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Archive for 28/10/12

Entrevista con la poeta, narradora, crítica literaria y editora cubana Marilyn Bobes…

Sheyla Valladares Quevedo Sheyla Valladares Quevedo 

A lo largo de la obra de la escritora Marilyn Bobes prevalece el interés de poner al lector frente a peculiaridades de las relaciones interpersonales, a elecciones de vida diferentes, a las motivaciones de ciertos sujetos en momento determinados de sus vidas y la del país y las “soluciones” que encuentran.
Sus lectores agradecen esta necesidad suya de contar historias con temas que pueden parecer intrascendentes, pero que en modo alguno lo son. Al mismo tiempo, desde las primeras páginas de sus narraciones se advierte un hilvanado tan exacto que la ardua elaboración puede pasar inadvertida.
Lo cierto es que Marilyn escribe las historias que se siente compulsada a sacar de dentro. También se dedica a la crítica literaria y a la edición. Vive sin desvelos después de recibir dos de los reconocimientos más importantes que su obra ha merecido: El Premio Casa de las Américas por los libros Alguien tiene que llorar, de cuento, en 1995, y la novela Fiebre de invierno, diez años después; lauros que sólo la obligan, según ha confesado, a ser más rigurosa con lo que escribe, a fin de no defraudar a sus lectores con libros de calidad inferior a los que obtuvieron esa distinción.
Conversando sobre su poesía con el escritor Ahmel Echevarría, usted dijo: “Aspiro a que los recursos con los que construyo mis poemas estén en función de lo que quiero decir. Que constituyan un medio y no un fin”.¿Puede ser una postura que a veces se da de bruces con la de escritores cuya intención es armar toda una algarabía tecnicista y no establecer una comunicación efectiva con quien los lee?
Los problemas de la comunicación son complicados. Hay quienes disfrutan hasta de esa algarabía tecnicista a la que usted se refiere, y hay también quien piensa, como yo, que escribe en función de lo que quiere decir y se tropieza con un tipo de lector que desea aún más claridad. Creo que la diversidad es la mejor manera de que existan los públicos y no el público. En mi opinión, es un error considerar al receptor una masa homogénea con iguales intereses de recepción. Las preferencias pueden ir desde la diafanidad de un Mario Benedetti hasta la hermeticidad de un Lezama Lima. Creo que todo radica en el nivel de autenticidad y rigor. Se exprese de la forma que quiera expresarse.
Usted ha escrito que la poesía le parece en estos momentos un género demasiado pródigo. Un bosque que no le permite vislumbrar los árboles. ¿Se ha relajado demasiado el rigor del escritor, de los jurados de los concursos, de los editores, de los periodistas y hasta del mismo lector con respecto a la poesía que se escribe hoy?
Eso pienso, aunque admito la posibilidad de estar equivocada.
Refiriéndonos a su narrativa, en Fiebre de invierno y Mujer Perjura escribir se convierte en la manera de atestiguar la existencia, de encontrar sus claves. Pero al final de su novela Fiebre de invierno se lee: “Mientras tanto, yo, decidida a escribir Fiebre de invierno, contemplo de nuevo el rostro de Mozart y releeo la dedicatoria de la tarjeta postal de Nuta. Incomprensión y mezquindad, ¿qué sabrá Benvenuta de incomprensión y mezquindad? Ella, para quien todo ha sido tan fácil”. Aunque la protagonista de la novela logra escribir, sacar todo de dentro de sí, se advierte un ligero aire de ¿derrota? ¿Alcanza la escritura para estar en paz con el mundo y consigo mismo?
Confundir personajes con tesis de autor es un frecuente hábito que tienen algunos críticos. Evidentemente a la protagonista de Fiebre… la escritura no le bastó para como usted dice “estar en paz con el mundo y consigo mismo”. Supongo que a otros personajes de otras novelas sí. La escritura no es un método terapéutico ni un testimonio, sino una forma de conocimiento, una reflexión sobre la existencia. Eso no quiere decir que el escritor coincida siempre con el punto de vista de sus personajes. Solo se coloca en el lugar de los mismos para darles una vida virtual.
¿Cómo ha sido su relación con el lector cubano? ¿Siente que cada uno de nosotros ha leído sus historias de acuerdo con sus propósitos o hemos podido hacer otras lecturas, llegar incluso a la guerrilla semiológica?
Lo bueno de la literatura es su carácter polisémico. De ahí que los lectores puedan añadir a la obra su propia subjetividad. Estoy convencida de que cada lector siempre lee una historia de diferente manera. Y ello me complace.
Hace poco tiempo presentó una antología de su poesía, pero narrativa no publica desde el 2009. Después de tantos años de escritura, ¿cómo se enfrenta al proceso creativo?
Del mismo modo de siempre: por necesidad expresiva. No escribo para acumular títulos sino por aquello tan demodé que llaman inspiración. Además de hacer literatura tengo muchas otras ocupaciones, como la edición, el periodismo y las labores de promoción cultural. Todas tienen para mi vida profesional la misma importancia.
¿Puede darme noticias de “Aprendiz de Menard”?
Es mi segundo libro de cuentos, que alguna vez tuvo ese título. Ahora se encuentra en proceso de edición por Letras Cubanas y se llama Los signos conjeturales. Se trata de un conjunto de relatos que tienen como tema a personajes de la literatura universal, contemporaneizados y revisitados para colocarlos ante nuevas situaciones.
¿Pudiera suceder la reedición de Alguien tiene que llorar?
Tuve una propuesta de Ediciones Cubanas pero hasta ahora no se ha concretado.
A la altura del 2012 cree que la literatura cubana ha podido desembarazarse de los temas abordados en los años 90. ¿Cuáles nuevas o viejas preocupaciones alientan los libros que se están editando en Cuba o que recientemente usted ha leído?
Creo que estamos viviendo un nuevo período de ruptura, donde irrumpe una mayor universalidad en los temas. Muchos libros que he leído desarrollan sus historias en metarrealidades o tienen como escenario otros países que no son Cuba. Aprecio también un desplazamiento hacia problemas intemporales del ser humano y un abandono de ese tono un poco periodístico o testimonial que prevaleció en los noventa, con excepciones.
Pudiera caracterizarse como editora en un mudo editorial en el que usted ha dicho que falta agresividad o curiosidad por parte de los editores, ¿cómo es su relación con el autor cuyo libro está ayudando a salir al mundo?
Todo lo que me parece valioso trato de encaminarlo a través de la editorial donde trabajo, Ediciones Unión. Por supuesto que los libros que propongo pasan por una evaluación que realizan nuestros lectores y necesitan la aprobación de nuestro Consejo Editorial. La edición es un trabajo colectivo en lo que se refiere a la gestión. En cuanto a los libros aprobados que llegan a mis manos los asumo también como míos y sugiero cambios, supresión de capítulos, cualquier cosa que, en mi opinión, pueda mejorarlos. Al final, respeto siempre la decisión del autor. Pero nunca me limito a la función de redactora de estilo. Creo que un editor es mucho más que eso y en este sentido siempre trato de hacer lo que hago dando el máximo de la experiencia que puedo tener como escritora.
¿Qué fue lo que la motivó a comenzar a escribir poesía a los 12 años?
Resulta difícil recordar por qué comencé a escribir. Quizás el hecho de que durante todos mis estudios primarios fui seleccionada por mis profesores para memorizar y recitar en los actos escolares textos de Martí, Bonifacio Byrne y otros autores que ya no recuerdo. Esas lecturas me pusieron en contacto desde edades muy tempranas con ese género de la literatura. Después, mi madre era asidua lectora de poetas “comerciales” como José Ángel Buesa o Hilarión Cabrisas y otros de más trascendencia como Juana de Ibarburu y Alfonsina Storni. En la Secundaria, con los primeros amores de adolescencia, surgió en mí el deseo de componer textos relacionados con sentimientos hasta entonces no experimentados que afloraban en mi interior. Mis motivaciones fueron ingenuas y nacieron de una necesidad expresiva muy íntima.
¿Recuerda la sensación ante el primer libro publicado; ha variado esta con el paso de los años y la publicación de nuevos libros?
La sensación ante mi primer libro publicado fue de inmensa alegría. Tenía la certeza de haber alcanzado un nivel de realización profesional que no volvió a repetirse después con el paso de los años. Mi inmadurez de entonces no me permitía darme cuenta de la gran responsabilidad que había adquirido ante la sociedad y mis posibles lectores. Después de La aguja en el pajar he sentido siempre ese peso y un cierto malestar cuando me percato de la curiosidad (quizás lógica) que mi persona y no solo mi obra despierta entre los otros. Soy tímida y prefiero el anonimato. Pero creo que esa es una aspiración imposible para un escritor y, en general, para todo artista. Especialmente si ha ganado algún (o algunos) premio(s) de cierta importancia.
¿Qué papel ha desempeñado su familia a la hora de perseverar en la escritura?
Mi perseverancia en escribir no ha dependido nunca de ningún factor externo, sino de mí misma. Mi familia siempre me ha dado su apoyo, a pesar de que no siempre les guste todo lo que escribo.
¿Cómo es un buen día para Marilyn Bobes?
Un buen día para Marilyn Bobes son todos los días. Incluso los peores.
En la entrevista con Amaury Pérez en el programa televisivo Con dos que se quieran usted dijo que había una manera cubana de escribir, refiriéndose a las claves de cubanidad presentes en la obra de escritores de la isla ¿Cómo es la manera cubana de vivir de Marilyn Bobes?
Esas son cosas que no se conceptualizan. Se experimentan y van desde la manera de comer hasta los modos de relacionarnos con nuestros compatriotas y con el entorno. Mi manera cubana de vivir quizás pudiera sintetizarla diciendo que es mi manera de ser como soy: una cubana orgullosa de serlo y de vivir en esta Isla que me hizo como soy.

Sobre el autor

Sheyla Valladares Quevedo

Sheyla Valladares es una mujer cubana y escribidora, a saber: periodista, narradora, poeta. “Tengo especial fascinación por cazar palabras al vuelo cuando sueño que estoy despierta”.

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Festival Internacional de Ballet de La Habana, XXIII

Antología de la historia del arte en puntas desde el siglo XIX hasta hoy, en el 23 Festival Internacional de Ballet de La Habana, del 28 de octubre al 7 de noviembre…

Ada Oramas Ezquerro
El programa incluirá 43 estrenos mundiales y 30 funciones. (Foto: Ballet Nacional de Cuba)

Materializar el tema que identifica al 23 Festival Internacional de Ballet de La Habana —La tradición y los nuevas caminos— ha sido el objetivo de su creadora y fundadora, la prima ballerina assoluta Alicia Alonso, presidenta del evento, considerado uno de los más prestigiosos a escala mundial, que se efectuará del 28 de octubre al 7 de noviembre.
Una conjunción de figuras y compañías reconocidas internacionalmente y el protagonismo del Ballet Nacional de Cuba en la mayoría de las funciones permiten avizorar que esta edición sobrepasará las perspectivas de su celebración, en el aniversario 53 que le avala como uno de los eventos más antiguos y de mayor repercusión mundial.
PERFIL DE AMPLIO ESPECTRO
El aspecto estilístico constituye la base conceptual del evento, pues abarcará desde la etapa inicial de la historia de este arte, hasta reflejar los códigos inherentes al ballet clásico, inclusive la era romántica, el neoclásico y la contemporaneidad más actual.
Ocupará seis escenarios, de los cuales corresponden a La Habana: la Sala Avellaneda del Teatro Nacional, que será inaugurada tras su reparación capital en la gala de apertura el día 28; la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana; los teatros Karl Marx y Mella; y la Sala Covarrubias del Teatro Nacional. Una de las funciones tendrá por sede el teatro Cárdenas de Matanzas.
El programa incluirá 43 estrenos mundiales en Cuba y 30 funciones, con las actuaciones de José Manuel Carreño y estrellas del ballet estadounidense, Tom Gold Dance, estrellas del New York City Ballet; Preljocal Ballet y Malandain Ballet de Biarritz, ambos de Francia; Ballet de la Opera de Bucarest; Jo Strom Gren Kompany, de Noruega, el Ballet Concierto de Puerto Rico; y Taller Coreográfico de la Universidad Autónoma de México.
AVANCES DE UN PROGRAMA ABARCADOR
La gala inaugural presentará la obra más antigua en el repertorio del Ballet Nacional de Cuba, La fille mal gardée, estrenada en Londres en 1786, que será protagonizada por Anette Delgado, Dani Hernández y Félix Rodríguez, en la Sala Avellaneda del Teatro Nacional, el 28.
El resto de las galas subirán a escena en la Sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana, dedicadas al centenario de La comparsa, por Ernesto Lecuona, el 29; Cuadros en una exposición, tributo fílmico a Rita Longa, Mariano Rodríguez y René Portocarrero, con obras de figuras representativas de la vanguardia pictórica , el 31.
El siglo del natalicio de Virgilio Piñera, presentará los estrenos mundiales de La muerte del danzante, de la Alonso, con Osiel Gounod; y Virgiliando, de Iván Tenorio, con Gustavo Santaolalla, Dafnis Prieto y Clint Marsell. Se efectuará la reposición de Electra Garrigó, por Viengsay Valdés, Jessie Domínguez y Camilo Ramos, el 4.
Entrega del VIII Certamen Iberoamericano de Coreografía Alicia Alonso Cic 2012, con la escenificación del Premio Compartido por La muerte fue en Granada, de Irene Rodríguez; y ¿Hasta dónde?, de Sharon Friedman, el día 5. Ese propio día subirá a escena Bodas de sangre, coreografía de Antonio Gades, inspirada en la obra homónima de Federico García Lorca. Cuyos roles principales asumirán Viengsay Valdés, José Manuel Carreño, Javier Torres, Jessie Domínguez e Ivette González.
Los cien años del nacimiento de Igor Youskevitch, en una gala consagrada a su arte danzario y a su labor como partenaire de Alicia durante 10 años, con un repertorio que evoca la trayectoria de uno de los danzantes de excelencia en el siglo XX, el día 6.
La clausura contempla: Grand pas de quatre, coreografía de la Alonso sobre la original de Jules Perrot; Canto vital, de Azari Plisetski; pas de deux centralizados por artistas invitados; Contracorriente, de Eduardo Blanco y La sinfonía de Gottschalk, de Alicia, con los primeros bailarines, bailarines principales y solistas del Ballet Nacional de Cuba.
LOS GRANDES CLÁSICOS EN ESCENA
Otros momentos que otorgarán especial lucimiento al evento serán las puestas en escena de los grandes clásicos, a partir de los diseños coreográficos de la Alonso: Giselle, por Anette Delgado, Dani Hernández, Ernesto Díaz y Yanela Piñera, en la sala Garacía Lorca, el 2; Coppelia, interpretada por Viengsay Valdés y Osiel Gounod, el 3, a las 8:30 p.m.; y El lago de los cisnes, con Sadaise Arencibia y Arián Molina, el 6, a las 5:00 p.m.
Un título emblemático en el repertorio del Ballet Nacional de Cuba que cautivó desde su estreno y ha agrupado multitudes en plazas públicas, Shakespeare y sus máscaras, en una versión muy original de Alicia, podrá ser vista el 30 de octubre a las 8:30 p.m., en el Karl Marx, con Anette Delgado y Dani Hernández.
Algo más que un festival, será una saga de excelencias que el público podrá admirar no solo en la cuarta pared, sino en las diez muestras colaterales de artes visuales en galerías de la capital y en muestras cinematográficas en la sala Charles Chaplin y en el multicine Infanta, en homenajes que apuntan hacia el arte de la primera figura de la danza mundial.

Sobre el autor

Ada Oramas Ezquerro

De larga trayectoria en el periodismo cultural. Premio de Oro, del Gran Teatro de La Habana y Miembro de la sección de la Asociación de Artistas Escénicas de la UNEAC

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Tras participar en las cargas al machete, tomaba el pincel y dibujaba escenas épicas, luego vendidas en el extranjero para adquirir armas…

Pedro Antonio García 

Cuentan que mientras impartía clases de pintura en San Alejandro, durante la etapa neocolonial, a Armando García Menocal le gustaba narrar a sus alumnos historias de la guerra del 95, en la cual había sido combatiente. De aquellas anécdotas relatadas por él, la siguiente era su favorita.
En la contienda se pasaban días difíciles, pues escaseaban las provisiones de boca. “Pero no se podía dejar de resistir y luchar por la independencia de Cuba”, recalcaba el pintor mambí. Hubo varias jornadas en que apenas pudieron comer.
Un soldado del pequeño grupo comandando por el mayor general Máximo Gómez encontró en el campo un huevo. Se lo entregó al Generalísimo para que comiera algo, pero este lo rechazó y dijo: “O comemos todos o ninguno. A hervir el huevo. Lo picaremos a partes iguales”.
“Imagínense lo pequeño del pedazo que tocó a cada soldado”, puntualizaba Menocal, quien finalizaba el relato, no exento de orgullo, con la siguiente frase: “Fui uno de los patriotas que ese día comió su magra ración de proteínas”.
EL JOVEN PINTOR
Armando José Isabel García Menocal nació en La Habana el 8 de julio de 1863. Graduado de la Academia de San Alejandro a la edad de 17 años, sus profesores avizoraron el potencial del adolescente y vaticinaron que sería un futuro talento de las artes plásticas.
En esta institución, la instrucción de Menocal estuvo bajo la tutela del profesor Miguel Melero. Este convenció a los padres de Armando, que poseían una vasta cultura, para que lo enviaran a España con vistas a completar sus estudios en la Academia de Bellas Artes de San Fernando.
En la península recibió clases del maestro valenciano Francisco Jover y conoció las técnicas, en boga entonces, de la pintura en Europa. Aprovechó su estancia para exhibir sus primeras obras y ganó el segundo lugar en la Exposición Nacional de Madrid, de 1884, con su cuadro Generosidad Castellana.
Contactó además con notables personalidades de la literatura y las artes, como Menéndez Pelayo y el pintor Joaquín Sorolla.
De regreso a Cuba, en 1890, le otorgaron la cátedra de Paisaje en San Alejandro y comenzó a pintar retratos personales, con los que obtiene reconocimientos entre críticos y público.
El poeta y crítico Julián del Casal escribió sobre Menocal: “Bajo el dominio de su pincel, el raso espejea, la seda cruje, el encaje es más vaporoso, la flor ostenta invisibles matices y las piedras preciosas arrojan vivísimos fulgores”.
“Lo mismo puede decirse de la figura humana. El rostro conserva su color; la pupila, su mirada; la frente, sus pliegues; y la fisonomía, la expresión”.
Una de sus principales obras de esta época es Reembarque de Colón por Bobadilla (1893), célebre por su polémica con las autoridades colonialistas españolas, incluso, con el mismísimo gobernador general de la isla, quien ordenó quitarle al navegante  los grilletes que se reflejaban en el cuadro.
Menocal no solo se negó abiertamente a cambiar su obra sino que, desafiando la ira de los colonialistas, lo exhibió después tal como lo había pintado originalmente.
EL MAMBÍ
Al estallar la Guerra del 95, partió a la manigua y realizó la Invasión a Occidente bajo las órdenes de Máximo Gómez. Fue herido en los combates de Camagüey (22 de agosto) y Calimete (29 de diciembre), ambos en ese año.
Rápidamente lo ascendieron a capitán. Dicen que tras participar en las cargas al machete, tomaba el pincel y dibujaba escenas épicas, luego vendidas en el extranjero para adquirir armas. No está claro con qué grado terminó la guerra, solo hemos encontrado su ascenso a comandante.
También cuenta la tradición que, a inicios de la Invasión a Occidente, le había hecho a Antonio Maceo un retrato a pluma, que le agradó mucho al retratado. Desde entonces entre el Titán y el pintor se entabló una profunda amistad, cimentada por la mutua admiración en los días de la contienda.
DIRECTOR DE SAN ALEJANDRO
Al cesar la dominación española en Cuba, recuperó su cátedra de Paisaje en la Academia de San Alejandro. Hizo murales para la señora Rosalía Abreu, y aunque es reconocido por sus grandes pinturas históricas, también se destaca en retratos, paisajes, marinas, flores, naturalezas muertas y temas mitológicos.
Fueron sus vivencias en el campo mambí plasmadas en el lienzo lo que le trajo mayor fama, hasta el punto de ser proclamado el “Pintor de la Revolución”. Entre esas obras se cuentan La Invasión, La Batalla del Coliseo y La muerte de Maceo.
Ejecutó los paneles decorativos del Aula Magna de la Universidad de la Habana y le encargaron pintar el techo y la cúpula del Palacio Presidencial (hoy Museo de la Revolución).
A partir de 1927 ocupó la dirección de la Academia de San Alejandro, cargo en el que cesó en 1934 por su quebrantada salud. No obstante, siguió pintando hasta el día de su muerte, acaecida en La Habana el 28 de septiembre de 1942.

Sobre el autor

Pedro Antonio García

Periodista de la Revista Bohemia

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Por su activa participación en los combates, se le otorgaron las estrellas de general de brigada del Ejército Libertador…

Pedro Antonio García 

La noticia nos llegó por un cable de la Agencia de Información Nacional (AIN): se había localizado el lugar que guardaban los restos del general Julián Santana, los que se suponía extraviados, y se procedería a su traslado al Panteón de los Héroes en la ciudad de Las Tunas.
De acuerdo a diversas fuentes históricas, el destacado mambí lo inhumaron primeramente en su finca Santa Inés, y luego en el cementerio El descanso, de la localidad de Bartle, ubicada a unos 20 kilómetros al oeste de Las Tunas
Un largo proceso de investigación, que permitió comprobar la autenticidad de los restos hallados, fue emprendido por historiadores, especialistas y miembros de la Logia Masónica, de la cual fue miembro este luchador por la independencia de Cuba.
La indagación, reporta la AIN, incluyó la entrevista a familiares del oficial mambí y la consulta de documentos, algunos de ellos en poder de particulares.
En nuestras guerras de independencia, muchos combatientes de otras latitudes participaron activamente en el campo independentista y obtuvieron los máximos grados del Ejército Libertador. Uno de ellos fue el canario-cubano Julian Santana Santana.
COMBATIENTE DE LAS TRES GUERRAS
El luego general mambí nació en Tenerife, Islas Canarias, el 9 de enero de 1830. De acuerdo con algunos de sus biógrafos, era hijo de padres desconocidos y pasó su infancia y adolescencia en la Institución Benéfica Santa Ana de Las Palmas de Gran Canaria.
A los 21 años marchó a Cuba. En la isla se involucró en la sublevación separatista de Joaquín de Agüero. Con un grupo de jóvenes, enfrentó una columna española. Prisionero de los colonialistas, sufrió prisión en Las Tunas, aunque posteriormente fue liberado.
Tres días después del grito de independencia o Muerte, pronunciado por Carlos Manuel de Céspedes en el ingenio Demajagua el 10 de octubre de 1868, Santana se incorporó a la contienda, bajo las órdenes del después general mambí Ramón Ortuño Rodríguez.
En la finca El Hormiguero, el 15 de octubre de ese año, pasó a formar parte de las tropas del mayor general Vicente García. Junto con este, Santana combatió en Río Blanco (19 de abril de 1869), donde le ascendieron a teniente, y en Guanal de la Cana (16 de mayo siguiente).
Se destacó igualmente en varios de los más importantes combates de la Guerra del 68, como los de Palo Seco (2 de diciembre de 1873), Naranjo-Mojacasabe (febrero de 1874) y Las Guásimas (marzo siguiente).
El 26 de marzo de 1874 le otorgaron los grados de capitán; el 23 de febrero de 1876, los de comandante.
Cuando el 10 de febrero de 1878 el gobierno mambí firmó la capitulación del Zanjón, Santana rechazó dicho Pacto y se unió a Antonio Maceo en la Protesta de Baraguá.
Durante la Guerra Chiquita volvió a alzarse por la libertad de Cuba junto al general Francisco Varona. Aquí se contradicen los historiadores, pues mientras algunos afirman que, al terminar la contienda, marchó clandestinamente hacia Santo Domingo, otros le suponen prisionero en una cárcel de Cádiz, España.
En lo que sí todos coinciden es que en 1880 ya se hallaba en Puerto Plata, República Dominicana, y que se enroló en una expedición organizada por Antonio Maceo, la cual quedó varada en Islas Turcas y no pudo arribar a costas cubanas.
Durante la llamada tregua fecunda (1880-1895), Santana regresó a Cuba y se dedicó a su familia y a las labores agrícolas en la finca Santa Inés, en el barrio El Oriente de Las Tunas. Tuvo 13 hijos en sus tres matrimonios. Uno de ellos, Jacinto, tuvo una significativa participación en la última guerra de independencia.
En junio de 1895, a pesar de 65 años, Santana se sublevó en su zona con 112 hombres que había reclutado y armado por sus propios medios. Se incorporó con ellos a las fuerzas del general José Manuel Capote y en julio, al asumir la jefatura de una brigada, lo ascendieron a coronel.
Acompañó con su tropa a Maceo durante la Invasión de Occidente desde Mala Noche (31 de octubre de 1895) hasta cerca de la Trocha de Júcaro a Morón (28 de noviembre). El Titán le ordenó regresar a Las Tunas y mantener allí en jaque al Ejército español.
Bajo el mando del mayor general Calixto García, se destacó en los combates de Guáimaro (octubre de 1896) y Las Tunas (agosto de 1897).
Al cesar la dominación española, retornó a su finca y volvió a dedicarse a las faenas agrícolas. No quiso participar en la política ni ocupar cargos públicos durante la república neocolonial. El 12 de octubre de 1908 acudió al juzgado de la ciudad de Las Tunas para renunciar a su ciudadanía española y optar por la cubana.
Falleció en esta urbe del Oriente cubano el 31 de julio de 1931. Meses antes, sus familiares y el pueblo tunero le habían celebrado su cumpleaños 101.

Sobre el autor

Pedro Antonio García

Periodista de la Revista Bohemia

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Camilo Cienfuegos

Camilo apareció cuando nuestra existencia afrontaba la amenaza del naufragio batiendo la escasa proa de nuestra estatura y de nuestras certezas…

Luis Sexto Sánchez Luis Sexto Sánchez
28/10/2012

Al imaginar a Camilo definido por una sonrisa donde jugueteaban todas las alegrías del mundo, muchos de cuantos en 1959 éramos adolescentes debemos volver necesariamente a ese año cuando nosotros, sin ser todavía consciente del cambio, empezábamos a sentir a Cuba desde el heroísmo, la sencillez, la solidaridad.
Unos entonces comenzaron a darle menos importancia al filo del pantalón juvenil, y los sueños de muchos no se ciñeron ya a pilotar alguna vez un Buick -ese mismo que la publicidad nos decía que cualquiera podía tener-, ni insistieron en habitar una casa mejor y ganar mucho dinero para que las mujeres te miraran. Los muchachos de aquel año teníamos un nuevo paradigma, un paradigma constructivo a quien Leonardo Moncada le entregó voluntariamente las llaves de nuestra sensibilidad romántica, y que sustituyó de un planazo a Tarzán, al Llanero Solitario, incluso a Yarini, nombre heredado en la tradición por los más adelantados en los misterios de las relaciones entre los sexos.
Camilo apareció cuando nuestra existencia afrontaba la amenaza del naufragio batiendo la escasa proa de nuestra estatura y de nuestras certezas. Apareció como uno de los líderes del barrio de Lawton y de todos los barrios del país. Era casi como nosotros, pero con los ojos más anchos y las barbas más largas. Y cuando todavía no habíamos podido achicar nuestras pupilas para mirar con fijeza su luz, se escondió de nuestras miradas entre nubes y aguas insolentes.
Ante su presencia, tan fugaz como un día de Reyes, nosotros no podemos evocarlo sin evocarnos como gente nueva en aquellos meses nuevos; tiempos de ideas nuevas y de necesidades nuevas. Porque nosotros, de tránsito por la etapa de las rebeldías, perdimos y a la vez retuvimos en nuestra edad impresionable , a aquel que se acercaba a nosotros diciéndonos entre jaranas lo fácil que resultaba ejercer de hombre útil, de patriota sin estiramientos, de capitán hermano.
Mi amigo “El Catey”, si la modestia no le limitara la lengua o los dedos, pudiera contar el privilegio especial con que la Historia lo condecoró. A veces evoca ese instante. La fecha se le ha encapsulado en la emoción.
Pudo haber sido cualquier día de agosto o septiembre de 1959. Quizás antes. Ya no importa saberlo. “El Catey” solo recuerda la visita; el día… ah, cualquier día era bueno para recibir a Camilo.
Esa mañana muchos se aglomeraban en el campo de golf de Banes, ya casi entonces justamente despojado de su título de capital de la United Fruit Company. Estaban las autoridades revolucionarias del pueblo: ediles, policías con barbas, otros miembros del Ejército Rebelde, combatientes de la lucha clandestina urbana, milicianos.
Entre los soldados voluntarios, mezcla de adultos, jóvenes y adolescentes, alineaba “El Catey”, de cuyo sobrenombre quizás nadie se acuerde. Hacía poco que había dejado de jugar con los americanitos, prole privilegiada de la burocracia de “Mamita Yunai”. A esa relación le debía hablar un inglés casi de cuna, aunque lo masticaba en los patios entre malas jugadas y palabrotas beisboleras.
Cuantos lo conocieron en la niñez, si se esfuerzan en recordarlo, no permitirán que el cronista mienta. Saben que es de escueto formato, con músculos de lápiz, pero superdotado en los atributos morales propios de un varón: tanto coraje lo distingue que a los 14 años rompía sus botas marchando o andando vigilante sobre las piedras afiladas de la costa norte de Oriente.
Famoso era su revolver 44 Frontera. Y midiéndolo con ojo generoso, parecía un cañón que, colgando de la cintura, caía sobre el tobillo derecho del muchacho.
Camilo bajó del helicóptero. Miró al grupo. Y soslayando a los principales jefes y personajes, se dirigió hacia aquel milicianito. Los labios del Comandante semejaban un vaso de agua pura. Le tiró el brazo por la espalda. Todos oyeron el saludo: “Guajiro, Guajiro: ¡Tú eres más revólver que gente!”
EL Catey” me lo cuenta. Y todavía llora.

Sobre el autor

Luis Sexto Sánchez

Periodista de oficio y de alma. Maestro de generaciones. Premio Nacional de Periodismo José Marti por la obra de la vida. Autor de la columna “La Palma de la Mano” en Cubahora.

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El 27 de octubre de 1958 el Che atacó el cuartel de la guardia rural en Güinía de Miranda, primer pueblo liberado en la región central de Cuba por el Guerrillero Heroico durante la campaña de Las Villas…

Norland Rosendo González

Tras la llegada de la columna invasora a los predios del Escambray, el 21 de octubre, en Dos Arroyos, ocurrió el primer encuentro de Faure Chomón, al frente del Directorio Revolucionario, y el Che. Faure había enviado al Comandante Tony Santiago y a los capitanes González Coro y José Moleón para que esperaran a la columna invasora en El Algarrobo y la condujeran hasta el campamento.

 

Después de la reunión de los líderes del Directorio y la guerrilla invasora, esta última estableció un campamento transitorio en Las Piñas, entre el Algarrobo y Güinía de Miranda, donde vivía el campesino Emeterio González, colaborador del Directorio.

 

Llegaron a su casa cerca de las 3 de la tarde del 23 de octubre de 1958, con 153 hombres y dos batistianos prisioneros. Era una vivienda grande, con 4 cuartos, pero Emeterio nunca imaginó que cupiese tanta gente: unos 70 rebeldes se alojaron allí, con una disciplina que no dejó dudas de la ética de los revolucionarios.

 

Unos venían descalzos porque no tenían zapatos, y otros los traían en las manos por la hinchazón y las magulladuras en los pies, como consecuencia de las largas travesías hasta por lugares cenagosos.

 

En una entrevista que le hicieran a principios de la Revolución, Emeterio expresó: “Qué gente la del Che. En el patio de la casa había una mata de mandarinas, y todas parecían apetitosas por el color, aunque eran ácidas.

 

“Los invasores, desde que llegaron las miraban y yo me di cuanta que se les hacía la boca agua, traían un hambre desgarradora, pero ninguno se atrevía a arrancarlas. Entonces les dije: ‘cójanlas’.

 

“Y uno de ellos, me respondió: ‘Qué va, si el Comandante nos ve con una mandarina de esas…’

 

“Tuve que ir yo mismo a la mata, tumbarlas y dárselas. El Che era más recto que un palo de monte”.

 

Al campamento de Faure llegó un mensaje de Guevara para que le enviara dos prácticos, pues pensaba tomar el cuartel de Güinía de Miranda, y empezar así a cumplir la orden que le diera Fidel de concertar la unidad entre las fuerzas del Escambray y demostrar con combates las verdaderas intenciones de liberar definitivamente a Cuba.

 

Faure fue el día 25 en persona a Las Piñas y le facilitó a Ramón Fonseca para que sirviera de práctico. Fonsequita era uno de los cinco hombres de Güinía que estaban incorporados a las fuerzas armadas del Directorio por esa fecha. Los otros eran Pedro Cruz Moya (Pelongo), Filiberto Rivero, Carmelo Sarmiento y Orlando Hernández.

 

En el grupo que se formó para participar en la acción incluyeron a Pelongo y a Orlando.

 

Por la tarde del día 26, como a las cinco, llegó un mensajero a la farmacia del doctor Humberto Peralta, quien era el líder de la célula del 13 de marzo en Güinía de Miranda.

 

“El médico lo leyó y me indicó: ‘Que esta noche no salga nadie de su casa. El Che va a atacar el cuartel’, recuerda José Antonio Alé (toño), propietario de la vivienda donde el galeno había instalado una farmaciapara servir a los pobres de la zona.

 

Peralta esperaba que el guerrillero se comunicara con él antes de iniciar el combate. Unos días antes, había recorrido las áreas aledañas al enclave de la guardia rural y conocía cuáles eran las mejores posiciones para ubicar las fuerzas rebeldes y garantizar un éxito rotundo. Lamentablemente ese encuentro no tuvo lugar y por el fondo del cuartel pudieron escapar varios guardias, apenas iniciado el combate.

 

Armando Varela era uno de los 14 soldados que habían quedado en el cuartel, bajo las órdenes del cabo Maximiliano Juvier, después de que el jefe del puesto, Pablo Armand Galafac, se fuera para Fomento a buscar refuerzos y nunca más regresara.

 

“Parece que él se olió lo que iba a pasar ese día, y como ya en el pueblo había rumores de la cercanía del Che, huyó con los guardias que más odiaba la gente del pueblo”, rememoró.

 

“La noche del 26 yo estaba en mi casa oyendo por la radio un juego de pelota entre Habana y Almendares, cuando vi el movimiento de los rebeldes y fui rápido para el cuartel.

 

“Juvier me dijo: “Valera, hoy sí hay que fajarse a los tiros.”
Cerca de las once de la noche comenzó el ataque con un bazucazo que erró en el propósito de impactar el puesto del ejército.

 

Se armó tremenda balacera, recordó años después Valera, quien hacía menos de un año se había tenido que poner uniforme militar, más por el dinero de la paga que por afinidad con el régimen de Batista. “La vida estaba difícil, y necesitaba plata para sobrevivir.”

 

“El cabo Juvier no aceptaba sacar la bandera blanca, a pesar de que quedan poquísimos defendiendo el puesto y los rebeldes estaban tirándoles mucho. A un soldado que estaba al lado mío solo alcancé a oírle un hipío.”

 

A Valera lo hirieron a las tres de la madrugada, más o menos. Tenía varias perforaciones en la cabeza y en un costado. “De pronto cayó al suelo y empezó a echar mucha sangre.” De ahí en adelante no recuerda nada más, solo que el Che lo curó y le detuvo la hemorragia.

 

Durante toda la madrugada el combate tenía en vilo a la población. Estaba a punto de aclarar y aún había resistencia desde el cuartel, ubicado en una elevación muy estratégica.

 

Al bazuquero Antonio García, el hombre del arma más grande de la columna, como bromeaba con sus compañeros, los guardias lo tenían hostigado y no lo dejaban acertar en sus disparos.

 

Entonces, el Che le dijo: “Dame acá eso”. Tomó posición, apuntó e impactó el gigantesco proyectil en una pared del cuartel. Unos minutos después, la menguada guarnición se rendía.

 

Al terminar el combate, a las cinco de la mañana, el primer hombre que entró en el cuartel fue el capitán San Luis (Eliseo Reyes Rodríguez), explicó posteriormente Juvier.

 

Al jefe interino del puesto lo conminaron a salir, y este les respondió que no, pues había dos hombres heridos. El Che los atendió al instante con sus propias manos.

 

“Eso me dejó desconcertado, porque desde el mando superior nos habían dicho que la tropa rebelde era una banda de forajidos que no tenían escrúpulos con nadie. Antes que atender a sus hombres, el jefe de la columna vencedora le prestó los primeros auxilios médicos a los míos”, recordó Juvier.

 

Toño Alé se personó en el lugar apenas finalizó el tiroteo.

 

“- Comandante, el doctor Peralta me mandó para decirle que él y su farmacia están a su total disposición.
“- Pues lléveme adonde está el médico” -respondió el Che.

 

Ambos galenos se abrazaron como si se conocieran de toda la vida y era la primera vez que se veían. El líder guerrillero quiso pagarle los servicios y Peralta le rechazó el fajo de billetes. “Esto es para la Revolución.”

 

En la toma de Güinía de Miranda, los invasores tuvieron varios heridos y dos combatientes cayeron en el combate: Alberto Cabrales y Carlos Amengual.

 

No obstante, el Che reafirmaba su convicción de que no había venido al Escambray a estériles pugnas por el poder, ni a dividir el territorio montañoso entre las distintas fuerzas alzadas. Su misión era abrir un frente unitario para ganar la guerra con la mayor brevedad posible.

 

Antes de retornar a la montaña para sepultar los cadáveres e instalar su campamento en la región central, el Comandante Guevara se dirigió a la multitud congregada para festejar la victoria: “Hay que organizar las milicias, la derrota total del régimen está cercana, ¡el triunfo definitivo es inminente, cubanos!”

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Especializado en casos de Derechos Humanos e Inmigración y a propósito de las modificaciones a la política migratoria cubana, el abogado concedió a Cubahora la siguiente entrevista…

Iroel Sánchez Espinosa Iroel Sánchez Espinosa 

José Pertierra llegó a los Estados Unidos desde Cuba a los 9 años. Obtuvo un Bachelor of Arts en Loyola University, Los Ángeles; y se graduó en leyes por la Universidad de Georgetown en Washington DC, ciudad donde reside y tiene su bufete. Como profesional se ha especializado en casos de Derechos Humanos e Inmigración. Representa al gobierno venezolano en el caso para la extradición del terrorista Luis Posada Carriles. A propósito de las modificaciones a la política migratoria cubana nos concedió la siguiente entrevista.

 

¿Qué opinión le merecen las modificaciones a la política migratoria cubana teniendo en cuenta su doble condición de emigrado cubano en Estados Unidos y jurista especializado en temas migratorios en la capital de ese país?

 

-La nueva reforma migratoria anunciada por Cuba el 16 de octubre es bienvenida por todos los cubanos. Llevábamos años esperando el anuncio.

 

Es prudente que los niños tengan que pedirle autorización a sus padres para poder salir de su casa a pasear, pero no se le debe restringir de esa manera a los adultos. Los requisitos de la tarjeta blanca y la carta de invitación son ejemplos de un paternalismo desbordado que no hacía nada más que generar un resentimiento innecesario entre la población.

 

Nadie tiene el derecho de entrar a un país extranjero. Es un privilegio poder recibir visas para visitar a otros países, pero sí tenemos el derecho de salir y volver a entrar a nuestro propio país sin tener que pedirle permiso a nadie.

 

El requisito de la Tarjeta Blanca fue una medida que ya existía desde la época de Batista y que la Revolución aprovechó para evitar la fuga del país de los esbirros de la dictadura de Fulgencio Batista. La restricción continuó como una forma de contrarrestar la politización de las leyes de inmigración de parte del gobierno de los Estados Unidos, que ha tratado por décadas de estimular la fuga de cerebros cubanos para así desestabilizar al país.

 

Sin embargo, las restricciones impuestas para poder salir del país han resultado contraproducentes para la propia Revolución, y a pesar de que Washington sigue politizando sus leyes de inmigración este paso que ha tomado Cuba es uno de principios que muestra respeto a sus ciudadanos.

 

Sin embargo, aún quedan algunos ciudadanos cubanos que necesitan pedir permiso para salir del país. Por ejemplo, los que están sujetos a proceso penal y los que tienen pendiente el cumplimiento de alguna sanción penal. Esto tiene su lógica, y es consistente con la política migratoria de la gran mayoría de los países del mundo. Una persona que tiene pendiente un proceso penal pierde el derecho a salir del país, mientras que tenga los cargos o el cumplimiento de alguna sanción penal pendiente.

 

También se les impone límites a los que están sujetos a cumplir servicio militar en el país, y personas que ejercen ciertas profesiones u oficios que la nación considera necesarias para el desarrollo económico o científico, así como para la seguridad nacional.

 

Espero que las personas afectadas por esas restricciones tengan el derecho de revisar la evidencia relacionada a su caso y que se establezca un proceso de apelación. Es importante que cualquier decisión negativa no sea ni arbitraria ni misteriosa. La apelación debiese ser un proceso transparente.

 

-¿Hay alguna medida importante que queda por anunciarse?

 

-Sí, aún quedan unas cuantas, pero ojalá pronto la Revolución permita a los balseros que salieron ilegalmente de Cuba durante el periodo especial poder regresar a su país. Decenas de miles todavía no han podido regresar a ver sus familiares. Ya han pasado 20 años desde esa ola migratoria y no es justo seguir castigando a los que decidieron irse del país en balsas en esa época.

 

Todo cubano tiene el derecho de entrar y salir de su propio país, y ese derecho debiese ser respetado por la Revolución. La manera de castigar a los ciudadanos que violan las leyes es a través de un proceso legal en Cuba, pero nunca se le debe prohibir a un cubano regresar a la patria.

 

-¿Pudiera resumir cuán diferente y cuán semejante es la emigración cubana en Estados Unidos de las de otros orígenes?

 

-El fenómeno de la emigración cubana se parece a todas las demás. Es fundamentalmente económico: los migrantes son personas que deciden emigrar para tratar de mejorar su situación económica en otro país donde quizás tengan más oportunidades para ganar un mejor salario.

 

Incluso, al principio de la Revolución los que salieron del país, alegando razones políticas, lo hicieron porque perdieron su posición privilegiada en Cuba y vieron a Miami como una mejor opción para seguir viviendo como una clase privilegiada.

 

Muchos no lo saben, pero el bloqueo impide que los deportistas, artistas y profesionales cubanos trabajen temporalmente en los Estados Unidos. Para poder ganar dinero en los Estados Unidos, los cubanos tienen que primero salir de Cuba de forma definitiva, abandonar a su país y a sus familiares, establecerse allá y entonces reciben autorización de empleo. Esa restricción solamente existe para los cubanos. La idea es estimular la fuga de talento y cerebros de Cuba.

 

El imán de la emigración es económico. La decisión de emigrar no es fácil. El emigrado tiene que dejar atrás a sus familiares, costumbres, historias compartidas, olores y sabores y vivir en suelo ajeno, mientras que trate de aprender otro idioma y tristemente ver que sus hijos, nacidos y criados fuera de la patria, carecen de cubanía.

 

-¿Cuál cree que sea la reacción del gobierno norteamericano en términos jurídicos y políticos ante el nuevo escenario que crean estas normas?

 

-La diferencia en los Estados Unidos entre el inmigrante cubano y el inmigrante de cualquier otro país del mundo es que los Estados Unidos premia a los cubanos que llegan a sus tierras y persigue a los demás. Deporta a los mexicanos, mientras que a los cubanos le regalan la Green Card (residencia permanente) y un desfile en Miami, aunque hayan ingresado ilegalmente a los Estados Unidos.

 

Los Estados Unidos tienen una política incoherente en relación al tema de la inmigración cubana. La ley de ajuste cubano estimula la emigración ilegal y riesgosa, porque premia a los que se lanzan al mar y logran llegar a terra firme estadounidense con los “pies secos”, pero esa misma ley sirve como pretexto para que la SINA le niegue las visas de visitante a la abrumadora mayoría de los cubanos que quieren viajar temporalmente a ese país.

 

Es que hay una presunción legal que rige toda solicitud de visa temporal a los Estados Unidos: se presume que los que piden visas de turismo quieren quedarse a vivir permanente en los Estados Unidos. Por eso, el solicitante tiene el peso de la prueba que va a salir del país y regresar a su casa, cuando se le vaya a vencer su estadía en los Estados Unidos.

 

Eso es lo que impide que generalmente los Estados Unidos otorguen más visas de turismo. Si a esa presunción legal le añadimos el hecho que existe una norma llamada La Ley de Ajuste Cubano—que permite que todo cubano que esté en los Estados Unidos por un año y un día pueda quedarse legalmente, incluso con autorización de empleo—no sorprende que la SINA rechace tantas solicitudes de visa de parte de cubanos. Irónicamente, la ley de ajuste cubano milita contra las posibilidades de poder viajar legalmente a los Estados Unidos.

 

Es hora de que Washington la elimine y normalice el flujo migratorio entre los dos países. Sin la Ley de Ajuste Cubano, más cubanos pudieran recibir visas para visitar a sus familiares en los Estados Unidos sin tener que arriesgarse a perder sus vidas tratando de cruzar el estrecho de la Florida en una balsa.

 

Desde hace tiempo Cuba viene flexibilizando las medidas migratorias, mientras que los Estados Unidos ha ido endureciéndolas. Quizás el Presidente Obama vea la ironía que Cuba reconozca el derecho de sus ciudadanos de visitar a los Estados Unidos, pero que Washington le siga violando el derecho de los estadounidenses de visitar a La Habana.

 

Creo que todos los cubanos de buena voluntad añoran la normalidad las medidas migratorias: de parte Cuba y también de parte de los Estados Unidos. Ahora le toca a los Estados Unidos responder a las medidas anunciadas por Cuba. El Presidente Obama debiese:

 

1. Eliminar las restricciones que impiden que los estadounidenses viajen a Cuba libremente.

 

2. Eliminar la ley de ajuste cubano y todos sus componentes, incluyendo las medidas diseñadas para seducir a los médicos cubanos con el fin de que abandonen sus responsabilidades en terceros países para emigrar a Miami.

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Entre los cubanos es popular la frase: “se quedó como el Gallo de Morón, sin plumas y cacareando”. Muchos piensan que se trata de un famoso gallo originario de Morón en la provincia de Ciego de Ávila…

Dania Leyva Fuentes Dania Leyva Fuentes

Entre los cubanos es popular la frase: “se quedó como el Gallo de Morón, sin plumas y cacareando“. Muchos piensan que se trata de un famoso gallo originario de Morón en la provincia de Ciego de Ávila.
Pues bien, el monumento a El Gallo tiene como base una historia protagonizada en la tierra sevillana, de Morón de la Frontera.
Se trata de una leyenda del siglo XVI: cuentan que era aquel un pueblo de rivalidades políticas por el nombramiento de las autoridades municipales. Un día llegó un funcionario con el propósito de calmar los ánimos y proclamó a viva voz desafiante: “Aquí no hay más gallo que yo”. Muy poco después, un grupo de desconocidos, sorprendió al atrevido intruso y le propinó una paliza inolvidable.
De ahí cuando alguien se pavonea se le dice a manera de advertencia, que lo dejaran como el gallo de Morón, sin pluma y cacareando, o a decir de la simpática coplilla: “Anda que te vas quedando/ como el gallo de Morón/ sin plumas y cacareando/ en la mejor ocasión.
La tradición se trasladó a la ciudad de Morón de Cuba, donde existía un fuerte asentamiento poblacional español, pero no fue hasta la década de 1950 que se enarboló el proyecto de erigir un monumento a un gallo criollo.
Unos mese después del Triunfo Revolucionario, el Gallo fue destruido por algunos individuos que erróneamente lo identificaron con Batista y lo que él representaba.
El pueblo no se conformó y siguió insistiendo en la reposición del símbolo local.
Así, el 2 de mayo de 1982, con la presencia de Armando Hart Dávalos, Ministro de Cultura, los moroneros reciben el nuevo Gallo, una escultura de bronce de la destacada escultora Rita Longa y la colaboración artística de Armando Alonso.
Allí está aún, acompañado por una torre-reloj y de los equipos de amplificación que reproducen el canto del ave. Una tarja develada al pie del gallo dice que este “expresa el espíritu de lucha de nuestro pueblo en la defensa de su soberanía”.
Fotos: Juan Pablo Carreras/AIN




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Escrito por Yohandry Fontana Viernes, 26 de Octubre de 2012 08:44

Eloy Gutiérrez Menoyo

En un encuentro Nación y Emigración, en La Habana, uno de los amigos de siempre me invitó a repartir entre los asistentes afiches de Fidel  Castro. Recuerdo que se hizo una larga cola en el Palacio de las Convenciones.

Nosotros entregábamos el afiche de Fidel, unos libros de la revolución y otros materiales del evento.

Agotados los documentos y posters, vi que, apresuradamente, una joven mujer se aproximaba y me pedía los materiales. Le expliqué que no habían más. Me insistió en un afiche de Fidel Castro. “Ese lo está pidiendo todo el mundo, no quedó ninguno”, recuerdo que le dije. Fue entonces cuando  se me acercó al oído y me susurró :

–    Es para el comandante Gutiérrez Menoyo. Lo quiere y me ha enviado personalmente a buscarlo.

Tomé mi afiche y se lo entregué.

Luego supe que la joven que acompañaba a Menoyo era su hija Patricia. A partir de ese momento, siempre me pregunté para qué un opositor radical a la Revolución, como lo fue Menoyo, quería un afiche de Fidel Castro.

Hoy,  bien temprano en la mañana, el  amigo de siempre me confirmó  la noticia del fallecimiento en La Habana de Eloy Gutiérrez Menoyo, en el hospital Clínico Quirúrgico Hermanos Ameijeiras, donde se atendía sus serios problemas de salud.

Yohandry Fontana

La Habana

Nota:

Eloy Gutiérrez Menoyo. Cabecilla contrarrevolucionario. Durante la lucha insurreccional en Cuba, dirigió el frente de Acción del Directorio Revolucionario y fue Comandante del Segundo Frente guerrillero en el Escambray.

Fue director militar de la organización terrorista Alpha-66 fraguando atentados piratas a barcos y lanchas pesqueras cubanas.

Ver:

Biografía de Eloy Gutiérrez Menoyo.

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Escrito por Yohandry Fontana Jueves, 11 de Octubre de 2012 12:02

Contrarrevolucionario Frank Calzón

Entre los años 1995 y 1997, Calzón dirigió el Programa de Cuba de Freedom House, a partir de los mismos métodos que se aplicaron contra los países ex socialistas de Europa del Este. Para desempeñar tal responsabilidad presentó como aval haber sido reclutado por la CIA desde muy joven.

Como parte del citado Programa, Calzón ha enviado numerosos emisarios a Cuba para diferentes misiones ilegales relacionadas con el financiamiento y abastecimiento de medios a grupúsculos contrarrevolucionarios.

En agosto de 1997, fue detenido en Cuba David Norman Dorn, activista sindical norteamericano, quien viajó como turista y entregó dinero a cabecillas contrarrevolucionarios por encargo de Frank Calzón.

Estas actividades subversivas contra la isla de Frank Calzón, a través Freedom House y el Center for a Free Cuba, han sido financiadas por el gobierno de Estados Unidos por intermedio de la Agencia para el Desarrollo Internacional de los Estados Unidos (USAID). El primer presupuesto entregado por la USAID a Freedom House lo anunció en octubre de 1995 el presidente William Clinton, por un monto de medio millón de dólares, cifra que ha ido aumentando en la medida que el gobierno de ese país ha incrementado su agresividad contra Cuba.

Frank Calzón también asistía sistemáticamente a las sesiones del Comisión de Derechos Humanos de la ONU|Comité de Derechos Humanos de la ONU, en Ginebra, donde organizaba campañas y apoyaba las resoluciones anticubanas de los Estados Unidos contra la isla.

En 1981 creó la Fundación Nacional Cubano Americana junto a Jorge Mas Canosa, Francisco José Hernández Calvo y otros emigrados de origen cubano conocidos por sus actividades terroristas contra Cuba. Ocupó el cargo de secretario ejecutivo, desde el cual se encargó de promover legislaciones contra la isla en el Congreso norteamericano, incluyendo la creación de la emisora subversiva conocida como Radio Martí.

Aquí la carta del mercenario Frank Calzon a The Washington Post:

THE WASHINGTON POST       8 de octubre de 2012      EE.UU.

Cartas al Editor

CÓMO LIBERAR A ALAN GROSS DE LA PRISIÓN CUBANA

La noticia de que Alan Gross, contratista de la Agencia de EE.UU. para el Desarrollo Internacional (USAID -según sus siglas en inglés), quien se encuentra injustamente detenido en Cuba desde 2009, podría tener cáncer no es sólo una tragedia personal [“hombre de Maryland, encarcelado en Cuba, podría tener cáncer”, noticias, 2 de octubre]. La única “ofensa “ de Gross al gobierno cubano fue tratar de suministrar una computadora portátil y un teléfono satelital a una de las pequeñas comunidades judías de la Isla.

Además de un abultamiento en el hombro que los médicos cubanos diagnosticaron de “benigno”, según se informa Gross ha bajado 100 libras. Su detención continuada y deterioro de la salud demuestran el desprecio absoluto que el gobierno cubano tiene por los derechos humanos básicos. El ofrecimiento unilateral de amistad de la administración Obama a los hermanos Castro no ha cambiado la brutal dictadura que impera en la nación.

El presidente Obama tiene en sus manos la posibilidad de poder sacar de la cárcel a Gross. Debe informar a La Habana que la paciencia de EE.UU. tiene un límite y que, hasta que Gross no sea liberado, podrían suspenderse las remesas por las que el gobierno cubano cobra grandes impuestos y de las que depende, y se eliminará la política de “pueblo a pueblo” que autoriza a los turistas norteamericanos viajar a Cuba.

Los Estados Unidos tienen la mayor misión diplomática en Cuba. Si los diplomáticos norteamericanos no pueden proteger a alguien como Gross del abuso y el maltrato, es hora de que Obama considere traerlos de vuelta.

Frank Calzon, Washington

El autor es el director ejecutivo del Centro para una Cuba Libre

Traducción: Niurka Farrat Cabrera

Nota:

Habría que preguntar a los cubanos que viven en Miami qué opinan de esta carta.

Ver:

Caso Alan Gross.

Los 5

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