eisenhower au téléphone. C’était la nuit des élections et tout ce qu’il reçut fut une communication de son ambassadeur à Washington suivant laquelle, si la baisse des sterlings se prolongeait, le Royaume -Uni serait menacé de faillite » [65].

C’est un comportement qui s’avère d’autant plus dur qu’il paraît inattendu à ceux qui sont obligés de le subir. Et d’aucuns n’auront pas manqué de faire l’hypothèse selon laquelle les USA « avaient monté un piège à leurs alliés en les laissant faire, sinon en les encourageant discrètement, pour mieux substituer leur impérialisme au leur ». « Bien audacieuse » ou même fantaisiste : c’est le jugement que semble faire Fontaine, l’historien de la Guerre froide que nous avons cité [66]. Il reste cependant à expliquer le fait qu les USA sont absolument plus inflexibles à l’égard de leurs alliés, Grande-Bretagne et France, qu’à l’égard de l’Union Soviétique.

En réalité, depuis un moment déjà l’administration étasunienne éprouvait une « frustration » à cause de la « présence impériale britannique permanente dans la région ». Le renversement du régime de Farouk par les Officiers Libres en juillet 1952 est caractérisé non seulement par la « participation de Washington au coup d’État » mais aussi par les « tentatives des États-Unis, à l’insu des Britanniques, de réorienter la politique égyptienne » [67]. De façon significative la crise de Suez se conclut avec la proclamation de la doctrine Eisenhower, sur la base de quoi « les États-Unis considèrent comme vital pour leurs intérêts nationaux et pour la paix mondiale la conservation de l’indépendance et de l’intégrité des nations du Moyen-Orient » et se déclarent prêts à faire usage de la force militaire pour atteindre ces objectifs [68]. Par une ironie de l’histoire, c’est exactement après la proclamation de cette doctrine qu’adviennent au Moyen-Orient les bouleversements les plus colossaux. La carte géographique s’y trouve continuellement redessinée : Égypte, Syrie, Liban sont contraints de céder des territoires à Israël soutenu par les USA, lesquels sont aujourd’hui encore engagés [en 1996, ndlr] dans des opérations et des tentatives de démembrement de l’Irak. Mais, malgré les apparences, tout ceci n’est pas en contradiction avec la doctrine Eisenhower qui, en substance, signe la passation du contrôle impérial d’une zone d’importance stratégique décisive de la Grande-Bretagne aux USA.

6. Une seule Monroe en conclusion de la « Troisième Guerre mondiale »

Pour décrire la période qui va de 1945-46 jusqu’à l’écroulement de l’URSS, un auteur étasunien, qui a travaillé pendant des décennies à la CIA, préfère parler de « Troisième Guerre mondiale » [69]. La catégorie de Guerre froide s’avère inadéquate, et pas seulement du fait que dans les aires périphériques celle-ci devient parfois terriblement chaude. Jusqu’en ce qui concerne l’affrontement direct entre les deux principaux antagonistes, même si le front le plus immédiatement évident est celui de la bataille politico-diplomatique, économique et propagandiste, ne perdons pas de vue le terrible bras de fer militaire [70] qui, bien que n’allant pas jusqu’à l’affrontement direct et total, n’en reste pas pour autant dépourvu de conséquences. Il s’agit d’une véritable épreuve de force qui agit en profondeur sur l’économie et la politique du pays ennemi, sur sa configuration complète ; c’est une épreuve de force qui vise aussi la désagrégation des alliances, le « camp » de l’ennemi. Tandis qu’en 1958 explose à nouveau la crise de Quemoy et Matsu, l’URSS, consciente de la nette supériorité des USA, se borne à garantir à la Chine une couverture qui ne va pas au-delà du territoire continental : le grand pays asiatique est obligé de renoncer à l’objectif considéré comme « évident » et légitime même par Churchill. L’appui fourni deux ans avant par Mao à un Khrouchtchev engagé à rétablir le contre-cordon sanitaire dont le pays guide du camp socialiste avait besoin n’aura servi à rien ; l’engagement univoque à l’intérieur de la lutte entre les deux camps n’apparait plus être pour les dirigeants chinois la voie qui conduit au rétablissement de l’unité nationale et à la fin de la période des humiliations coloniales. Si ce n’est l’emploi, en tous cas la menace des armes, et en premier lieu celle des armes nucléaires a joué de façon concrète, peut-être même décisive, sur le déroulement de la troisième guerre mondiale. A la lumière de tout cela, il serait opportun de rediscuter la lecture habituelle, d’ « implosion » de l’écroulement de l’URSS et du camp qu’elle dirigeait.

Mais la catégorie de « Troisième Guerre mondiale » ne s’avère pertinente qu’à condition de ne pas l’interpréter exclusivement comme une « guerre internationale par guerres civiles interposées » entre deux idéologies opposées et entre deux systèmes socio-politiques opposés. Isoler cet aspect, même s’il est essentiel, revient à renoncer à la compréhension du 20ème siècle dans son ensemble. C’est un problème que nous avons abordé ailleurs [71]. Il convient ici de concentrer notre attention sur les États-Unis. Au moment de l’intervention dans le premier conflit mondial, Wilson procède à l’acquisition des îles Vierges au Danemark, à l’annexion de Porto-Rico, au renforcement du contrôle sur Cuba, Haïti etc. et à transformer la Mer des Caraïbes en un lac étasunien [72]. Les USA ne font peser tout leur poids que dans la phase finale du premier conflit mondial, alors que les deux parties en présence sont épuisées et exsangues. Immédiatement après l’intervention, dans une lettre au Colonel House, Wilson s’exprime ainsi à propos de ses « alliés » : « Quand la guerre sera finie, nous pourrons les soumettre à notre façon de penser du fait que, entre autres choses, ils seront financièrement entre nos mains » [73]. En ce qui concerne le second conflit mondial, F. D. Roosevelt, qui n’a pas lu au hasard Mac Mahan (le théoricien et le chantre de la géopolitique et de l’importance stratégique de la marine de guerre et des bases navales), se préoccupe en premier lieu de mettre la main sur les bases anglaises en les achetant en 1940, par un échange avec des croiseurs [74]. Quelque chose d’analogue se passe au cours de la Guerre froide ou Troisième Guerre mondiale.

Avant de procéder à l’offensive finale contre la Monroe soviétique, les USA prennent soin d’englober la Monroe britannique ; d’autre part, en renforçant dans cette même période la pression militaire et nucléaire contre la Chine, ils fragilisent son alliance avec l’URSS, qui à son tour sort largement discréditée par la crise hongroise. En ce sens, l’année 1956, c’est-à-dire l’année qui va de Suez à Budapest, représente le tournant de la Troisième Guerre mondiale : le moment où commence à prendre une consistance concrète le « siècle américain » prophétisé et invoqué depuis des décennies par les théoriciens et les chantres de « l’exceptionnalisme » de la république nord-américaine.

À la crise et à l’écroulement de l’empire soviétique correspond le retour triomphal de la doctrine Monroe classique avec l’invasion, désormais sans problèmes, d’abord de Grenade, puis de Panama. Mais cette Monroe tend à présent à prendre des dimensions planétaires. À l’embargo décrété unilatéralement aux dépens de Cuba ou de l’Irak, Washington prétend conférer une valeur universelle. La proclamation de l’exceptionnalisme et de la primauté étasunienne assume des tonalités de plus en plus emphatiques. Bush : « Je vois l’Amérique comme un leader, comme l’unique nation ayant un rôle spécial dans le monde ». Clinton : l’Amérique est «  la plus ancienne démocratie du monde  », et elle «  doit continuer à conduire le monde » ; « notre mission est intemporelle ». Kissinger : « Le leadership mondial est inhérent au pouvoir et aux valeurs américaines ». À peine réélu, Clinton déclare : « Aujourd’hui j’ai remercié Dieu d’être né américain ». Si en 1953 Eisenhower s’engageait à souligner la différence « entre leadership mondial et impérialisme », aujourd’hui cette préoccupation semble disparaître ou se réduire de façon drastique : les idéologues de la politique extérieure du parti républicain théorisent un « hégémonisme global bienveillant » déployé depuis Washington [75]. D’autre part, c’est à l’empire romain qu’un politologue étasunien réputé compare son pays de façon récurrente : de même que la Rome antique se servait de la tactique du siège, ainsi les USA doivent-ils recourir à l’embargo pour dompter ou écraser leurs ennemis, en réduisant au minimum leurs propres pertes [76].

Un cycle s’est refermé et un autre s’est ouvert. Le fait qui va aussi contribuer puissamment à la crise de 1956 en Pologne est que la charge de ministre de la défense est assumée par le maréchal Rokossovski, qui est aussi citoyen russe. Dans la Russie d’Eltsine, pendant une période de temps prolongée la charge de vice secrétaire du Conseil de Sécurité a été occupée par le « banquier, pétrolier, entrepreneur télévisuel, commerçant et businessman Boris Berezovski ». Le fait d’avoir « la double nationalité russe et israélienne, et le double passeport qui s’en suit » n’a pas constitué un obstacle à son ascension « aux plus grands fastes de la politique russe ». Les États-Unis —commentait ironiquement un réputé journaliste italien au moment de la « découverte retentissante »— « ont déjà en main les clés pour le contrôle » de l’armée russe et donc « quelle différence cela fait-il si la sécurité de la Russie est confiée à un citoyen israélien, ou américain, ou russe ? » [77]. Seuls peuvent s’en émouvoir des hommes politiques prisonniers d’un nationalisme dépassé par l’histoire : voilà le point de vue des diverses administrations étasuniennes, lesquelles semblent ainsi faire de nouveau raisonner les slogans et mots d’ordre brandis par les dirigeants soviétiques dans les années d’or où Moscou dirigeait le « camp socialiste ».

Brandis maintenant exclusivement par les USA, ces slogans et mots d’ordre sont-ils destinés à avoir un succès durable ? Ils se heurtent déjà à l’opposition explicite de pays (comme la Chine et la France) qui ont derrière eux une tradition de résistance aux diverses Monroe. Mais il peut s’avérer intéressant d’écouter aussi une voix provenant d’un pays qui ne joue pas un rôle de premier plan dans les relations internationales. Sergio Romano, un essayiste qui peut se prévaloir de sa longue carrière de diplomate, appelle l’Italie à « corriger son rapport inégal avec les États-Unis » : « le pays est vassal de l’Amérique ». Il s’agit de remettre en discussion ou de repenser la présence militaire étasunienne elle-même sur notre territoire : « Aujourd’hui il peut se trouver des situations dans lesquelles les bases sont utilisées par les Américains pour des objectifs qui ne correspondent pas aux intérêts italiens […] les bases, donc, sont devenues le point douloureux des rapports italo-américains » [78]. Et nous retrouvons l’observation de Mao Zedong, selon qui les bases militaires étasuniennes avaient en ligne de mire les « zones intermédiaires » bien plus encore que l’URSS.

Romano conclut ainsi : « Le problème des rapports italo-américains est surtout un problème de dignité nationale » [79]. La question nationale n’a pas disparue. Les trois Monroe dont parlait Bevin en 1946, les deux auxquelles Kennedy faisait référence en 1961, se sont clairement réduites à une, mais rien ne laisse penser que cette Monroe planétaire soit destinée à durer éternellement.

Traduction
Marie-Ange Patrizio

Cet article a été publié initialement en 1996.

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[1] Gilas, 1978, p.121.

[2] H. Thomas, 1988, p. 296.

[3] Schlesinger Jr., 1967, p. 338.

[4] Amiral Miklós Horthy de Nagybánya, régent du Royaume de Hongrie de 1920 à 1944, ndlr.

[5] Schmitt, 1991, p. 409.

[6] in Lott, 1994, p. 304.

[7] Staline, 1953, p. 151-2.

[8] Staline, 1953, p. 153-4.

[9] in Ambrose, 1991, p. 377.

[10] in Sherry, 1995, p. 182.

[11] Sherry, 1995, p. 207.

[12] in Kissinger, 1994, p.553.

[13] in Hofstadter et Hofstadter, 1982, vol. III, p. 431.

[14] E. Thomas, 1995, p. 34-9, 70 et 142.

[15] Boyle, 1990, p. 33.

[16] Riccardi, 1992, p. 166-7.

[17] Riccardi, 1992, p. 165.

[18] Riccardi, 1992, p. 174.

[19] O’Toole, 1991, p. 466-7.

[20] Kissinger, 1994, p. 556-7.

[21] in Garton Ash, 1996, p. 18.

[22] E. Thomas, 1995, p.33.

[23] H. Thomas, 1988, p. 223.

[24] E. Thomas, 1995, p. 142.

[25] in Kissinger, 1994, p.557.

[26] in Garton Ash, 1996, p. 19.

[27] Klose, 1996.

[28] Kissinger, 1994, p. 563.

[29] Kissinger, 1994, p. 557-563.

[30] in Hofstadter et Hofstadter, 1982, vol. p. 431.

[31] Garton Ash, 1996, p. 19.

[32] Kissinger, 1994, p. 567

[33] Kolko, 1994, p. 159.

[34] Mayer, 1967, p. 554.

[35] in Mayer, 1967, p. 551-2.

[36] in Mayer, 1967, p. 540.

[37] in Kissinger, 1994, p. 561.

[38] Lénine, 1955, vol. XXI, p. 90.

[39] Lénine, 1955, vol. XXII, p. 308.

[40] Schlesinger jr., 1992, p. 25.

[41] Plus exactement « aux » mondes islamiques, comme l’ont montré Todd et Courbage, « Le rendez-vous des civilisations », E. Todd et Y. Courbage, Seuil, septembre 2007, ndlr.

[42] Lénine, 19(5, vol. XXII, p. 350.

[43] Palmiro Togliatti (1893 -1964), secrétaire général historique du Parti communiste italien, ndlr.

[44] in Ajello, 1979, p. 537.

[45] Alberto Asor Rosa, écrivain et homme politique italien.

[46] Asor Rosa, 1969, p. 156-7 et note.

[47] O’Toole, 1991, p. 470.

[48] E. Thomas, 1995, p. 35-6 ; O’Toole, 1991, p. 454.

[49] Vannuccini, 1996, p. 17.

[50] Ancienne appellation de l’île de Taïwan, ndlr.

[51] Lutzker, 1987, p. 178.

[52] Romano, 1995, p. 68-9.

[53] in Bass-Marbury, 1962, p. 57-9.

[54] Brecher, 1965, p. 47.

[55] Renmin Ribao, 1971, p. 36-7.

[56] Mao Zedong, 1975, p. 95-6.

[57] Black Morris, 1991, p. 168-9.

[58] Boyle, 1990, p.193.

[59] Boyle, 1990, p. 135.

[60] Fontaine, 1967 vol. II, p.114.

[61] Boyle, 1990, p.138.

[62] Freiberger, 1992, p. 165 et 252.

[63] Freiberger, 1992, p. 178 et 263.

[64] Freiberger, 1992, p. 190.

[65] Fontaine, 1967, vol. II, p. 280.

[66] Fontaine, 1967, vol. II, p. 270.

[67] Freiberger, 1992, p. 9 et 26.

[68] Commager, 1963, vol. II, p. 647.

[69] Gates, 1996. Robert Gates est devenu par la suite secrétaire à la Défense de George W. Bush et de Barack Obama.

[70] L’ancien secrétaire à la Défense Robert McNamara avait dressé en 1991 pour une conférence à la Banque mondiale un tableau des pertes enregistrées sur les différents théâtres d’opérations dont le total dépasse les quarante millions, ndlr.

[71] Losurdo, 1996.

[72] Julien, 1968, cap. IV.

[73] in Kissinger, 1994, p. 224.

[74] Losurdo, 1996, p. 143-4.

[75] Kristol et Kagan, 1996, p. 20.

[76] Luttwak, 1995, p. 116-7.

[77] Chiesa, 1996.

[78] Romano, 1995, p. 70 et 66-7.

[79] Romano, 1995, p. 77.

Domenico LosurdoDomenico Losurdo Professeur d’histoire de la philosophie à l’université d’Urbin (Italie). Il dirige depuis 1988 la Internationale Gesellschaft Hegel-Marx für Dialektisches Denken, et est membre fondateur de l’Associazione Marx XXIesimo secolo. Dernier ouvrage traduit en français : Staline : histoire et critique d’une légende noire (Aden, 2011). Dernier ouvrage publié en italien : La non-violenza, Una storia fuori dal mito (Laterza, 2010).

 
 

 

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Édition spéciale

Opération Sarkozy : comment la CIA a placé un de ses agents à la présidence de la République française

par Thierry Meyssan

Nicolas Sarkozy doit être jugé à son action et non pas d’après sa personnalité. Mais lorsque son action surprend jusqu’à ses propres électeurs, il est légitime de se pencher en détail sur sa biographie et de s’interroger sur les alliances qui l’ont conduit au pouvoir. Thierry Meyssan a décidé d’écrire la vérité sur les origines du président de la République française. Toutes les informations contenues dans cet article sont vérifiables, à l’exception de deux imputations, signalées par l’auteur qui en assume seul la responsabilité.

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Les Français, lassés des trop longues présidences de François Mitterrand et de Jacques Chirac, ont élu Nicolas Sarkozy en comptant sur son énergie pour revitaliser leur pays. Ils espéraient une rupture avec des années d’immobilisme et des idéologies surannées. Ils ont eu une rupture avec les principes qui fondent la nation française. Ils ont été stupéfaits par cet « hyper-président », se saisissant chaque jour d’un nouveau dossier, aspirant à lui la droite et la gauche, bousculant tous les repères jusqu’à créer une complète confusion.

Comme des enfants qui viennent de faire une grosse bêtise, les Français sont trop occupés à se trouver des excuses pour admettre l’ampleur des dégâts et leur naïveté. Ils refusent d’autant plus de voir qui est vraiment Nicolas Sarkozy, qu’ils auraient dû s’en rendre compte depuis longtemps.

C’est que l’homme est habile. Comme un illusionniste, il a détourné leur attention en offrant sa vie privée en spectacle et en posant dans les magazines people, jusqu’à leur faire oublier son parcours politique.

Que l’on comprenne bien le sens de cet article : il ne s’agit pas de reprocher à M. Sarkozy ses liens familiaux, amicaux et professionnels, mais de lui reprocher d’avoir caché ses attaches aux Français qui ont cru, à tort, élire un homme libre.

Pour comprendre comment un homme en qui tous s’accordent aujourd’hui à voir l’agent des États-Unis et d’Israël a pu devenir le chef du parti gaulliste, puis le président de la République française, il nous faut revenir en arrière. Très en arrière. Il nous faut emprunter une longue digression au cours de laquelle nous présenterons les protagonistes qui trouvent aujourd’hui leur revanche.

Secrets de famille

À la fin de la Seconde Guerre mondiale, les services secrets états-uniens s’appuient sur le parrain italo-US Lucky Luciano pour contrôler la sécurité des ports américains et pour préparer le débarquement allié en Sicile. Les contacts de Luciano avec les services US passent notamment par Frank Wisner Sr. puis, lorsque le « parrain » est libéré et s’exile en Italie, par son « ambassadeur » corse, Étienne Léandri.

En 1958, les États-Unis, inquiets d’une possible victoire du FLN en Algérie qui ouvrirait l’Afrique du Nord à l’influence soviétique, décident de susciter un coup d’État militaire en France. L’opération est organisée conjointement par la Direction de la planification de la CIA —théoriquement dirigée par Frank Wisner Sr.— et par l’OTAN. Mais Wisner a déjà sombré dans la démence de sorte que c’est son successeur, Allan Dulles, qui supervise le coup. Depuis Alger, des généraux français créent un Comité de salut public qui exerce une pression sur le pouvoir civil parisien et le contraint à voter les pleins pouvoirs au général De Gaulle sans avoir besoin de recourir la force [1].

Or, Charles De Gaulle n’est pas le pion que les Anglo-Saxons croient pouvoir manipuler. Dans un premier temps, il tente de sortir de la contradiction coloniale en accordant une large autonomie aux territoires d’outre-mer au sein d’une Union française. Mais il est déjà trop tard pour sauver l’Empire français car les peuples colonisés ne croient plus aux promesses de la métropole et exigent leur indépendance. Après avoir conduit victorieusement de féroces campagnes de répression contre les indépendantistes, De Gaulle se rend à l’évidence. Faisant preuve d’une rare sagesse politique, il décide d’accorder à chaque colonie son indépendance.

Cette volte-face est vécue comme une trahison par la plupart de ceux qui l’ont porté au pouvoir. La CIA et l’OTAN soutiennent alors toutes sortes de complots pour l’éliminer, dont un putsch manqué et une quarantaine de tentatives d’assassinat [2]. Toutefois, certains de ses partisans approuvent son évolution politique. Autour de Charles Pasqua, ils créent le SAC, une milice pour le protéger.

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Pasqua est à la fois un truand corse et un ancien résistant. Il a épousé la fille d’un bootlegger canadien qui fit fortune durant la prohibition. Il dirige la société Ricard qui, après avoir commercialisé de l’absinthe, un alcool prohibé, se respectabilise en vendant de l’anisette. Cependant, la société continue à servir de couverture pour toutes sortes de trafics en relation avec la famille italo-new-yorkaise des Genovese, celle de Lucky Luciano. Il n’est donc pas étonnant que Pasqua fasse appel à Étienne Léandri (« l’ambassadeur » de Luciano) pour recruter des gros bras et constituer la milice gaulliste [3]. Un troisième homme joue un grand rôle dans la formation du SAC, l’ancien garde du corps de De Gaulle, Achille Peretti —un Corse lui aussi—.

Ainsi défendu, De Gaulle dessine avec panache une politique d’indépendance nationale. Tout en affirmant son appartenance au camp atlantique, il remet en cause le leadership anglo-saxon. Il s’oppose à l’entrée du Royaume-Uni dans le Marché commun européen (1961 et 1967) ; Il refuse le déploiement des casques de l’ONU au Congo (1961) ; il encourage les États latino-américains à s’affranchir de l’impérialisme US (discours de Mexico, 1964) ; Il expulse l’OTAN de France et se retire du Commandement intégré de l’Alliance atlantique (1966) ; Il dénonce la Guerre du Viêt-nam (discours de Phnon Penh, 1966) ; Il condamne l’expansionnisme israélien lors de la Guerre des Six jours (1967) ; Il soutient l’indépendance du Québec (discours de Montréal 1967) ; etc.

Simultanément, De Gaulle consolide la puissance de la France en la dotant d’un complexe militaro-industriel incluant la force de dissuasion nucléaire, et en garantissant son approvisionnement énergétique. Il éloigne utilement les encombrants Corses de son entourage en leur confiant des missions à étranger. Ainsi Étienne Léandri devient-il le trader du groupe Elf (aujourd’hui Total) [4], tandis que Charles Pasqua devient l’homme de confiance des chefs d’États d’Afrique francophone.

Conscient qu’il ne peut défier les Anglo-Saxons sur tous les terrains à la fois, De Gaulle s’allie à la famille Rothschild. Il choisit comme Premier ministre le fondé de pouvoir de la Banque, Georges Pompidou. Les deux hommes forment un tandem efficace. L’audace politique du premier ne perd jamais de vue le réalisme économique du second.

Lorsque De Gaulle démissionne, en 1969, Georges Pompidou lui succède brièvement à la présidence avant d’être emporté par un cancer. Les gaullistes historiques n’admettent pas son leadership et s’inquiètent de son tropisme anglophile. Ils hurlent à la trahison lorsque Pompidou, secondé par le secrétaire général de l’Élysée Edouard Balladur, fait entrer « la perfide Albion » dans le Marché commun européen.

La fabrication de Nicolas Sarkozy

Ce décor étant planté, revenons-en à notre personnage principal, Nicolas Sarkozy. Né en 1955, il est le fils d’un noble catholique hongrois, Pal Sarkösy de Nagy-Bocsa, réfugié en France après avoir fuit l’Armée rouge, et d’Andrée Mallah, une roturière juive originaire de Thessalonique. Après avoir eu trois enfants (Guillaume, Nicolas et François), le couple divorce. Pal Sarkosy de Nagy-Bocsa se remarie avec une aristocrate, Christine de Ganay, dont il aura deux enfants (Pierre-Olivier et Caroline). Nicolas ne sera pas élevé par ses seuls parents, mais balloté dans cette famille recomposée.

Sa mère est devenue la secrétaire d’Achille Peretti. Après avoir co-fondé le SAC, le garde du corps de De Gaulle avait poursuivi une brillante carrière politique. Il avait été élu député et maire de Neuilly-sur-Seine, la plus riche banlieue résidentielle de la capitale, puis président de l’Assemblée nationale.

Malheureusement, en 1972, Achille Peretti est gravement mis en cause. Aux États-Unis, le magazine Time révèle l’existence d’une organisation criminelle secrète « l’Union corse » qui contrôlerait une grande partie du trafic de stupéfiants entre l’Europe et l’Amérique, la fameuse « French connexion » qu’Hollywwod devait porter à l’écran. S’appuyant sur des auditions parlementaires et sur ses propres investigations, Time cite le nom d’un chef mafieux, Jean Venturi, arrêté quelques années plus tôt au Canada, et qui n’est autre que le délégué commercial de Charles Pasqua pour la société d’alcool Ricard. On évoque le nom de plusieurs familles qui dirigeraient « l’Union corse », dont les Peretti. Achille nie, mais doit renoncer à la présidence de l’Assemblée nationale et échappe même à un « suicide ».

En 1977, Pal Sarkozy se sépare de sa seconde épouse, Christine de Ganay, laquelle se lie alors avec le n°2 de l’administration centrale du département d’État des États-Unis. Elle l’épouse et s’installe avec lui en Amérique. Le monde étant petit, c’est bien connu, son mari n’est autre que Frank Wisner Jr., fils du précédent. Les fonctions de Junior à la CIA ne sont pas connues, mais il clair qu’il y joue un rôle important. Nicolas, qui reste proche de sa belle-mère, de son demi-frère et de sa demi-sœur, commence à se tourner vers les États-Unis où il « bénéficie » des programmes de formation du département d’État.

À la même période, Nicolas Sarkozy adhère au parti gaulliste. Il y fréquente d’autant plus rapidement Charles Pasqua que celui-ci n’est pas seulement un leader national, mais aussi le responsable de la section départementale des Hauts-de-Seine.

En 1982, Nicolas Sarkozy, ayant terminé ses études de droit et s’étant inscrit au barreau, épouse la nièce d’Achille Peretti. Son témoin de mariage est Charles Pasqua. En tant qu’avocat, Me Sarkozy défend les intérêts des amis corses de ses mentors. Il acquiert une propriété sur l’île de beauté, à Vico, et imagine de corsiser son nom en remplaçant le « y » par un « i » : Sarkozi.

L’année suivante, il est élu maire de Neuilly-sur-Seine en remplacement de son bel-oncle, Achille Peretti, terrassé par une crise cardiaque.

Cependant, Nicolas ne tarde pas à trahir sa femme et, dès 1984, il poursuit une liaison cachée avec Cécilia, l’épouse du plus célèbre animateur de télévision français de l’époque, Jacques Martin, dont il a fait la connaissance en célébrant leur mariage en qualité de maire de Neuilly. Cette double vie dure cinq ans, avant que les amants ne quittent leurs conjoints respectifs pour construire un nouveau foyer.

Nicolas est le témoin de mariage, en 1992, de la fille de Jacques Chirac, Claude, avec un éditorialiste du Figaro. Il ne peut s’empêcher de séduire Claude et de mener une brève relation avec elle, tandis qu’il vit officiellement avec Cécilia. Le mari trompé se suicide en absorbant des drogues. La rupture est brutale et sans retour entre les Chirac et Nicolas Sarkozy.

En 1993, la gauche perd les élections législatives. Le président François Mitterrand refuse de démissionner et entre en cohabitation avec un Premier ministre de droite. Jacques Chirac, qui ambitionne la présidence et pense alors former avec Edouard Balladur un tandem comparable à celui de De Gaulle et Pompidou, refuse d’être à nouveau Premier ministre et laisse la place à son « ami de trente ans », Edouard Balladur. Malgré son passé sulfureux, Charles Pasqua devient ministre de l’Intérieur. S’il conserve la haute main sur la marijuana marocaine, il profite de sa situation pour légaliser ses autres activités en prenant le contrôle des casinos, jeux et courses en Afrique francophone. Il tisse aussi des liens en Arabie saoudite et en Israël et devient officier d’honneur du Mossad. Nicolas Sarkozy, quant à lui, est ministre du Budget et porte-parole du gouvernement.

À Washington, Frank Wisner Jr. a pris la succession de Paul Wolfowitz comme responsable de la planification politique au département de la Défense. Personne ne remarque les liens qui l’unissent au porte-parole du gouvernement français.

C’est alors que reprend au sein du parti gaulliste la tension que l’on avait connu trente ans plus tôt entre les gaullistes historiques et la droite financière, incarnée par Balladur. La nouveauté, c’est que Charles Pasqua et avec lui le jeune Nicolas Sarkozy trahissent Jacques Chirac pour se rapprocher du courant Rothschild. Tout dérape. Le conflit atteindra son apogée en 1995 lorsque Édouard Balladur se présentera contre son ex-ami Jacques Chirac à l’élection présidentielle, et sera battu. Surtout, suivant les instructions de Londres et de Washington, le gouvernement Balladur ouvre les négociations d’adhésion à l’Union européenne et à l’OTAN des États d’Europe centrale et orientale, affranchis de la tutelle soviétique.

Rien ne va plus dans le parti gaulliste où les amis d’hier sont près de s’entre-tuer. Pour financer sa campagne électorale, Edouard Balladur tente de faire main basse sur la caisse noire du parti gaulliste, cachée dans la double comptabilité du pétrolier Elf. À peine le vieux Étienne Léandri mort, les juges perquisitionnent la société et ses dirigeants sont incarcérés. Mais Balladur, Pasqua et Sarkozy ne parviendront jamais à récupérer le magot.

La traversée du désert

Tout au long de son premier mandat, Jacques Chirac tient Nicolas Sarkozy à distance. L’homme se fait discret durant cette longue traversée du désert. Discrètement, il continue à nouer des relations dans les cercles financiers.

En 1996, Nicolas Sarkozy ayant enfin réussi à clore une procédure de divorce qui n’en finissait pas se marie avec Cécilia. Ils ont pour témoins les deux milliardaires Martin Bouygues et Bernard Arnaud (l’homme le plus riche du pays).

Dernier acte

Bien avant la crise irakienne, Frank Wisner Jr. et ses collègues de la CIA planifient la destruction du courant gaulliste et la montée en puissance de Nicolas Sarkozy. Ils agissent en trois temps : d’abord l’élimination de la direction du parti gaulliste et la prise de contrôle de cet appareil, puis l’élimination du principal rival de droite et l’investiture du parti gaulliste à l’élection présidentielle, enfin l’élimination de tout challenger sérieux à gauche de manière à être certain d’emporter l’élection présidentielle.

Pendant des années, les médias sont tenus en haleine par les révélations posthumes d’un promoteur immobilier. Avant de décéder d’une grave maladie, il a enregistré pour une raison jamais élucidée une confession en vidéo. Pour une raison encore plus obscure, la « cassette » échoue dans les mains d’un hiérarque du Parti socialiste, Dominique Strauss-Khan, qui la fait parvenir indirectement à la presse.

Si les aveux du promoteur ne débouchent sur aucune sanction judiciaire, ils ouvrent une boîte de Pandore. La principale victime des affaires successives sera le Premier ministre Alain Juppé. Pour protéger Chirac, il assume seul toutes les infractions pénales. La mise à l’écart de Juppé laisse la voie libre à Nicolas Sarkozy pour prendre la direction du parti gaulliste.

Sarkozy exploite alors sa position pour contraindre Jacques Chirac à le reprendre au gouvernement, malgré leur haine réciproque. Il sera en définitive, ministre de l’Intérieur. Erreur ! À ce poste, il contrôle les préfets et le renseignement intérieur qu’il utilise pour noyauter les grandes administrations.

Il s’occupe aussi des affaires corses. Le préfet Claude Érignac a été assassiné. Bien qu’il n’ait pas été revendiqué, le meurtre a immédiatement été interprété comme un défi lancé par les indépendantistes à la République. Après une longue traque, la police parvient à arrêter un suspect en fuite, Yvan Colonna, fils d’un député socialiste. Faisant fi de la présomption d’innocence, Nicolas Sarkozy annonce cette interpellation en accusant le suspect d’être l’assassin. C’est que la nouvelle est trop belle à deux jours du référendum que le ministre de l’Intérieur organise en Corse pour modifier le statut de l’île. Quoi qu’il en soit, les électeurs rejettent le projet Sarkozy qui, selon certains, favorise les intérêts mafieux.
Bien qu’Yvan Colonna ait ultérieurement été reconnu coupable, il a toujours clamé son innocence et aucune preuve matérielle n’a été trouvée contre lui. Étrangement, l’homme s’est muré dans le silence, préférant être condamné que de révéler ce qu’il sait.
Nous révélons ici que le préfet Érignac n’a pas été tué par des nationalistes, mais abattu par un tueur à gage, immédiatement exfiltré vers l’Angola où il a été engagé à la sécurité du groupe Elf. Le mobile du crime était précisément lié aux fonctions antérieures d’Érignac, responsable des réseaux africains de Charles Pasqua au ministère de la Coopération. Quand à Yvan Colonna, c’est un ami personnel de Nicolas Sarkozy depuis des décennies et leurs enfants se sont fréquentés.

Une nouvelle affaire éclate : de faux listings circulent qui accusent mensongèrement plusieurs personnalités de cacher des comptes bancaires au Luxembourg, chez Clearstream. Parmi les personnalités diffamées : Nicolas Sarkozy. Il porte plainte et sous-entend que son rival de droite à l’élection présidentielle, le Premier ministre Dominique de Villepin, a organisé cette machination. Il ne cache pas son intention de le faire jeter en prison.
En réalité, les faux listings ont été mis en circulation par des membres de la Fondation franco-américaine [5], dont John Negroponte était président et dont Frank Wisner Jr. est administrateur. Ce que les juges ignorent et que nous révélons ici, c’est que les listings ont été fabriqués à Londres par une officine commune de la CIA et du MI6, Hakluyt & Co, dont Frank Wisner Jr. est également administrateur.
Villepin se défend de ce dont on l’accuse, mais il est mis en examen, assigné à résidence et, de facto, écarté provisoirement de la vie politique. La voie est libre à droite pour Nicolas Sarkozy.

Reste à neutraliser les candidatures d’opposition. Les cotisations d’adhésion au parti socialistes sont réduites à un niveau symbolique pour attirer de nouveaux militants. Soudainement des milliers de jeunes prennent leur carte. Parmi eux, au moins dix mille nouveaux adhérents sont en réalité des militants du Parti trotskiste « lambertiste » (du nom de son fondateur Pierre Lambert). Cette petite formation d’extrême gauche s’est historiquement mise au service de la CIA contre les communistes staliniens durant la Guerre froide (Elle est l’équivalent du SD/USA de Max Shatchman, qui a formé les néoconservateurs aux USA [6]). Ce n’est pas la première fois que les « lambertistes » infiltrent le Parti socialiste. Ils y ont notamment placé deux célèbres agents de la CIA : Lionel Jospin (qui est devenu Premier ministre) et Jean-Christophe Cambadélis, le principal conseiller de Dominique Strauss-Kahn [7].

Des primaires sont organisées au sein du Parti socialiste pour désigner son candidat à l’élection présidentielle. Deux personnalités sont en concurrence : Laurent Fabius et Ségolène Royal. Seul le premier représente un danger pour Sarkozy. Dominique Strauss-Kahn entre dans la course avec pour mission d’éliminer Fabius au dernier moment. Ce qu’il sera en mesure de faire grâce aux votes des militants « lambertistes » infiltrés, qui portent leur suffrages non pas sur son nom, mais sur celui de Royal.
L’opération est possible parce que Strauss-Kahn est depuis longtemps sur le payroll des États-Unis. Les Français ignorent qu’il donne des cours à Stanford, où il a été embauché par le prévot de l’université, Condoleezza Rice [8].
Dès sa prise de fonction, Nicolas Sarkozy et Condoleezza Rice remercieront Strauss-Kahn en le faisant élire à la direction du Fonds monétaire international.

Premiers jours à l’Élysée

Le soir du second tour de l’élection présidentielle, lorsque les instituts de sondages annoncent sa victoire probable, Nicolas Sarkozy prononce un bref discours à la nation depuis son QG de campagne. Puis, contrairement à tous les usages, il ne va pas faire la fête avec les militants de son parti, mais il se rend au Fouquet’s. La célèbre brasserie des Champs-Élysées, qui était jadis le rendez-vous de « l’Union corse » est aujourd’hui la propriété du casinotier Dominique Desseigne. Il a été mis à disposition du président élu pour y recevoir ses amis et les principaux donateurs de sa campagne. Une centaine d’invités s’y bousculent, les hommes les plus riches de France y côtoient les patrons de casinos.

Puis le président élu s’offre quelques jours de repos bien mérités. Conduit en Falcon-900 privé à Malte, il s’y repose sur le Paloma, le yacht de 65 mètres de son ami Vincent Bolloré, un milliardaire formé à la Banque Rothschild.

Enfin, Nicolas Sarkozy est investi président de la République française. Le premier décret qu’il signe n’est pas pour proclamer une amnistie, mais pour autoriser les casinos de ses amis Desseigne et Partouche à multiplier les machines à sous.

Il forme son équipe de travail et son gouvernement. Sans surprise, on y retrouve un bien trouble propriétaire de casinos (le ministre de la Jeunesse et des Sports) et le lobbyiste des casinos de l’ami Desseigne (qui devient porte-parole du parti « gaulliste »).

Nicolas Sarkozy s’appuie avant tout sur quatre hommes :
- Claude Guéant, secrétaire général du palais de l’Élysée. C’est l’ancien bras droit de Charles Pasqua.
- François Pérol, secrétaire général adjoint de l’Élysée. C’est un associé-gérant de la Banque Rothschild.
- Jean-David Lévitte, conseiller diplomatique. Fils de l’ancien directeur de l’Agence juive. Ambassadeur de France à l’ONU, il fut relevé de ses fonctions par Chirac qui le jugeait trop proche de George Bush.
- Alain Bauer, l’homme de l’ombre. Son nom n’apparaît pas dans les annuaires. Il est chargé des services de renseignement. Ancien Grand-Maître du Grand Orient de France (la principale obédience maçonnique française) et ancien n°2 de la National Security Agency états-unienne en Europe [9].

Frank Wisner Jr., qui a été nommé entre temps envoyé spécial du président Bush pour l’indépendance du Kosovo, insiste pour que Bernard Kouchner soit nommé ministre des Affaires étrangères avec une double mission prioritaire : l’indépendance du Kosovo et la liquidation de la politique arabe de la France.

Kouchner a débuté sa carrière en participant à la création d’une ONG humanitaire. Grâce aux financements de la National Endowment for Democracy, il a participé aux opérations de Zbigniew Brzezinski en Afghanistan, aux côtés d’Oussama Ben Laden et des frères Karzaï contre les Soviétiques. On le retrouve dans les années 90 auprès d’Alija Izetbegoviç en Bosnie-Herzégovine. De 1999 à 2001, il a été Haut représentant de l’ONU au Kosovo.

Sous le contrôle de Wali, le frère cadet du président Hamid Karzaï, l’Afghanistan est devenu le premier producteur mondial de pavot. Le suc est transformé sur place en héroïne et transporté par l’US Air Force à Camp Bondsteed (Kosovo). Là, la drogue est prise en charge par les hommes d’Haçim Thaçi qui l’écoulent principalement en Europe et accessoirement aux États-Unis [10]. Les bénéfices sont utilisés pour financer les opérations illégales de la CIA.
Karzaï et Thaçi sont des amis personnels de longue date de Bernard Kouchner, qui certainement ignore leurs activités criminelles malgré les rapports internationaux qui y ont été consacrés.

Pour complèter son gouvernement, Nicolas Sarkozy nomme Christine Lagarde, ministre de l’Économie et des Finances. Elle a fait toute sa carrière aux États-Unis où elle a dirigé le prestigieux cabinet de juristes Baker & McKenzie. Au sein du Center for International & Strategic Studies de Dick Cheney, elle a co-présidé avec Zbigniew Brzezinski un groupe de travail qui a supervisé les privatisations en Pologne. Elle a organisé un intense lobbying pour le compte de Lockheed Martin contre les l’avionneur français Dassault [11].

Nouvelle escapade durant l’été. Nicolas, Cécilia, leur maîtresse commune et leurs enfants se font offrir des vacances états-uniennes à Wolfenboroo, non loin de la propriété du président Bush. La facture, cette fois, est payée par Robert F. Agostinelli, un banquier d’affaires italo-new-yorkais, sioniste et néo-conservateur pur sucre qui s’exprime dans Commentary, la revue de l’American Jewish Committee.

La réussite de Nicolas rejaillit sur son demi-frère Pierre-Olivier. Sous le nom américanisé « d’Oliver », il est nommé par Frank Carlucci (qui fut le n°2 de la CIA après avoir été recruté par Frank Wisner Sr.) [12] directeur d’un nouveau fonds de placement du Carlyle Group (la société commune de gestion de portefeuille des Bush et des Ben Laden) [13]. Sans qualité personnelle particulière, il est devenu le 5e noueur de deals dans le monde et gère les principaux avoirs des fonds souverains du Koweit et de Singapour.

La cote de popularité du président est en chute libre dans les sondages. L’un de ses conseillers en communication, Jacques Séguéla, préconise de détourner l’attention du public avec de nouvelles « people stories ». L’annonce du divorce avec Cécilia est publiée par Libération, le journal de son ami Edouard de Rothschild, pour couvrir les slogans des manifestants un jour de grève générale. Plus fort encore, le communiquant organise une rencontre avec l’artiste et ex-mannequin, Carla Bruni. Quelques jours plus tard, sa liaison avec le président est officialisée et le battage médiatique couvre à nouveau les critiques politiques. Quelques semaines encore et c’est le troisième mariage de Nicolas. Cette fois, il choisit comme témoins Mathilde Agostinelli (l’épouse de Robert) et Nicolas Bazire, ancien directeur de cabinet d’Edouard Balladur devenu associé-gérant chez Rothschild.

Quand les Français auront-ils des yeux pour voir à qui ils ont affaire ?

Profile ; 16 juin 2008Les informations contenues dans cet article ont été présentées par Thierry Meyssan lors de la table ronde de clôture de l’Eurasian Media Forum (Kazakhstan, 25 avril 2008) consacrée à la peopolisation et au glamour en politique.

L’intérêt suscite par ces informations a conduit l’auteur à rédiger le présent article qui a été publié par Profile, le principal news magazine russe actuel (édition du 16 juin 2008), sous le titre « ОПЕРАЦИЯ САРКОЗИ ».

Plusieurs versions et traductions non autorisées de cet article ont été diffusées alors que le site du Réseau Voltaire était hors service. Nous vous prions de considérer le présent article comme le seul valide.

[1] « Quand le stay-behind portait De Gaulle au pouvoir », par Thierry Meyssan, Réseau Voltaire, 27 août 2001

[2] « Quand le stay-behind voulait remplacer De Gaulle », par Thierry Meyssan, Réseau Voltaire, 10 septembre 2001

[3] L’Énigme Pasqua, par Thierry Meyssan, Golias ed, 2000.

[4] Les requins. Un réseau au cœur des affaires, par Julien Caumer, Flammarion, 1999.

[5] « Un relais des États-Unis en France : la French American Foundation », par Pierre Hillard, Réseau Voltaire, 19 avril 2007.

[6] « Les New York Intellectuals et l’invention du néo-conservatisme », par Denis Boneau, Réseau Voltaire, 26 novembre 2004.

[7] Le responsable US du renseignement, Irving Brown en personne, a revendiqué avoir lui-même recruté et formé MM. Jospin et Cambadélis pour lutter contre les staliniens alors qu’ils militaient chez les lambertistes pour, cf. Éminences grises, Roger Faligot et Rémi Kauffer, Fayard, 1992 ; « The Origin of CIA Financing of AFL Programs » in Covert Action Quaterly, n° 76, 1999. Il importe d’éviter une interprétation anachronique : leur engagement au service des USA est celui d’atlantistes durant la Guerre froide. Au-delà, il les conduira, par exemple, en 1999, à jouer un rôle central dans l’engagement de Paris au sein de l’OTAN pour bombarder Belgrade, pourtant allié traditionnel de la France. De même, il importe d’éviter les fausses équivalences : la collaboration de Nicolas Sarkozy avec les USA ne s’est pas développée sur une base idéologique, mais relationnelle et carriériste (note modifiée le 27 juillet 2008 en réponse à des lecteurs).

[8] « Dominique Strauss-Kahn, l’homme de « Condi » au FMI », par Thierry Meyssan, Réseau Voltaire, 5 octobre 2007.

[9] « Alain Bauer, de la SAIC au GOdF », Note d’information du Réseau Voltaire, 1er octobre 2000.

[10] « Le gouvernement kosovar et le crime organisé », par Jürgen Roth, Horizons et débats, 8 avril 2008.

[11] « Avec Christine Lagarde, l’industrie US entre au gouvernement français », Réseau Voltaire, 22 juin 2005.

[12] « L’honorable Frank Carlucci », par Thierry Meyssan, Réseau Voltaire, 11 février 2004.

[13] « Les liens financiers occultes des Bush et des Ben Laden » et « Le Carlyle Group, une affaire d’initiés », Réseau Voltaire, 16 octobre 2001 et 9 février 2004.

Thierry MeyssanThierry Meyssan Intellectuel français, président-fondateur du Réseau Voltaire et de la conférence Axis for Peace. Il publie des analyses de politique étrangère dans la presse arabe, latino-américaine et russe. Dernier ouvrage en français : L’Effroyable imposture : Tome 2, Manipulations et désinformations (éd. JP Bertand, 2007).

 
 
 

 

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« Le monde au microscope »

Après Sarkosy : La révolte contre l’Euro et l’alliance avec les BRICS ?

par Alfredo Jalife-Rahme

Pour Alfredo Jalife, la mise au pouvoir de Nicolas Sarkosy en France aura considérablement affaibli l’Europe et renforcé l’axe Tel Aviv-Londres-Wasington. Alors qu’un nouvel équilibre géopolitique mondial se dessine autour des voies d’acheminement du gaz, les nations européennes sauront-elles saisir l’opportunité qui se dessine dans de nouvelles alliances, et surtout, résisteront-elles aux stratégies mises en œuvre par le camp israélo-anglo-saxon ?

Réseau Voltaire | Mexico (Mexique) | 18 mai 2012

 
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Les catégories gauche-droite ne suffisent pas à rendre compte de la crise terminale de la globalisation financière dévorante, en cette étape où les plus radicaux, aux deux extrêmes du spectre politique, se retrouvent dans un même effort pour défendre les nations menacées de mort.

C’est ainsi que le radicalisme de droite et de gauche partagent au nom du nationalisme une triple aversion envers l’euro, rejetant l’austérité façon Merkel (fiscalisme castrateur au profit de la bancocratie parasitaire) et les recettes caduques du FMI, dont les dysfonctionnements s’accentuent.

Le Today’s Zaman (8/5/12) conclut de tout cela que la victoire de F. Hollande peut déboucher sur un coup d’arrêt à la politique d’austérité qui assombrit l’Europe depuis des années. Les électeurs ont trouvé trop amère la pilule administrée sans ménagements par Sarkozy « l’Américain ».

Quant au Wayne Madsen Report (7/5/12), il souligne la dimension européenne de la révolte citoyenne, en faisant remarquer la simultanéité de plusieurs phénomènes : pour les Français, désormais, « austérité » résonne comme un anathème ; en Serbie, c’est le parti socialiste, celui de feu Milosevic, qui décide, en totale opposition avec le FMI, qui doit gouverner ; en Grèce, on voit ressurgir à la fois l’extrême gauche et les néo-fascistes : c’est l’adieu aux partis pro-austérité ; en Italie, on s’attend à ce que la gauche anti-euro gagne les élections, tandis que les partis de droite tendent à disparaître du paysage politique ; en Allemagne, c’est le centre-gauche qui va former le gouvernement, à partir de la défaite de Merkel au Schleswig-Holstein ; et on peut ajouter qu’en Angleterre, le parti conservateur de David Cameron (allié de Merkel et chaud partisan de l’austérité pour les voisins) se retrouve fort humilié par le résultat des élections municipales.

Enfin, selon le Global Europe Anticipation Bulletin, Sarkozy, l’éphémère conquérant pétrolier de Benghazi, subit une putréfaction galopante : GEAB (16/4/12) ne cite pas moins de 11 méga-scandales relevant de l’escroquerie financière, sur lesquels la justice se penche, le plus spectaculaire étant le fait d’avoir fait financer sa campagne électorale précédente par Kadhafi lui-même, qui se venge en ce moment depuis l’au-delà.

Dans le résultat des élections françaises, GEAB discerne une révolte de la province contre les élites parisiennes. De fait, le PS l’a emporté à Paris, mais son succès repose en partie sur la fronde de la France profonde : la conjugaison des sarkophobies de Marine Le Pen (l’extrême droite), de François Bayrou (le centre-droit), et de Jean-Luc Mélenchon (l’extrême-gauche). GEAB fustige le désert intellectuel d’élites mercenaires et castrées. Mais le décervelage efficacement lubrifié, n’est-ce pas là justement un effet de la dévoration par le financiarisme globalisé ?

Il prédit que Merkel, qui dépend du soutien du Parti Social-démocrate et des Verts, sera forcée d’accepter le nouveau pacte de croissance de Hollande. Il entrevoit, pour la fin de l’année, le lancement de bons en euros et d’un emprunt public superlatif (l’emprunt Charlemagne) pour la zone euro, à hauteur de 500 milliards d’euros à 10 ans, avec un taux d’intérêt de 5 %, garanti par le système monétaire européen, avec deux objectifs : diminuer le niveau de la dette dans la zone euro en-dessous du seuil de 30 % de la dette souveraine, afin de marginaliser l’influence des marchés financiers internationaux contrôlés par Wall Street et la City, et stimuler la croissance de la zone euro au moyen d’investissements structurels en infrastructures (transport public, éducation, recherche, santé, etc)… juste le contraire de ce que recommande le néolibéralisme.

Il considère à juste titre que la victoire de Hollande va relancer l’attaque anglo-saxonne contre les pays vulnérables de la zone euro, les « PIGS » méprisés (Portugal, Italie, Irlande, Grèce, Espagne) alors même que la situation financière et économique de la Grande-Bretagne ne cesse de se détériorer (la récession s’aggrave sur les deux plans), et que le mirage de la reprise aux USA se dissipe.

En effet, les deux premières années, sous F. Hollande, verront s’affirmer la tendance gaulliste à l’échelle européenne (ou mitterandiste-gaulliste), c’est-à-dire la priorité stratégique donnée à l’indépendance en matière de politique étrangère ; et une nouvelle voie va s’ouvrir, celle d’une association avec les pays du BRICS. Mais la triade israélo-anglo-saxonne va-t-elle laisser la bride sur le cou aux indociles ?

La presse anglo-saxonne, dont The Economist, a relayé le « laissez-faire » d’Obama, et l’on connaît la consternation d’Israël face à la perte de son allié Sarkozy (voir DEBKA 7/5/12, qui s’est exprimé de façon obscène contre Hollande).

GEAB traite par le mépris le prochain sommet du G 20 à Los Cabos (qui, à mon avis, sera étroitement contrôlée par le financiarisme israélo-anglo-saxon), mais accorde une énorme importance au suivant, qui se tiendra à Moscou l’année prochaine, où l’on verra nettement les points de convergence Europe-Brics à l’échelle internationale (réforme du FMI et du Conseil de sécurité de l’ONU), et tout particulièrement la réforme de fond du système monétaire international (substitution du dollar US comme devise de réserve), ce qui va sérieusement aider à la gouvernabilité du monde, lorsqu’on en sera à la phase de post-crise.

GEAB considère donc, dans une perspective géopolitique qui embrasse depuis le niveau local jusqu’à l’OTAN et ses alternatives, que l’élection de F. Hollande, un socialo-gaulliste en son genre, est plus importante que les élections US, où le système politique souffre d’une paralysie générale.

À son avis, on assiste au début d’une série de soulèvements stratégiques qui vont toucher l’Europe, et qui vont donner un coup d’accélérateur aux changements géopolitiques en cours, à l’échelle du monde, depuis 2008. Même si la France est un pays moins puissant que les USA, elle occupe une position stratégique en Europe et dans le monde, ce qui lui confère un rôle prépondérant pour la suite.

Il faut rappeler que F. Hollande a déclaré sans ambages son intention d’explorer activement la possibilité d’association avec les BRICS, ce qui implique une rupture consommée avec l’intégration « charnelle » (comme disait le président Menem en Argentine avant la crise financière qui a ruiné son pays) si ardemment pratiquée par Sarkozy, dans l’axe Washington-Tel Aviv.

Or les cercles euro-centrés ajoutent au BRICS un I de plus, celui de l’Indonésie, qui a la plus grande population musulmane du monde, et qui est une puissance énergétique. L’importance géostratégique de l’Indonésie, Obama l’évalue fort bien, de même que l’ex-sous-directeur du Pentagone Paul Dunde Wolfowitz, le défenestré qui reste le tzar des néoconservateurs straussiens, et fait partie du système du népotisme bushien.

GEAB souffre d’un certain franco-centrisme, certes, et d’un angélisme certain, face aux projets de balkanisation maligne de la triade israélo-anglo-saxonne.

Mais d’un autre côté, mes sources européennes m’assurent que le Vatican voit d’un très bon œil le rapprochement catholique avec le BRICS, afin d’en finir avec le paganisme hyper-matérialiste de la pernicieuse spéculation financiariste, celui des Shylocks post-modernes des deux côtés de l’Atlantique nord.

Traduction
Maria Poumier

Source
La Jornada (Mexique)
#La Jornada (Mexique)

Alfredo Jalife-Rahme

Alfredo Jalife-Rahme Professeur de Sciences politiques et sociales à l’Université nationale autonome du Mexique (UNAM). Il publie des chroniques de politique internationale dans le quotidien La Jornada et l’hebdomadaire Contralínea. Dernier ouvrage publié : El Hibrido Mundo Multipolar : un Enfoque Multidimensional (Orfila, 2010).

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Crisis ministerial en el Perú por los errores en la represión al senderismo

Humala defiende a su ala derecha

El presidente peruano removió a sus ministros del Interior y de Defensa para evitar la censura del Congreso, pero no incorporó nuevas caras y dio a entender que seguirá la política represiva contra los movimientos sociales.

Por Carlos Noriega
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Humala con los nuevos ministros de Defensa, José Urquizo; Interior, Wilver Calle, y Producción, Gladys Triveño.

Desde Lima

Un cambio para que todo siga igual es la frase con la que se pueden resumir los cambios ministeriales realizados por el presidente Ollanta Humala, obligado por la crisis política que hizo rodar las cabezas de sus ministros del Interior y de Defensa. Para cubrir los cargos de los dos ministros que dimitieron el jueves para evitar la censura del Congreso por los errores en las operaciones militares y policiales contra la guerrilla de Sendero Luminoso, el presidente Humala no incorporó a nuevas figuras al gabinete, sino que optó por mover algunas fichas dentro de su equipo ministerial. Hubo rotación, antes que cambio. Y en esa decisión de no cambiar, a pesar de la obligada sustitución de dos ministros por la presión del Congreso, Humala decidió mantener en el puesto a su cuestionado primer ministro, el general en retiro Oscar Valdés, seriamente debilitado por la reciente crisis ministerial y por su incapacidad para manejar las protestas sociales, que en los últimos meses han dejado nueve muertos.

Los nuevos nombramientos en Interior y Defensa han sido cuestionados por diversos sectores. La rotación entre los miembros del equipo ministerial puso en el Ministerio de Defensa al hasta ayer ministro de la Producción, José Urquizo, quien, a su vez, fue reemplazado en Producción por su viceministra de Pequeña y Microempresa, Gladys Triveño. En Interior fue nombrado el general del ejército en retiro Wilver Calle, quien era el viceministro de Defensa. No habían terminado de recibir los saludos protocolares después de su jura en el Palacio de Gobierno, el lunes en la noche, cuando Urquizo y Calle ya comenzaban a recibir las primeras críticas.

El general Wilver Calle fue viceministro del renunciante titular de Defensa, Luis Alberto Otárola, obligado a dejar el cargo por los desaciertos en las operaciones conjuntas del ejército y la policía frente a Sendero Luminoso, y como tal fue parte central del equipo que cometió los errores que precipitaron la crisis ministerial. Sin embargo, ahora asume como ministro del Interior, cargo desde el cual tendrá un rol clave en este tema. También se ha criticado a Humala por entregarle la cartera del Interior a un militar.

José Urquizo, el nuevo ministro de Defensa, había enfrentado en las últimas semanas duras críticas por su gestión como titular de Producción, cargo que había asumido en diciembre pasado. Su viceministra de Pesquería, Patricia Majluf, renunció hace unos días acusándolo públicamente de haber cedido ante las presiones de las grandes empresas pesqueras y no proteger los recursos marinos. Una reciente huelga de pescadores artesanales dejó dos muertos.

“Este es un cambio que expresa la menor voluntad de cambio posible. Es un enroque dentro de la casa que no anuncia ningún cambio de política en el tema que generó la crisis (los errores en la estrategia frente a la guerrilla de Sendero Luminoso). No hay una reconocimiento de los errores cometidos y de la magnitud de la crisis”, le señaló a Página/12 Carlos Monge, historiador e investigador principal del Centro de Estudios y Promoción del Desarrollo (Desco).

A los cuestionamientos a los nuevos ministros del Interior y de Defensa se suman las críticas a la decisión del presidente Humala de mantener al desgastado general Oscar Valdés como jefe del gabinete ministerial. El general Valdés fue nombrado en diciembre primer ministro –antes había sido ministro del Interior–, en medio de la crisis por las protestas campesinas contra un proyecto minero de la transnacional Yanacocha por su alto costo ambiental, y asumió el cargo con un discurso de mano dura frente a las protestas sociales, cerró el diálogo con las organizaciones sociales y se la ha jugado en defensa del rechazado proyecto minero de Yanacocha. En los últimos meses, la represión a las protestas sociales ha dejado nueve muertos.

Un sector de la alianza gubernamental, integrado por los grupos y personalidades de izquierda, ha exigido públicamente la salida de Valdés, pero la derecha más dura, encabezada por el fujimorismo, y los gremios empresariales respaldan la continuidad del cuestionado general, que hace poco se declaró admirador del “pragmatismo” del ex dictador Alberto Fujimori, a quien ven como figura importante en la derechización del gobierno y como garante para una respuesta represiva a las protestas sociales. Humala, que cada vez aparece más alejado de sus aliados de izquierda, ha decidido jugársela por la continuidad de su primer ministro, y también por la continuidad de una política económica que poco o nada tiene que ver con las promesas de cambio de la campaña electoral. En esas circunstancias, una división de la alianza oficialista, con la salida del sector progresista, parece ser cuestión de tiempo. La continuidad de Valdés al frente del gabinete puede acelerar esa ruptura.

“La permanencia de la izquierda en el gobierno es insostenible porque discrepan con todas las políticas que está siguiendo el gobierno, que ha traicionado las propuestas de cambio que apoyó la izquierda. Me parece que esa ruptura es inevitable. La pregunta es en qué momento se va a dar”, opina Carlos Monge.

 

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Tania Peña (PL)
 

Tras un año de intensas movilizaciones y luego de una aparente tregua en la arrancada del 2012, el movimiento estudiantil chileno volvió de nuevo a las calles. La marcha de la última semana por la Alameda, a la que asistieron más de 100 mil personas, da cuenta del recobrado vigor de la lucha contra la educación de mercado.

«Secundarios, universitarios y profesores estamos unidos en la misma lucha para terminar de una vez por todas con la real herencia de la dictadura, que es este sistema educativo segregador, que discrimina a los más pobres», manifestó Gabriel Boric, portavoz de la Confederación de Estudiantes de Chile (Confech).
 
Nos dijeron que la educación tenía que ser entendida como un bien de consumo y no como un derecho social, nos dijeron que había una educación para ricos y otra para pobres, y nosotros decimos que ese modelo fracasó, enfatizó.
 
Según Manuel Riesco, del Centro de Estudios Nacionales de Desarrollo Alternativo, en Santiago, el costo promedio de una carrera universitaria en Chile se encuentra por encima de los cuatro mil dólares anuales. Esa cifra, graficó, es equiparable al ingreso mensual promedio de la familia chilena de mayor poder adquisitivo.
 
Los de menos posibilidades, que son la mayoría, perciben un ingreso mensual de unos 275 dólares, por lo que están obligados a emplear casi 20 meses de salario para costear un solo año de universidad de uno de los integrantes del grupo familiar.
 
Ciertamente las familias chilenas viven endeudadas para que sus hijos puedan estudiar en un país con la educación más cara del mundo.
 
Los estudiantes están tratando de que sus padres cambien la forma de pensar mercantil, expresó al respecto la vocera de los estudiantes secundarios, Eloísa González.
 
En Chile, señaló, impera un criterio mercantil y empresarial para todo. El objetivo siempre es el lucro y no la solución de los problemas de la gente, fundamentó.
 
En esa lógica mercantilista se inscriben las diferentes fórmulas crediticias como vías de financiamiento de la educación.
 
Verbigracia, el llamado Crédito con Aval del Estado (CAE), fue creado durante el gobierno de Ricardo Lagos en 2006 y defendido entonces como única forma de financiamiento posible para los estudiantes de escasos recursos que deseaban acceder a la educación superior.
 
El CAE financiaba hasta en un 100 por ciento el arancel de las carreras y daba un plazo para pagar de entre 10 a 20 años a los estudiantes con una tasa de interés del seis por ciento.
 
Se estima que por ese concepto los bancos se han embolsillado unos 550 millones de dólares, «financiando» la educación universitaria de miles de jóvenes, cuyas familias no podrían haber pagado los altos aranceles del sistema de educación superior más caro del mundo, comentó un reciente análisis publicado en Red Diario Digital de Chile.
 
El enriquecimiento de la banca privada, a través del mercado de los créditos universitarios, ha sido solo un exceso más del sistema, apuntó sin embargo la carismática líder universitaria Camila Vallejo.
 
De ahí el recelo del movimiento estudiantil, cuando en fecha reciente el ministro de Educación, Harald Beyer, anunció un nuevo sistema de financiamiento para la enseñanza universitaria a través de una agencia especializada y que implicaría la salida de los bancos del sistema de créditos estudiantiles.
 
«En términos exactos significa que los fondos se originan en el Estado y los bancos dejan de financiar la educación superior, tanto la pública como la privada», destacó el ministro a la prensa en el Palacio de La Moneda.
 
La iniciativa gubernamental fue recibida con cautela por los voceros de la Confederación de Estudiantes de Chile.
 
En conversación con el Canal 24 Horas de la televisión chilena, Boric afirmó que habrá que estudiar con detalle la propuesta, «porque estamos acostumbrados a la letra chica del Gobierno».
 
Aplaudió sacar a la banca privada del sistema de financiamiento, pero acotó que «no es lo fundamental». Se sigue hablando de créditos y no de gratuidad, lamentó.
 
Los dirigentes estudiantiles concordaron que la medida es fruto de las movilizaciones estudiantiles, pero la consideraron insuficiente al preservar la educación de mercado.
 
Camila llamó la atención en cómo se reafirmaba el lucro, al no eliminarlo en el conjunto del sistema educacional.
 
Concretamente, no se resuelven las demandas centrales del movimiento estudiantil a lo largo del año 2011: educación de calidad, recuperación de la educación pública, no más lucro con la educación, recalcaron los dirigentes juveniles.
 
También temieron buscara apagar el movimiento estudiantil. «Claramente es una solución parche que podrá durar momentáneamente, pero es tremendamente injusto porque se está subsidiando a la banca, a las empresas que ya han lucrado con los alumnos», planteó el presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica, Noam Titelman.
 
El Crédito con Aval de Estado es una de las principales razones por las que universidades con fines de lucro y de mala calidad han podido expandirse, anotó.
 
En consecuencia, a sólo horas de la tercera rendición de cuenta anual del gobierno de Sebastián Piñera, los estudiantes mantienen la misma postura del 2011, de no aceptar salvaguardas o maquillajes en el modelo neoliberal.
 
«Queremos cambiar que el destino de nuestras vidas esté condicionado por la cuna donde nacimos», declaró Gabriel Boric ante una multitudinaria concentración el 16 de mayo que coreaba insistentemente: «Y va a caer, y va a caer, la educación de Pinochet».
 
Dos días antes, el cantante argentino Fito Páez, de visita en Chile para promover su gira «20 años después del amor», calificó al movimiento estudiantil chileno como una de las cosas más importantes que han pasado en el mundo en los últimos tiempos.
 
«La educación no es privatizable, no puede tener tarifa, no puede tener precio», sentenció Páez.

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América Latina: ¿Hacia dónde van los gobiernos de izquierda y progresistas?

 

Roberto Regalado (ALAI)
 

El auge de los movimientos sociales y la elección de gobiernos de izquierda y progresistas, son dos de los grandes acontecimientos ocurridos en América Latina en las postrimerías del siglo XX y los albores del XXI. Pese a la aún hoy no resuelta tensión entre «lo social» y «lo político», es decir, entre las formas de organización y lucha social, y las formas de organización y lucha política, la relativa convergencia de ambas fue la que contuvo y desaceleró la avalancha reaccionaria que azotó a la región en las décadas de 1980 y 1990, festín de la concentración y transnacionalización de la riqueza y el poder político, con su correlato de agravamiento de la pobreza, la miseria y la exclusión social.

Cuando en el mundo se enseñoreaban el desconcierto y el abatimiento provocados por el colapso de los paradigmas comunista y socialdemócrata europeos, en América Latina, la irrupción de los nuevos movimientos sociales y la determinación de un amplio espectro de fuerzas políticas de izquierda de emprender lo que se conoció como búsqueda de alternativas al capitalismo neoliberal, abrieron nuevos caminos en sustitución de los que cerraban. Por esos caminos hemos avanzado desde entonces, pero al adentrarnos en segunda década del siglo XXI, ya no basta con hablar de «nuevos» movimientos ni de «búsqueda» de alternativas.
 
En rigor, los llamados nuevos movimientos sociales surgen en los años sesenta (¡hace ya más de cinco décadas!) en los Estados Unidos, Europa Occidental y América Latina, con características derivadas de la situación de cada región. En la nuestra, su identificación y reconocimiento generalizado como tales data de los años ochenta (hace ya más de tres décadas) porque hasta entonces habían estado entre-mezclados con los movimientos clandestinos e insurgentes surgidos bajo el influjo de la Revolución Cubana. Ese es el momento en el cual: 1) el cambio en la situación internacional y regional provoca el declive de la lucha armada, y relega a las organizaciones sociales y políticas tradicionales a planos secundarios y hasta marginales; 2) los nuevos movimientos sociales demuestran ser inmunes al efecto de la crisis terminal del «socialismo real» y el advenimiento del mundo unipolar; y, 3) se evidencia su condición de protagonistas principales de la lucha contra el neoliberalismo y contra las más diversas formas de opresión, explotación y discriminación. En lo referente a los gobiernos de izquierda y progresistas, a más de trece años de la victoria de Hugo Chávez en la elección presidencial venezolana de 1998, ya son diez los existentes en América Latina continental, parte de los cuales está en su tercer período consecutivo, otra en el segundo y el resto en el primero.
 
Es conocido que los procesos históricos, como el tránsito de una formación económico social a otra, por ejemplo, del feudalismo al capitalismo, tardan siglos y atraviesan por etapas de avance y retroceso. No está de más recordar los setenta y cuatro años en la fracasada experiencia de la Unión Soviética. Visto desde esta perspectiva, las cinco décadas transcurridas desde el nacimiento de los «nuevos» movimientos sociales, las tres décadas transcurridas desde que se les reconoce como tales en América Latina, y el poco más de una década transcurrido desde el inicio de la elección de los gobiernos latinoamericanos de izquierda y progresistas, son lapsos incomparablemente breves. Pero, desde otra perspectiva, en esos largos procesos históricos se abren y cierran «ventanas de oportunidad», cuyo aprovechamiento los acelera y cuyo desperdicio los derrota o, al menos, los retrasa. Es en esta perspectiva en la que tenemos que ubicarnos.
 
Marx afirmaba que capital que no crece, muere. En forma análoga podemos decir que proceso de transformación social revolucionaria o de reforma social progresista que no avanza, muere: abre flancos a la desestabilización del imperialismo y la derecha local, y fomenta la desmovilización, el voto de castigo y la abstención de castigo de los sectores populares defraudados. Por eso es que debemos preguntarnos en qué medida los «nuevos» movimientos sociales, que en los años sesenta, setenta, ochenta y noventa estuvieron a la altura de las circunstancias, se han convertido en movimientos social-políticos, es decir, han logrado desarrollar la vocación y la capacidad de luchar por una transformación social revolucionaria. Y también, por las mismas razones, debemos preguntarnos si los actuales gobiernos de izquierda y progresistas están enrumbados hacia la edificación de sociedades «alternativas» o si serán un paréntesis que, en definitiva, contribuya al reciclaje de la dominación del capital. El objetivo de estas preguntas no es calificar o descalificar a una u otra fuerza política o social-política, o a uno u otro gobierno de izquierda o progresista, sino recordar una sentencia del siglo XX que no pierde vigencia en el XXI: sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario.
 
Como es lógico, entre la izquierda de épocas anteriores y la actual, hay similitudes y diferencias. Una similitud es que, como ocurrió de manera periódica en los siglos XIX y XX, el comienzo de una nueva etapa histórica obliga a la izquierda a formular nuevos objetivos, programas, estrategias y tácticas. Una diferencia es que, tanto las corrientes revolucionarias, como las corrientes reformistas del movimiento obrero y socialista nacido en el siglo XIX, habían elaborado y debatido sus respectivos proyectos políticos mucho tiempo antes de que la Revolución Bolchevique en Rusia (1917) y la elección del primer ministro laborista Ramsey McDonald en Gran Bretaña (1924), llevaran al gobierno, por primera vez, a representantes de una y otra, mientras que la izquierda latinoamericana actual llegó al gobierno sin haber elaborado los suyos. La izquierda latinoamericana llega al gobierno sin descifrar la clave para dar el salto de la reforma social progresista a la transformación social revolucionaria, sin la cual quedará atrapada en el mismo círculo vicioso de reciclaje del capitalismo concentrador y excluyente que la socialdemocracia europea. Este es el problema pendiente: construir la imprescindible sinergia entre teoría y praxis revolucionaria.
 
Los denominados gobiernos de izquierda y progresistas electos en América Latina desde finales de la década de 1990, son en realidad gobiernos de coalición en los que participan fuerzas políticas de iz-quierda, centroizquierda, centro e incluso de centroderecha. En algunos, la izquierda es el elemento aglutinador de la coalición y en otros ocupa una posición secundaria. Cada uno tiene características particulares, pero es posible ubicar a los más emblemáticos en dos grupos. Estos son: a) gobiernos electos por el quiebre o debilitamiento extremo de la institucionalidad democrático neoliberal, como ocurrió en Venezuela, Bolivia y Ecuador; y, b) gobiernos electos por acumulación política y adaptación a las reglas de juego de la gobernabilidad democrática, caracterización aplicable a Brasil y Uruguay. Además, están los casos de Nicaragua, El Salvador, Paraguay, Argentina y Perú, sobre los cuales el espacio no nos permite siquiera unas escuetas palabras de referencia.
 
¿Cómo se explica la elección de gobiernos de izquierda y progresistas en el mundo unipolar donde imperan la injerencia y la intervención imperialista?
 
Se explica por cuatro razones fundamentales, tres de ellas positivas y una negativa. Las positivas son:
 
1. El acumulado de lucha de las fuerzas populares libradas en la etapa abierta por el triunfo de la Revolución Cubana, en la cual, aunque no alcanzaron los objetivos máximos que se habían planteado, demostraron una voluntad y capacidad de combate que obligó a las clases dominantes a reconocerles los derechos políticos que les estaban negados.
 
2. La lucha en defensa de los derechos humanos que forzó la suspensión del uso de la violencia más descarnada como mecanismo de dominación.
 
3. El aumento de la conciencia, la organización y la movilización social y política registrado en la lucha contra el neoliberalismo, que sienta las bases para la participación política y electoral de los sectores antes marginados.
 
Como contraparte, la razón negativa es la apuesta del imperialismo norteamericano a que la unipolaridad le permitiría someter a los países latinoamericanos a los nuevos mecanismos transnacionales de dominación, motivo por el cual dejó de oponerse de oficio a todo triunfo electoral de la izquierda, como había hecho históricamente. A todo lo anterior debe agregarse un factor volátil: el voto de castigo a las fuerzas políticas de derecha por los efectos socioeconómicos de la reestructuración neoliberal, es decir, un voto no ideológico, ni político, y mucho menos cautivo de la izquierda, que ésta puede perder si su ejercicio de gobierno no satisface las expectativas.
 
¿Por qué fuerzas políticas y social-políticas de la izquierda latinoamericana llegan al gobierno sin siquie-ra haber esbozado las líneas gruesas de sus proyectos estratégicos o, aún peor, en algunos casos sacrifican sus proyectos estratégicos para llegar al gobierno?
 
Ello es resultado de cuatro factores que ejercen una influencia determinante en las condiciones y carac-terísticas de las luchas populares en el subcontinente:
 
1. El salto de la concentración nacional a la concentración transnacional de la propiedad, la pro-ducción y el poder político (la llamada globalización), ocurrido en la década de 1970, tras un proceso de acumulación de premisas finales que se desarrolla durante la segunda posguerra mundial, que cambia la ubicación de América Latina en la división internacional del trabajo y modifica la estructura socioclasista.
 
2. La avalancha universal del neoliberalismo, de la década de 1980, desarticula las alianzas so-ciales y políticas construidas durante el período nacional desarrollista y establece las bases de la reestructuración de la sociedad y la refuncionalización del Estado sustentadas en función de la concentración y transnacionalización de la riqueza.
 
3. El derrumbe de la URSS y el bloque europeo oriental de posguerra, entre 1989 y 1991, que le imprime un impulso extraordinario a la reestructuración neoliberal, provoca el fin de la bipolari-dad estratégica, que actuó como muro de contención de la injerencia y la intervención imperia-lista en el Sur durante la posguerra y tiene un efecto negativo, a corto plazo, para la credibilidad de todo proyecto social ajeno al neoliberalismo, no solo anticapitalista, sino incluso apenas discordante con él, efecto que llega a ser devastador para las ideas de la revolución y el socialismo.
 
4. La neoliberalización de la socialdemocracia europea, en sus dos grandes vertientes, la Terce-ra Vía británica y la Comisión Progreso Global de la Internacional Socialista, en la década de 1990, que recicla la doctrina neoliberal cuando su inducida credibilidad se desploma, la encubre con una presentación humanista, «light» y «progre».
 
Téngase en cuenta que los primeros triunfos de fuerzas de izquierda y progresistas en elecciones presi-denciales latinoamericanas, el de Chávez en Venezuela (1998) y el de Lula en Brasil (2002), se producen cuando el efecto acumulado de estos factores está en su apogeo, en particular, es el momento de mayor impacto en América Latina de las ideas de la Tercera Vía y la Comisión Progreso Global. Esos factores combinados ejercen una influencia determinante en los gobiernos de Brasil, Uruguay, Argentina y otros, y una influencia menos evidente, pero también efectiva, en los de Venezuela, Bolivia y Ecuador.
 
Tras el derrumbe de la URSS, el desaparecido dirigente revolucionario salvadoreño Schafik Hándal empezó a repetir una idea que parece simplona, pero es más profunda que un sinnúmero de doctas reflexiones: «Habrá socialismo –decía Schafik– si la gente quiere que haya socialismo». Las preguntas que se derivan de esta idea son: ¿Quiere que haya socialismo la gente de Venezuela, Bolivia, Ecuador, los países cuyos procesos políticos se corresponden con la definición de revolución entendida como acumulación de rupturas sucesivas con el orden vigente? ¿Quiere que haya socialismo la gente de Brasil, Uruguay, Nicaragua u otros países latinoamericanos gobernados por fuerzas de izquierda o progresistas? A estas preguntas tenemos que añadir otras: ¿sabe la gente de esos países qué es socialismo? ¿Comparten los líderes de esos países nuestro concepto de socialismo que, al margen de las diferentes condiciones, características, medios, métodos y vías, implica la abolición de la producción capitalista y del sistema de relaciones sociales que se erige a partir de ellas y en función de ellas? ¿Hay en esos procesos fuerzas políticas capaces de concientizar a la gente para que quiera que haya socialismo? ¿Lo están haciendo? Todas estas preguntas son cruciales, pero las definitorias son las dos últimas.
 
Planteada en términos teóricos, la idea, en apariencia simplona, de Schafik implica que para avanzar en dirección al socialismo los procesos de reforma o transformación social de signo popular que hoy se desarrollan en América Latina necesitan: teoría revolucionaria; organización revolucionaria; bloque social revolucionario, basado en la unidad dentro de la diversidad; y solución del problema del poder, este último entendido como la concentración de la fuerza imprescindible para producir un cambio efectivo de sistema social. Podemos hablar de protoformas de esos cuatro elementos en Venezuela, Bolivia y Ecuador, y quizás en algunos otros gobernados por fuerzas de izquierda y progresistas, pero en ninguno se puede hablar de formas acabadas.
 
Nada de esto es nuevo. De todo ello habla desde hace años y, quizás, hasta de manera sobredimensionada, porque a esos elementos se atribuye el papel determinante en la formación de la identidad del futuro socialismo latinoamericano. Sin dudas, su papel será crucial, pero lo determinante es cómo, cuándo, dónde y en qué condiciones tendrá lugar el acceso al poder político, sea mediante su conquista o construcción. Sin estas respuestas, no puede hablarse de Socialismo del Siglo XXI, Socialismo en el Siglo XXI, Vivir Bien, Buen Vivir, o cualquier noción similar, más que como una utopía realizable de contornos aún muy difusos.
 
– Roberto Regalado es Doctor en Ciencias Filosóficas, profesor-investigador del Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos (CEHSEU) de la Universidad de La Habana y coordinador de varias colecciones de la editorial Ocean Sur. En este artículo se esbozan algunas ideas contenidas en su libro La izquierda latinoamericana en el gobierno: ¿alternativa o reciclaje?, Ocean Sur, México D.F. 2012 (259 pp.).
 

Este texto es parte de la revista “América Latina en Movimiento”, No 475, correspondiente a mayo de 2012 y que trata sobre «América Latina: Las izquierdas en las transiciones políticas”.

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ACTA
 

Con la presencia de representantes de gremios de la energía de Uruguay, Perú y Venezuela finalizó en la sede del sindicato de Luz y Fuerza de Mar del Plata el Congreso sobre Crisis Energética y Soberanía organizado por Fetera. ACTA publica la Declaración de Mar del Plata que llama a seguir luchando por recuperar la soberanía energética en toda América Latina.

«Reunidos en la sede del Sindicato de Luz y Fuerza de Mar del Plata y convocados por FeTERA, los abajo firmantes realizamos un Encuentro sobre la Crisis Energética y la necesidad de continuar el debate por la Soberanía Energética. Nuestra convicción es que el tema sigue siendo un desafío para los trabajadores, y especialmente para los pueblos de Nuestramérica.
 
«Nuestro debate comenzó por el análisis y caracterización de la crisis mundial del capitalismo. Reconocimos que es un error radicar la crisis en los países capitalistas desarrollados, imaginando que la misma no existe en nuestros países. La crisis es global. Es más, el crecimiento económico de la región se explica principalmente por el crecimiento de los precios de los bienes primarios producidos y exportados por nuestros países, lo que transforma a Nuestramérica en proveedora de recursos naturales demandados por los países capitalistas desarrollados: petróleo, gas, tierra, agua, cobre, oro, litio, alimentos (soja principalmente), etc. Nuestramérica resulta así, nuevamente funcional a las necesidades del capitalismo mundial.
 
La crisis energética es parte de la crisis mundial, que es financiera, económica, alimentaria, medioambiental; es sistémica, estructural y convoca a un debate civilizatorio de carácter inmediato. Ello supone discutir el paradigma productivo sustentado en los hidrocarburos. El análisis en torno al cénit petrolero nos obliga a discutir sobre los cambios en los procesos productivos. Esos cambios están en el centro del debate mundial, especialmente cuando el poder económico y político en el mundo discutirá en nuestra región los mecanismos de salida de la crisis actual. Tanto el G-20 en Los Cabos, México; y Río+20 en Río de Janeiro, Brasil, serán ámbitos de discusión (en junio del 2012) sobre nuevas formas de relanzamiento del capitalismo en crisis, que solo trae mayor explotación a los trabajadores, depredación del ambiente y nos convoca a generar las condiciones necesarias para pasar de la resistencia a la ofensiva de los trabajadores y construir una nueva sociedad.
 
Rechazamos las propuestas en el G-20 y en Río+20, que aluden a una economía verde, un capitalismo verde, con empleos verdes, que es una forma de apropiar el legado de lucha de los pueblos por el medio ambiente.
 
En la propuesta de las clases dominantes, el imperialismo y las transnacionales, tienen por objeto continuar con los procesos de superexplotación de la fuerza de trabajo y los bienes comunes, los recursos naturales abundantes en nuestramérica bajo el vocablo “sustentable”. Nos hablan de sustentabilidad cuando el modelo productivo y de desarrollo capitalista potencia la destrucción de la naturaleza; nuestro hábitat. Todo por la ganancia. En nuestro debate llamamos la atención sobre la propuesta “desarrollo sustentable”, pues la realidad es la destrucción a que nos lleva la producción capitalista. Por eso, la crisis no trata de recesión o de crecimiento, sino de los beneficiarios de la producción y distribución de la riqueza socialmente creada.
 
En ocasión de la Cumbre de los Pueblos realizada en Mar del Plata en noviembre del 2005, donde quedaron enterradas las pretensiones del imperialismo estadounidense de anexar a los países de Sudamérica al ALCA, se organizó un Foro Regional de Energía. Allí establecimos determinados lineamientos que aún tienen plena vigencia: “tender hacia la búsqueda de recuperar y afianzar la denominada soberanía de la renta energética. Asegurar el control de los recursos del sector en manos estatales, con participación de trabajadores y usuarios en su gestión”. Y colocábamos cinco puntos cómo propuestas a desarrollar, que hoy ratificamos.
 
A saber:
 
1. La lucha por servicios públicos estatales, con control de organizaciones de usuarios, ambientalistas y de trabajadores, es fundamental para lograr una energía al servicio de la gente.
 
2. Elaborar una matriz energética, consecuente con el desarrollo de los pueblos del continente.
 
3. Tener servicios públicos estatales accesibles, universales, para todos nuestros habitantes. Que no se vean desvirtuados por tercerizaciones, gerenciamientos, concesiones y otras formas de privatización encubiertas.
 
4. Exigir que se respete la voluntad soberana de los pueblos, que a través de vías plebiscitarias presionen para que sus recursos naturales y servicios básicos sean patrimonio de sus respectivas naciones.
 
5. Construir la alternativa latinoamericana de un bloque de integración económica, que enfrente los acuerdos de sometimiento, que expresa el ALCA y los Tratados Bilaterales de Inversión.
 
Por todo lo dicho proponemos:
 
1. Adherir a las iniciativas populares de movilización hacia Río+20, en las jornadas de protesta del 5 y 20 de junio próximo. Llamamos a sumar a los trabajadores de la energía y a los pueblos a las diferentes movilizaciones que se convoquen en Nuestramérica.
 
2. La energía es un problema de todos. Es un bien social, no es un “comodities”, ni una mercancía. La energía es un derecho humano y solo se puede acceder a una vida digna si se tiene acceso al agua, a la electricidad y al gas.
 
3. Manifestamos nuestra solidaridad con los pueblos de Argentina y Bolivia. Reivindicamos la lucha popular que llevó a la expropiación parcial de YPF en Argentina, a la nacionalización de la Empresa Eléctrica Española en Bolivia, y al proceso de luchas por las re estatizaciones en la región, lo que desafía a los trabajadores y a los pueblos a profundizar el proceso de apropiación de las empresas públicas privatizadas en décadas anteriores.
 
Al tiempo que reconocemos el papel de nuestra lucha contra las privatizaciones, pretendemos discutir el modelo productivo y de desarrollo, es decir, ¿para qué el petróleo, la electricidad, el gas, o cualquier fuente de energía?
 
Eso supone construir un modelo productivo y de desarrollo alternativo sustentado en la satisfacción de las necesidades de nuestros pueblos.
 
4. La integración de Nuestramérica es el desafío. No hay solución “nacional” aislada. Es imprescindible la integración cultural, social, política, productiva, y la urgente organización de variadas iniciativas propuestas en estos años: Petroamérica, Banco del Sur, ALBA, Nueva arquitectura financiera; tanto como procesos de integración que excluyen a EEUU y Canadá, como UNASUR y CELAC.
 
5. Establecer un compromiso para realizar acciones concretas que fortalezcan el accionar de los sindicatos y organizaciones de trabajadores y de los pueblos relativo a la ENERGÍA. El objetivo es recuperar el internacionalismo solidario entre los pueblos en la práctica concreta en defensa de nuestros intereses.
 
6. Proponer al Vº Encuentro Sindical Nuestra América, ESNA, que adopte esta Declaración de Mar del Plata, como parte de las consideraciones y conclusiones del cónclave a realizarse en México el próximo 21 al 23 de mayo del 2012.
 
Somos solidarios con la lucha del Sindicato Mexicano de Electricistas, el SME, organizadores del Vº ESNA y luchadores consecuentes por sus derechos laborales y ciudadanos en defensa de la energía como derecho para todos.
 
Mar del Plata, 17 de mayo de 2012
 
Firman la declaración
 

Bernardino Fernández, de la Mesa Directiva de AUTE, Sindicato Eléctrico de Uruguay, PIT-CNT. Gabriel Portillo, responsable de la Comisión de Programa e Internacionales de AUTE, PIT-CNT, Uruguay. Tony León Rojas, Secretario General del Sindicato Nacional de los Trabajadores del Ministerio de Petróleo y Minería, CSBT, Venezuela. Grimaldo Carbajal Noreña, Secretario de Defensa del Sindicato de Trabajadores de Electrolima, Empresa Concesionarias Eléctricas y Afines, SUTEECEA, CGTP, Perú. José Rigane, Secretario General de la Federación de Trabajadores de la Argentina, FeTERA – CTA. Julio C. Gambina, Presidente de la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas, FISYP, Argentina.

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PLUTONOMÍA Y PRECARIADO: EL DECLIVE DE LA ECONOMÍA ESTADOUNIDENSE
por Noam Chomsky
El movimiento “Ocupemos” ha experimentado un desarrollo estimulante. Hasta donde mi memoria alcanza, no ha habido nunca nada parecido. Si consigue reforzar sus lazos y las asociaciones que se han creado en estos meses a lo largo del oscuro período que se avecina –no habrá victoria rápida– podría protagonizar un momento decisivo en la historia de los Estados Unidos.

La singularidad de este movimiento no debería sorprender. Después de todo, vivimos una época inédita, que arranca en 1970 y que ha supuesto un auténtico punto de inflexión en la historia de los Estados Unidos. Durante siglos, desde sus inicios como país, fueron una sociedad en desarrollo. Que no lo fueran siempre en la dirección correcta es otra historia. Pero en términos generales, el progreso supuso riqueza, industrialización, desarrollo y esperanza. Existía una expectativa más o menos amplia de que esto seguiría siendo así. Y lo fue, incluso en los tiempos más oscuros.

Tengo edad suficiente para recordar la Gran Depresión. A mediados de los años 30, la situación era objetivamente más dura que la actual. El ánimo, sin embargo, era otro. Había una sensación generalizada de que saldríamos adelante. Incluso la gente sin empleo, entre los que se contaban algunos parientes míos, pensaba que las cosas mejorarían. Existía un movimiento sindical militante, especialmente en el ámbito del Congreso de Organizaciones Industriales. Y se comenzaban a producir huelgas con ocupación de fábricas que aterrorizaban al mundo empresarial –basta consultar la prensa de la época-. Una ocupación, de hecho, es el paso previo a la autogestión de las empresas. Un tema, dicho sea de paso, que está bastante presente en la agenda actual. También la legislación del New Deal comenzaba a ver la luz a resultas de la presión popular. A pesar de que los tiempos eran duros, había una sensación, como señalaba antes, de que se acabaría por “salir de la crisis”.

Hoy las cosas son diferentes. Entre buena parte de la población de los Estados Unidos reina una marcada falta de esperanza que a veces se convierte en desesperación. Diría que esta realidad es bastante nueva en la historia norteamericana. Y tiene, desde luego, una base objetiva.

La clase trabajadora

En los años 30’ del siglo pasado los trabajadores desempleados podían pensar que recuperarían sus puestos de trabajo. Actualmente, con un nivel de paro similar al existente durante la Depresión, es improbable, si la tendencia persiste, que un trabajador manufacturero vaya a recuperar el suyo. El cambio tuvo lugar hacia 1970 y obedece a muchas razones. Un factor clave, bien analizado por el historiador económico Robert Brenner, fue la caída del beneficio en el sector manufacturero. Pero también hubo otros. La reversión, por ejemplo, de varios siglos de industrialización y desarrollo. Por supuesto, la producción de manufacturas continuó del otro lado del océano, pero en perjuicio, y no en beneficio, de las personas trabajadoras. Junto a estos cambios, se produjo un desplazamiento significativo de la economía del ámbito productivo –de cosas que la gente necesitara o pudiera usar- al de la manipulación financiera. Fue entonces, en efecto, cuando la financiarización de la economía comenzó a extenderse.

Los bancos

Antes de 1970, los bancos eran bancos. Hacían lo que se espera que un banco haga en una economía capitalista: tomar fondos no utilizados de una cuenta bancaria, por ejemplo, y darles una finalidad potencialmente útil como ayudar a una familia a que se compre una casa o a que envíe a su hijo a la escuela. Esto cambió de forma dramática en los setenta. Hasta entonces, y desde la Gran Depresión, no había habido crisis financieras. Los años cincuenta y sesenta fueron un período de gran crecimiento, el más alto en la historia de los Estados Unidos y posiblemente en la historia económica. Y fue igualitario. Al quintil más bajo de la sociedad le fue tan bien como al más alto. Mucha gente accedió a formas de vida más razonables –de “clase media”, como se llamó aquí, de “clase trabajadora”, en otros países–. Los sesenta, por su parte, aceleraron el proceso. Tras una década un tanto sombría, el activismo de aquellos años civilizó el país de forma muchas veces duradera. Con la llegada de los setenta, se produjeron una serie de cambios abruptos y profundos: desindustrialización, deslocalización de la producción y un mayor protagonismo de las instituciones financieras, que crecieron enormemente. Yo diría que entre los años cincuenta y sesenta se produjo un fuerte desarrollo de lo que décadas después se conocería como economía de alta tecnología: computadores, Internet y revolución de las tecnologías de la información, que se desarrollaron sustancialmente en el sector estatal. Estos cambios generaron un círculo vicioso. Condujeron a una creciente concentración de riqueza en manos del sector financiero, pero no beneficiaron a la economía (más bien la perjudicaron, al igual que a la sociedad).

Política y dinero

La concentración de riqueza trajo consigo una mayor concentración de poder político. Y la concentración de poder político dio lugar a una legislación que intensificaría y aceleraría el ciclo. Esta legislación, bipartidista en lo esencial, comportó la introducción de nuevas políticas fiscales, así como de medidas desreguladoras del gobierno de las empresas. Junto a este proceso, se produjo un aumento importante del coste de las elecciones, lo que hundió aún más a los partidos políticos en los bolsillos del sector empresarial.

Los partidos, en realidad, comenzaron a degradarse por diferentes vías. Si una persona aspiraba a un puesto en el Congreso, como la presidencia de una comisión, lo normal era que lo obtuviera a partir de su experiencia y capacidad personal. En solo un par de años, tuvieron que comenzar a contribuir a los fondos del partido para lograrlo, un tema bien estudiado por gente como Tom Ferguson. Esto, como decía, aumentó la dependencia de los partidos del sector empresarial (y sobre todo, del sector financiero).

Este ciclo acabó con una tremenda concentración de riqueza, básicamente en manos del primer uno por ciento de la población. Mientras tanto, se abrió un período de estancamiento e incluso de decadencia para la mayoría de la gente. Algunos salieron adelante, pero a través de medios artificiales como la extensión de la jornada de trabajo, el recurso al crédito y al sobreendeudamiento o la apuesta por inversiones especulativas como las que condujeron a la reciente burbuja inmobiliaria. Muy pronto, la jornada laboral acabó por ser más larga en Estados Unidos que en países industrializados como Japón o que otros en Europa. Lo que se produjo, en definitiva, fue un período de estancamiento y de declive para la mayoría unido a una aguda concentración de riqueza. El sistema político comenzó así a disolverse.

Siempre ha existido una brecha entre la política institucional y la voluntad popular. Ahora, sin embargo, ha crecido de manera astronómica. Constatarlo no es difícil. Basta ver lo que está ocurriendo con el gran tema que ocupa a Washington: el déficit. El gran público, con razón, piensa que el déficit no es la cuestión principal. Y en verdad no lo es. La cuestión importante es la falta de empleo. Hay una comisión sobre el déficit pero no una sobre el desempleo. Por lo que respecta al déficit, el gran público tiene su posición. Las encuestas lo atestiguan. De forma clara, la gente apoya una mayor presión fiscal sobre los ricos, la reversión de la tendencia regresiva de estos años y la preservación de ciertas prestaciones sociales. Las conclusiones de la comisión sobre el déficit seguramente dirán lo contrario. El movimiento de ocupación podría proporcionar una base material para tratar de neutralizar este puñal que apunta al corazón del país.

Plutonomía y precariado

Para el grueso de la población –el 99%, según el movimiento Ocupemos– estos tiempos han sido especialmente duros, y la situación podría ir a peor. Podríamos asistir, de hecho, a un período de declive irreversible. Para el 1% -e incluso menos, el 0,1%- todo va bien. Son más ricos que nunca, más poderosos que nunca y controlan el sistema político, de espaldas a la mayoría. Si nada se lo impide, ¿por qué no continuar así?

Tomemos el caso de Citigroup. Durante décadas, ha sido uno de los bancos de inversión más corruptos. Sin embargo, ha sido rescatado una y otra vez con dinero de los contribuyentes. Primero con Reagan y ahora nuevamente. No incidiré aquí en el tema de la corrupción, pero es bastante alucinante. En 2005, Citigroup sacó unos folletos para inversores bajo el título: “Plutonomía: comprar lujo, explicar los desequilibrios globales”. Los folletos animaban a los inversores a colocar dinero en un “índice de plutonomía”. “El mundo –anunciaban- se está dividiendo en dos bloques: la plutonomía y el resto”.

La noción de plutonomía apela a los ricos, a los que compran bienes de lujo y todo lo que esto conlleva. Los folletos sugerían que la inclusión en el “índice de plutonomía” contribuiría a mejorar los rendimientos de los mercados financieros. El resto bien podía fastidiarse. No importaba. En realidad, no eran necesarios. Estaban allí para sostener a un Estado poderoso, que rescataría a los ricos en caso de que se metieran en problemas. Ahora, estos sectores suelen denominarse “precariado” –gente que vive una existencia precaria en la periferia de la sociedad–. Solo que cada vez es menos periférica. Se está volviendo una parte sustancial de la sociedad norteamericana y del mundo. Y los ricos no lo ven tan mal.

Por ejemplo, el ex presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, llegó a ir al Congreso, durante la gestión de Clinton, a explicar las maravillas del gran modelo económico que tenía el honor de supervisar. Fue poco antes del estallido del crack en el que tuvo una responsabilidad clarísima. Todavía se le llamaba “San Alan” y los economistas profesionales no dudaban en describirlo como uno de los más grandes. Dijo que gran parte del éxito económico tenía que ver con la “creciente inseguridad laboral”. Si los trabajadores carecen de seguridad, si forman parte del precariado, si viven vidas precarias, renunciarán a sus demandas. No intentarán conseguir mejores salarios o mejores prestaciones. Resultarán superfluos y será fácil librarse de ellos. Esto es lo que, técnicamente hablando, Greenspan llamaba una economía “saludable”. Y era elogiado y enormemente admirado por ello.

La cosa, pues, está así: el mundo se está dividiendo en plutonomía y precariado –el 1 y el 99 por ciento, en la imagen propagada por el movimiento Ocupemos. No se trata de números exactos, pero la imagen es correcta. Ahora, es la plutonomía quien tiene la iniciativa y podría seguir siendo así. Si ocurre, la regresión histórica que comenzó en los años setenta del siglo pasado podría resultar irreversible. Todo indica que vamos en esa dirección. El movimiento Ocupemos es la primera y más grande reacción popular a esta ofensiva. Podría neutralizarla. Pero para ello es menester asumir que la lucha será larga y difícil. No se obtendrán victorias de la noche a la mañana. Hace falta crear estructuras nuevas, sostenibles, que ayuden a atravesar estos tiempos difíciles y a obtener triunfos mayores. Hay un sinnúmero de cosas, de hecho, que podrían hacerse.

Hacia un movimiento de ocupación de los trabajadores

Ya lo mencioné antes. En los años treinta del siglo pasado, las huelgas con ocupación de los lugares de trabajo eran unas de las acciones más efectivas del movimiento obrero. La razón era sencilla: se trataba del paso previo a la toma de las fábricas. En los años setenta, cuando el nuevo clima de contrarreforma comenzaba a instalarse, todavía pasaban cosas importantes. En 1977, por ejemplo, la empresa US Steel decidió cerrar una de sus sucursales en Youngstown, Ohio. En lugar de marcharse, simplemente, los trabajadores y la comunidad se propusieron unirse y comprarla a los propietarios para luego convertirla en una empresa autogestionada. No ganaron. Pero de haber conseguido el suficiente apoyo popular, probablemente lo habrían hecho. Gar Alperovitz y Staufhton Lynd, los abogados de los trabajadores, han analizado con detalle esta cuestión. Se trató, en suma, de una victoria parcial. Perdieron, pero generaron otras iniciativas. Esto explica que hoy, a lo largo de Ohio y de muchos otros sitios, hayan surgido cientos, quizás miles de empresas de propiedad comunitaria, no siempre pequeñas, que podrían convertirse en autogestionadas. Y esta sí es una buena base para una revolución real.

Algo similar pasó en la periferia de Boston hace aproximadamente un año. Una multinacional decidió cerrar una instalación rentable que producía manufacturas con alta tecnología. Evidentemente, para ellos no era lo suficientemente rentable. Los trabajadores y los sindicatos ofrecieron comprarla y gestionarla por sí mismos. La multinacional se negó, probablemente por conciencia de clase. Creo que no les hace ninguna gracia que este tipo de cosas pueda ocurrir. Si hubiera habido suficiente apoyo popular, algo similar al actual movimiento de ocupación de las calles, posiblemente habrían tenido éxito.

Y no es el único proceso de este tipo que está teniendo lugar. De hecho, se han producido algunos con una entidad mayor. No hace mucho, el presidente Barack Obama tomó el control estatal de la industria automotriz, la propiedad de la cual estaba básicamente en manos de una miríada de accionistas. Tenía varias posibilidades. Pero escogió esta: reflotarla con el objetivo de devolverla a sus dueños, o a un tipo similar de propiedad que mantuviera su estatus tradicional. Otra posibilidad era entregarla a los trabajadores, estableciendo las bases de un sistema industrial autogestionado que produjera cosas necesarias para la gente. Son muchas, de hecho, las cosas que necesitamos. Todos saben o deberían saber que los Estados Unidos tienen un enorme atraso en materia de transporte de alta velocidad. Es una cuestión seria, que no sólo afecta la manera en que la gente vive, sino también la economía. Tengo una historia personal al respecto. Hace unos meses, tuve que dar un par de charlas en Francia. Había que tomar un tren desde Avignon, al sur, hasta el aeropuerto Charles de Gaulle, en París. La distancia es la misma que hay entre Washington DC y Boston. Tardé dos horas. No sé si han tomado el tren que va de Washington a Boston. Opera a la misma velocidad que hace sesenta años, cuando mi mujer y yo nos subimos por primera vez. Es un escándalo.

Nada impide hacer en los Estados Unidos lo que se hace en Europa. Existe la capacidad y una fuerza de trabajo cualificada. Haría falta algo más de apoyo popular, pero el impacto en la economía sería notable. El asunto, sin embargo, es aún más surrealista. Al tiempo que desechaba esta opción, la administración Obama envió a su secretario de transportes a España para conseguir contratos en materia de trenes de alta velocidad. Esto se podría haber hecho en el cinturón industrial del norte de los Estados Unidos, pero ha sido desmantelado. No son, pues, razones económicas las que impiden desarrollar un sistema ferroviario robusto. Son razones de clase, que reflejan la debilidad de la movilización popular.

Cambio climático y armas nucleares

Hasta aquí me he limitado a las cuestiones domésticas, pero hay dos desarrollos peligrosos en el ámbito internacional, una suerte de sombra que planea sobre todo el análisis. Por primera vez en la historia de la humanidad, hay amenazas reales a la supervivencia digna de las especies.

Una de ellas nos ha estado rondando desde 1945. Es una especie de milagro que la hayamos sorteado. Es la amenaza de la guerra nuclear, de las armas nucleares. Aunque no se habla mucho de ello, esta amenaza no ha dejado de crecer con el gobierno actual y sus aliados. Y hay que hacer algo antes de que estemos en problemas serios.

La otra amenaza, por supuesto, es la catástrofe ambiental. Prácticamente todos los países en el mundo están tratando de hacer algo al respecto, aunque sea de manera vacilante. Los Estados Unidos también, pero para acelerar la amenaza. Es el único país de los grandes que no ha hecho nada constructivo para proteger el medio ambiente, que ni siquiera se ha subido al tren. Es más, en cierta medida, lo están empujando hacia atrás. Todo esto está ligado a la existencia de un gigantesco sistema de propaganda que el mundo de los negocios despliega con orgullo y desfachatez con el objetivo de convencer a la gente de que el cambio climático es una patraña de los progres “¿Por qué hacer caso a estos científicos?”.

Estamos viviendo una auténtica regresión a tiempos muy oscuros. Y no lo digo en broma. De hecho, si se piensa que esto está pasando en el país más poderoso y rico de la historia, la catástrofe parece inevitable. En una generación o dos, cualquier otra cosa de la que hablemos carecerá de importancia. Hay que hacer algo, pues, y hacerlo pronto, con dedicación y de manera sostenible. No será sencillo. Habrá, por descontado, obstáculos, dificultades, fracasos. Es más: si el espíritu surgido el año pasado, aquí y en otros rincones del mundo, no crece y consigue convertirse en una fuerza de peso en el mundo social y político, las posibilidades de un futuro digno no serán muy grandes.

Noam Chomsky es profesor emérito del Departamento de Lingüística y Filosofía del MIT. Universalmente reconocido como renovador de la lingüística contemporánea, es el autor vivo más citado, el intelectual público más destacado de nuestro tiempo y una figura política emblemática de la resistencia antiimperialista mundial.

Fuente: Cubasí

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RUSIA: EL TÁNDEM GOBERNANTE COMPARTIRÁ LA POLÍTICA EXTERIOR
por Fiodor Lukiánov
Las relaciones ruso-estadounidenses tuvieron un arranque apasionante al iniciarse el tercer mandato de Vladimir Putin.

El nuevo presidente de Rusia comunicó a su homólogo de Estados Unidos que no acudiría a la cumbre del G-8 en Camp David por estar muy ocupado. Ante esto los allegados de Barack Obama empezaron a dudar si merece la pena asistir en otoño a la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) en Vladivostok (Lejano Oriente de Rusia), pues el presidente estadounidense también estará muy ocupado con la etapa final de su campaña electoral.

Es natural que todo el mundo se esté rompiendo la cabeza buscando explicación a una decisión tan inesperada, ya que tan solo hace un mes las partes acordaron el traslado de la cumbre a Camp David desde Chicago para no coincidir con la cumbre de la OTAN que esa ciudad acogerá el 20 y 21 de mayo.

El abanico de las versiones es muy amplio: desde la oficial, aunque inverosímil, que alega la necesidad de concluir la formación del nuevo Gobierno ruso en ausencia del primer ministro, hasta la informal que interpreta la renuncia de Putin como un reto a la Casa Blanca para demostrar que aquí no se termina el mundo. Sea como fuere, lo que interesa no son los gestos ni las formas sino el contenido.

Cabe recordar que hoy en día tener conversaciones concretas con Barack Obama es imposible. El propio presidente estadounidense confesó en privado en Seúl al que entonces era su homólogo ruso, Dmitri Medvédev, que estaba completamente envuelto en el proceso electoral y solo después de las elecciones de noviembre estaría dispuesto a volver a la palpitante cuestión de la defensa antimisiles. En realidad no será antes del marzo del año que viene cuando la nueva administración empiece a formular sus prioridades de la política exterior.

Ahora mismo solo mencionar que Obama y Putin hayan discutido algo serio significaría exponer al presidente de Estados Unidos a duras críticas por parte de sus oponentes políticos. La situación se repetirá en la cumbre del G-20 en México, donde no obstante los dos presidentes tienen previsto reunirse, y en la cumbre del APEC en Vladivostok.

Por lo tanto no es correcto afirmar que la ausencia del mandatario ruso en Camp David impedirá avanzar en la discusión de temas relevantes, ya que en los próximos meses el proceso estará paralizado.

Aunque también es verdad que en política el proceso es a veces no menos importante que el resultado, especialmente en los períodos de grandes pasiones políticas, actualmente suscitadas por las campañas electorales en ambos países.

Sin embargo, Putin no está de acuerdo con esta visión de la política internacional. Lleva desempeñando altos cargos desde los finales de los 1990 y a estas alturas le resulta agobiante participar en los eventos rutinarios. Su objetivo es conseguir resultado concretos, palpables y rápidos. No es de extrañar por lo tanto que Putin se entreviste de mejor gana con los grandes empresarios occidentales, ya que estos encuentros tienen un efecto inmediato.

Vladimir Putin rechaza los convencionalismos de la diplomacia y no cree en la sinceridad del discurso de los líderes occidentales sobre la democracia y los derechos humanos, considerándolo una cobertura de los intereses geopolíticos y económicos. Tampoco cree necesaria una batalla verbal al respecto y se limita a emitir observaciones metafóricas al borde de lo políticamente correcto.

Resumiendo se puede decir que a Putin le venía muy bien la situación de los cuatro años anteriores, cuando figuraba como primer ministro mientras Dmitri Medvédev se encargaba de cumplir con el protocolo diplomático.

Por lo visto el nuevo presidente tiene intención de mantener el tándem gobernante para la política exterior. La Constitución rusa permite al mandatario delegar en el primer ministro amplias funciones en la actividad internacional. Tanto más si tenemos en cuenta que Medvédev no es un primer ministro cualquiera sino el presidente anterior y la persona de confianza del jefe de Estado actual. Así que Putin sabrá de primera mano todo lo que se discuta con Dmitri Medvédev.

El propio presidente acudirá a los actos más importantes que decidan algo o en los que su ausencia podrá ser interpretado como falta de respeto (por ejemplo en Asia, no es casual que Putin tenga previsto asistir a la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghai, la OCS).

La cuestión sobre la eficacia de este modelo de gestión política queda abierta. Podría resultar un éxito en el caso de que el primer ministro consiga ganarse un peso político equiparable al del presidente. Algo semejante a lo que ocurre con China cuando la visita del primer ministro, Wen Jiabao, que atrae la misma atención que la del presidente y secretario general del Comité Central del Partido Comunista de China, Hu Jintao.

De ahí que Medvédev tenga que luchar por adquirir el prestigio que tuvo su predecesor en el puesto del primer ministro. Entonces la ausencia de Putin en un evento internacional no provocará tanto estupor como ahora.

Fiódor Lukiánov es director de la revista “Rusia en la política global”, una prestigiosa publicación rusa que difunde opiniones de expertos.

Fuente: RIA Novosti

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